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La propuesta se inclina hacia la comedia y el público respondió con carcajadas constantes durante la noche de estreno
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
La Sala de Drama René Márquez del Centro de Bellas Artes de Santurce recibió la puesta de estreno de Aquí nadie se divorcia, producción de Ulises Rodríguez y Emineh de Lourdes para Teatro Caribeño. La obra es la adaptación al español de Dinner With Friends, del dramaturgo estadounidense Donald Margulies, con traducción y adaptación de Lynnette Salas, quien ajusta el texto a nuestro contexto cultural sin perder el centro del conflicto: cómo el paso del tiempo transforma las relaciones y la manera en que entendemos el amor.
Antes de iniciar la función ocurrió un detalle poco común: no hubo programa de mano, ni impreso ni digital. En su lugar, toda la información correspondiente al equipo creativo, elenco y datos de la producción fue leída en voz alta a través del sistema de sonido. Es una práctica que no se experimenta con frecuencia en sala y resultó llamativa, marcando un inicio distinto para la velada.
La historia parte de una situación sencilla pero potente: dos matrimonios amigos enfrentan una noticia inesperada. Uno de ellos decide divorciarse, y desde ese momento la estabilidad que parecía firme comienza a fracturarse.
La estructura permite viajar entre presente y pasado, revelando cómo las relaciones se construyen y cómo evolucionan con el tiempo. La propuesta se inclina hacia la comedia y el público respondió con carcajadas constantes durante la noche de estreno. Sin embargo, bajo el humor emergen conversaciones incómodas sobre rutina, expectativas y desgaste emocional.
El elenco funciona con química y ritmo preciso. Suzette Bacó (Karen) y Jorge Castro (Gabe) construyen una pareja aparentemente estable que comienza a cuestionarse cuando la crisis ajena les sirve de espejo. Hay un elemento que el público no pasó por alto: ambos comparten una historia personal previa como matrimonio. Verlos ahora en escena interpretando una relación con gestos de cariño y complicidad provocó risas y aplausos espontáneos. Lejos de convertirse en distracción, ese detalle añadió una capa adicional de lectura que ambos manejaron con profesionalismo.






Jimmy Navarro (Tom) aporta humanidad a un personaje que toma una decisión que altera el equilibrio del grupo. Su trabajo evita caricaturas y apuesta por la naturalidad. Lizmarie Quintana (Beth), por su parte, merece mención especial. Con una trayectoria más asociada a la comedia, aquí asume un personaje con mayor carga dramática y se sale con solvencia de su zona habitual. Su interpretación combina vulnerabilidad, orgullo y humor con fluidez, manejando con precisión los cambios emocionales y sosteniendo las escenas de mayor confrontación con intensidad y credibilidad.
En el aspecto técnico, la escenografía de Miguel Rosa destaca por su versatilidad y estética limpia. La estructura abierta permite transiciones ágiles entre comedor, balcón y dormitorio mediante el uso de visuales animadas diseñadas por Joshua Méndez y un trabajo de iluminación a cargo de Lynnette Salas que refuerza los cambios temporales y emocionales sin interrumpir el flujo narrativo. La ambientación y utilería, coordinadas por Flor Marina García, complementan el espacio sin sobrecargarlo.
El vestuario de Alba Kercadó aporta una lectura clara de los saltos entre presente y pasado. Sus cambios distinguen etapas dentro de la historia y ayudan a definir el estado de cada personaje en esos distintos momentos. El maquillaje y peinados de Aren Miguel se mantienen naturales y bien integrados al conjunto, mientras que el trabajo en el cabello contribuye a marcar con claridad el “antes” y el “después” de forma sencilla y efectiva.
La dirección de Emineh de Lourdes, con la regiduría de Tania Zaí Vargas, demuestra un manejo seguro del espacio escénico y del temperamento de los personajes. Cada desplazamiento, cada pausa y cada cruce entre los protagonistas está medido para sostener la tensión y, al mismo tiempo, dejar espacio para la picardía que atraviesa el texto. La coordinación detrás de escena permite que la dinámica fluya sin interrupciones, sosteniendo el ritmo constante que equilibra la risa con la reflexión. Es justo reconocer también al equipo técnico que, con cambios precisos y fluidos en oscuro, mantiene la continuidad del montaje sin distracciones visibles.
Las funciones de este fin de semana estuvieron completamente vendidas, reflejo de la expectativa generada por la producción. La obra regresará el domingo 2 de mayo con dos funciones que ya van por la mitad en taquilla. Por el momento no hay gira programada, así que quienes quieran verla deberán aprovechar esta fecha.
