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Mientras retoma los escenarios tras seis años de ausencia, la cantante despliega en las calles de París un desfile diario de las firmas más codiciadas del mundo
PARIS, Francia
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Hay quienes hacen fila en París para verla cantar. Otros prefieren esperarla frente al Royal Monceau a esperar que salga. Casi nunca se van decepcionados. Ella sabe que la esperan y ella los complace.
Celine Dion llegó a la capital francesa el 28 de agosto y, desde entonces, cada vez que cruza la puerta del hotel en donde se hospeda durante su residencia, lo hace vestida como si fuera a desfilar en una gran pasarela. Los fotógrafos lo saben. Los fanáticos, también. Y la prensa de moda de medio mundo lleva un mes contándole los looks.
El primer aviso lo dio al bajarse del avión en Le Bourget: un trench color camel de Alaïa, asimétrico, de la última colección que Pieter Mulier diseñó para la casa, con tacones negros y gafas de aviador. Grazia no tardó en proclamarlo el abrigo del otoño.
El 1 de septiembre salió del hotel con un vestido de cuero negro de Loewe, sacado directamente del desfile otoño 2026 de Jack McCollough y Lázaro Hernández. El corpiño, drapeado como una escultura, remataba en plumas y en una cola que rozaba la acera. Afuera, un grupo de seguidores le tenía puesta Pour que tu m’aimes encore. Ella hizo lo que haría cualquiera con ese vestido y esa canción: se puso a bailar.
A partir de ahí, seguirle la pista se volvió un ejercicio de paciencia. Tom Ford. Un abrigo oversized de Givenchy el 16 de septiembre. Saint Laurent de pies a cabeza después de un día de ensayos. Dior, Bottega Veneta, Jacquemus, Phoebe Philo. El 23 le tocó a Balenciaga, con un vestido negro drapeado y accesorios en el mismo tono. Hasta una sencilla chaqueta bomber caqui, usada al salir de uno de sus conciertos, terminó en las páginas de moda.















El ritual se repite cada tarde. La gente se aglomera frente al hotel y ella se acerca, saluda, conversa. La publicación Paris Select Book ya habla del Royal Monceau como el nuevo punto de referencia de la moda en la ciudad.
Nada de esto es improvisado. Detrás de cada salida está Annie Horth, su estilista y asesora artística desde 2007, a quien los premios CAFA nombraron Estilista del Año en 2016. Su regreso al equipo coincide con esta etapa, y en Francia le dan buena parte del crédito por haber convertido a la cantante en una referencia de la moda internacional.
Pero sería injusto reducir todo esto a un inventario de marcas. Dion estuvo seis años lejos de los escenarios. Tras ser diagnosticada con el síndrome de la persona rígida, tuvo que cancelar el Courage World Tour y desaparecer de la vida pública por largas temporadas. El pasado 30 de marzo, el día en que cumplió 58 años, anunció su regreso: 16 conciertos en la Paris La Défense Arena entre el 12 de septiembre y el 17 de octubre, y otros diez en 2027. “Estoy manejando mi salud, me siento bien, estoy cantando otra vez”, dijo entonces.
Quien la siguió en 2019, cuando se paseaba por la Semana de la Alta Costura con leotardos de Off-White y tutús, sabe que Celine nunca le ha tenido miedo a arriesgarse con la ropa. Lo distinto ahora es lo que cada salida dice sin necesidad de palabras. Para una comunidad que lleva décadas cantando sus baladas a todo pulmón, verla de pie en esa acera, bailando con sus fans entre cuero y plumas, tiene muy poco de frívolo. Es, sencillamente, la confirmación de que volvió.
