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El teatro también puede ser lo más sencillo: basta un actor y un espectador para que exista
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Cada 27 de marzo celebramos el Día Mundial del Teatro, una fecha que nos invita a aplaudir no solo lo que ocurre sobre el escenario, sino todo lo que lo hace posible. Hoy celebramos a quienes actúan, dirigen, escriben, diseñan, producen y promueven, pero también al público, que completa la experiencia, y a quienes observamos, reseñamos y compartimos estas vivencias.
El teatro es un acto colectivo, y este día nos pertenece a todos. Es también un momento para recordar a quienes ya no están físicamente, pero permanecen en la memoria de nuestras tablas, como Albert Rodríguez, Esther Mari, Carlos Ferrari, Victoria Espinosa, Dean Zayas, Álex Soto, Antonio Pantoja y muchísimos más que el espacio nos imposibilita mencionar. Estos son solo algunos de muchas primeras figuras que han dado forma a nuestro quehacer teatral.
En Puerto Rico, el teatro se vive en múltiples formas y etapas. El teatro infantil, por ejemplo, cumple una función esencial al despertar la imaginación desde edades tempranas. Propuestas como Osana y sus emociones demuestran que el escenario puede ser un espacio de aprendizaje, sensibilidad y descubrimiento emocional para los más pequeños.
El teatro escolar y estudiantil continúa ese camino, sirviendo como semillero de nuevas voces. Producciones como Anastasia, llevadas a escena por jóvenes talentos, reflejan el compromiso con la formación artística. Más adelante, en el ámbito universitario, montajes como Hamelin, del Teatro Rodante de la Universidad de Puerto Rico, evidencian que el teatro también es un espacio para cuestionar, explorar y crecer.
El teatro profesional amplía ese panorama con propuestas que conectan con públicos diversos. Montajes como el musical Chicago, presentado recientemente, reafirman la capacidad de nuestra industria para asumir grandes retos escénicos. Mientras tanto, piezas dirigidas a un público adulto, como #AsiSomos y Aquí nadie se divorcia, nos recuerdan que el teatro también puede ser un espejo crítico de nuestra sociedad.
A esto se suman los festivales, que han cobrado gran importancia en la escena local y permiten visibilizar distintas voces y estilos en un mismo espacio. Iniciativas como True Colors Fest, el Festival de la Mujer, el Festival de la Comedia y el Festival de Teatro Puertorriqueño del ICP, entre otros, demuestran la diversidad y vitalidad del teatro puertorriqueño, creando encuentros en donde el público puede experimentar múltiples propuestas en un mismo marco.
Pero el teatro no vive únicamente sobre el escenario. Detrás de cada función hay un equipo indispensable: técnicos, diseñadores, regidores, dramaturgos, relacionistas públicos y equipos de promoción que sostienen cada detalle. A esto se suma la labor de quienes documentamos y reseñamos, aportando memoria y continuidad a cada propuesta.
Y, sin embargo, en su esencia más pura, el teatro también puede ser lo más sencillo: basta un actor y un espectador para que exista. Desde un monólogo íntimo, incluso improvisado, hasta grandes producciones con elencos numerosos, todo forma parte de esta celebración. Todo cuenta. Todo suma.
Celebrar el Día Mundial del Teatro es reconocer esa diversidad y ese esfuerzo colectivo. Es valorar cada forma, cada espacio y cada historia contada. Es agradecer a quienes han construido este camino y a quienes lo siguen recorriendo.
Mirando hacia el futuro, el compromiso es claro: continuar apoyando, asistiendo y creyendo en el teatro. Que nunca falten historias, ni escenarios, ni públicos dispuestos a dejarse transformar. Y que cada 27 de marzo nos encuentre celebrando, con entusiasmo renovado, este arte que siempre encuentra la manera de seguir vivo.
