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La tonadillera ofreció una noche poderosa desde la emoción y la memoria musical en San Juan
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Julio V. Núñez, Pride Society Magazine
Hay artistas que no necesitan reinventarse para sostener un escenario. Les basta aparecer, dejar que la memoria colectiva haga su trabajo y convertir cada canción en una conversación emocional con el público. Eso fue precisamente lo que ocurrió anoche con Isabel Pantoja en el Coca-Cola Music Hall, en donde la veterana intérprete española presentó un espectáculo concebido desde la nostalgia, el dramatismo romántico y el peso histórico de un repertorio que ha acompañado generaciones durante décadas. Cinco décadas, dicho sea de paso.
Acompañada por la dirección musical de Carlos Checa, la cantante apostó por un concierto de estructura clásica y elegante junto a la Orquesta Filarmónica de Puerto Rico y un coro compuesto por cuatro voces puertorriqueñas, elementos que ayudaron a darle amplitud y solemnidad a una noche diseñada para exaltar la intensidad emocional de sus canciones.
La voz de Isabel Pantoja, tras cinco décadas de trayectoria artística, continúa siendo uno de los pilares más sólidos de su presencia escénica. Lejos de depender únicamente de la nostalgia, la cantante demostró conservar una potencia vocal respetable, capaz de sostener con firmeza tanto los momentos más íntimos como las interpretaciones de mayor intensidad dramática. Más allá del alcance o el volumen, lo que realmente sostuvo gran parte del concierto fue su dominio interpretativo: el manejo de las pausas, la intención emocional y una teatralidad cuidadosamente administrada que convirtió muchas de sus canciones en pequeñas escenas de desamor, orgullo o confesión sentimental.






El repertorio recorrió algunas de las piezas más reconocidas de su carrera, comenzando con Del olvido no me acuerdo, seguida por Buenos días tristeza y No discutamos, marcando desde temprano el tono melancólico y confesional que dominaría buena parte de la velada. Temas como Abrázame muy fuerte, Hazme tuya una vez más y Dímelo mantuvieron la conexión con un público particularmente receptivo a las baladas de desamor y entrega absoluta que han definido gran parte de la identidad artística de Pantoja.
La producción también incorporó varios bloques temáticos y potpurrís dedicados al amor y al desamor, permitiendo que el espectáculo se moviera entre distintas etapas emocionales sin perder coherencia. Más adelante, la presencia de Virgen del Rocío y la obertura orquestal de El amor eterno sirvieron como transición hacia una sección mucho más ligada a la tradición española, donde canciones como Embruja por tu querer, Feriante y Marinero de luces reforzaron el componente teatral y pasional de la noche. Sin lugar a dudas, la inclusión de varias coplas en el repertorio fue un piscolabis que el público le agradeció con creces a la famosa tonadillera.
El tramo final del concierto concentró algunos de los momentos más celebrados por la audiencia con interpretaciones de Hoy quiero confesar, Que voy a hacer contigo, Se me enamora el alma y Así fue, esta última convertida desde hace años en uno de los himnos más reconocibles dentro de su repertorio. Como detalle especial, la cantante interpretó En mi Viejo San Juan, provocando una reacción particularmente emotiva entre el público puertorriqueño presente en sala.
No pudo ser mejor el regreso de Isabel Pantoja a suelo boricua… De hecho, sin lugar a dudas esta entrega superó con creces la de hace 3 años en el Coliseo de Puerto Rico, en todos los sentidos.
Lista de canciones:
- Del olvido no me acuerdo
- Buenos días tristeza
- No discutamos
- Abrázame muy fuerte
- Hazme tuya una vez más
- Nada
- Dímelo
- Potpurrí baladas (amor y desamor)
- Hasta que se apague el sol
- Como ya no me amas
- Potpurrí
- Virgen del Rocío
- Embruja’ por tu querer
- Mi amigo
- Feriante
- Quisiera decir no
- Marinero de luces
- Pensando en ti
- Era mi vida él
- Hoy quiero confesar
- Así fue
- Se me enamora el alma
- En mi Viejo San Juan
