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Cada vez más personas buscan experimentar nuevas sensaciones durante las relaciones sexuales y eso, por sí solo, no tiene nada de malo. Lo que sí puede ser un problema es recurrir a sustancias o prácticas que aumenten el riesgo para la salud… o que te dejen explicándole al médico “lo que pasó” con cara de yo no fui.
Es por eso que la información es la mejor herramienta para disfrutar de una vida sexual responsable y reducir riesgos innecesarios.
En los últimos años, el uso de los poppers se ha vuelto más frecuente, particularmente dentro de algunos sectores de la comunidad LGBTQ+, aunque su consumo no se limita exclusivamente a este grupo. En otras palabras, esto ya salió del clóset hace rato.
Para quienes no conocen el tema, los poppers son líquidos inhalados compuestos, generalmente, por nitrito de amilo, nitrito de isobutilo o nitrito de isopropilo. Al inhalarlos producen una relajación del músculo liso, dilatan los vasos sanguíneos y generan una sensación breve de euforia y desinhibición. También pueden facilitar la relajación del esfínter anal, razón por la cual algunas personas los utilizan durante las relaciones sexuales para “que todo fluya”… literalmente.
Su presentación suele ser un frasco pequeño y, en mi opinión, ¡extremadamente caro para lo chiquito que es! Dependiendo de la marca y el tamaño, pueden costar entre $18 y $50. Básicamente, pagas como si fuera perfume de diseñador, pero sin el glamour.
Existen muchísimas marcas en el mercado y, curiosamente, en algunos establecimientos ni siquiera se utiliza la palabra “popper”. Muchas personas simplemente piden la marca específica del producto, como si estuvieran ordenando café en algún establecimiento. Quienes los venden suelen conocer bastante bien el producto, yo les llamo los “sommelier del mareo”.
Riesgos del “pote”
Aunque muchas personas piensan que son inofensivos, los poppers no están libres de riesgos. Pueden provocar una caída repentina de la presión arterial, causando mareos, desmayos e incluso lesiones por caídas. También es frecuente presentar dolor de cabeza intenso, enrojecimiento facial y aumento de la frecuencia cardíaca. Y sí… puede ser bastante incómodo tener que explicar en la sala de Emergencias que el motivo de consulta fue “un poppertazo mal calculado”.
Miramos, pero no juzgamos… mucho
En algunas personas pueden producir metahemoglobinemia, una condición poco frecuente pero potencialmente grave en la que disminuye la capacidad de la
sangre para transportar oxígeno. Cuando esto ocurre pueden aparecer labios o uñas azuladas, dificultad para respirar, debilidad extrema, confusión e incluso requerir atención médica de emergencia. O sea, el “viaje” no es precisamente el que querías.
Existe además una complicación rara conocida como maculopatía asociada a poppers, que puede ocasionar visión borrosa, dificultad para enfocar o una mancha oscura en el centro del campo visual. Otro aspecto importante es la dependencia psicológica. Algunas personas llegan a asociar el placer sexual exclusivamente con el consumo de poppers, como si el cuerpo dijera, “sin esto, yo no trabajo hoy”.
Además, bajo sus efectos algunas personas pueden disminuir la percepción del riesgo y aumentar la probabilidad de practicar sexo sin protección, lo que incrementa el riesgo de infecciones de transmisión sexual. Y después no hay popper que te resuelva eso.
Mi recomendación
Como profesional de la salud, mi responsabilidad no es juzgar las decisiones de nadie, sino ofrecer información basada en evidencia para que cada persona tome decisiones informadas, y no decisiones tomadas a 120 latidos por minuto y con el piso girando.
Si decides utilizarlos, es importante que conozcas sus riesgos. Evita mezclarlos con medicamentos para la disfunción eréctil como sildenafil (Viagra), tadalafil (Cialis) o vardenafil, ya que la combinación puede producir una caída peligrosa de la presión arterial. Tampoco los utilices si tienes enfermedades cardiovasculares importantes o antecedentes de problemas graves de presión arterial.
La decisión final siempre será personal, pero mientras más información tengas, menos probabilidades hay de que termines contando tu historia como anécdota en una sala de emergencias.
Dr. Guillermo Colón, MD
#ElDoctorDeLosRostrosUniversales
Instagram: @dr.guillermocolon
Teléfonos: 787.639.9023 / 787.639.9190
