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Denise Quiñones y Luis Obed convierten “Eurídice según Eurídice” en un viaje entre lo humano, lo divino y el derecho a escribir el propio destino
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Hay noches en el teatro en que los actores interpretan personajes y otras en que parece que los personajes se apoderan de ellos. En Eurídice según Eurídice, Denise Quiñones y Luis Obed alcanzan esa segunda dimensión: seres humanos poseídos por unos dioses que han bajado a la tierra para contar nuevamente su historia.
La producción, dirigida y producida por Edgardo Soto para Ed Soto Co., estrenó en la Sala Experimental Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce con una propuesta cercana, emotiva y sin cuarta pared. Desde el comienzo, el público se convierte en cómplice de una historia que rompe las fronteras entre realidad, mito y representación.
El texto de Alexander Wright, con música de Phil Grainger, forma parte del universo creativo desarrollado por ambos, alrededor del mito de Orfeo y Eurídice y ha tenido recorrido internacional desde su estreno en Australia en 2019. La versión que llega a Puerto Rico parte de la traducción y adaptación de Antonio Vega y Ana Graham, presentada en México en 2026.
Uno de los grandes aciertos del texto es que no necesitamos esperar a que Eurídice muera para conocerla. La encontramos desde niña, cuando decide llamarse Leni, y recorremos con ella el amor, el engaño, la alegría, el dolor y las decisiones que construyen a una mujer antes de convertirla en mito. La historia transita entre momentos divertidos y bailables y otros de profunda melancolía, en un viaje marcado por la búsqueda de identidad y libertad.
Quiñones sostiene una gran carga dramática y textual. Está casi todo el tiempo en escena transitando por distintos estados emocionales, extensos monólogos, canciones, movimiento y momentos de intensidad. Su Eurídice es terrenal antes que mitológica y ahí encuentra su fuerza. Luis Obed interpreta a Aristeo y Orfeo, diferenciándolos con cambios sencillos pero efectivos y mostrando excelente química escénica con Quiñones. Además, toca la guitarra, canta y se integra con naturalidad a una propuesta que exige mucho más que actuación.
La participación especial de Marian Pabón merece mención aparte. Son pocos minutos, pero bastan para que se adueñe del espacio. Su intervención resulta fundamental en el viaje de Eurídice. Hasta ahí podemos contar.


Ronald Benítez, director musical y músico en vivo, completa el núcleo de intérpretes desde el piano y el violín. La música está presente durante gran parte de la función y se convierte en elemento narrativo, no en mero acompañamiento.
Soto aprovecha con inteligencia la Sala Experimental. Los actores se desplazan entre los espectadores y convierten a algunos en participantes de la acción. La escenografía, el hermoso vestuario de inspiración griega y estética contemporánea, el maquillaje y la peluquería, junto a un excelente sonido, construyen un universo a la vez ancestral y moderno. Destaca la iluminación, con azules, amarillos y cambios de temperatura que acompañan los estados emocionales. La regiduría merece reconocimiento por sus transiciones limpias, precisas y fluidas.
Dentro de una dirección que funciona estupendamente, hay un detalle que merece atención. Al estar el público dispuesto a ambos lados, se percibe cierta preferencia en las posiciones de los actores hacia uno de ellos. No se necesitan imágenes idénticas, pero un mayor equilibrio permitiría que ambos sectores recibieran más momentos de frente de los intérpretes.
Fuera de ello, desplazamientos, pausas y coreografías están cuidadosamente trabajados. Por momentos, el escenario se convierte en un umbral: de un lado está lo humano; del otro, aquello que pertenece a los dioses. Y en medio camina Eurídice, descalza y con los pies sobre la tierra, decidiendo a cuál de los dos mundos quiere pertenecer. El desenlace reserva una sorpresa, tanto desde el texto como desde los efectos escénicos, que conviene descubrir sentado en la sala.


Eurídice según Eurídice toma una historia que creíamos conocer y cambia el lugar desde donde la observamos. Aquí ella no existe únicamente porque Orfeo la ama ni necesita que alguien escriba su destino. Como anuncia el programa, “ella reescribe el mito”. Después de tantos siglos, esta vez es Eurídice quien cuenta su propia historia.
La producción se presenta sábado y domingo en la Sala Experimental Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce. Una oportunidad para acercarse a un mito antiguo contado con música, humor, emoción y sensibilidad contemporánea.
