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El Teatro Rodante Universitario celebra ocho décadas con “Amores, bobos y ladrones”, una comedia que combina clásicos españoles y humor boricua
RÍO PIEDRAS, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
El Teatro Rodante Universitario, adscrito al Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, celebra sus 80 años de historia. Fundado en 1946, continúa renovando el talento y la pasión por las artes escénicas. El Departamento de Drama está dirigido por el Dr. Nicolás Luzzi.
Su nueva producción, Amores, bobos y ladrones, parte de Fiesta de farsantes: El gran teatro del mundo, una recopilación de pasos y entremeses de Lope de Rueda, Miguel de Cervantes y Jacinto Benavente, adaptada por José Luis Alonso de Santos. Bajo la dirección de Israel Franco-Müller, el montaje reúne cinco historias independientes, conectadas mediante la música y una ingeniosa adaptación. Combina la picardía del teatro clásico español con el humor y las expresiones de Puerto Rico. El resultado es una propuesta alegre y dinámica que provoca risas sin recurrir al humor ofensivo.
Uno de sus mayores aciertos es la adaptación. Las referencias a situaciones cotidianas, las críticas al gobierno, los problemas que enfrenta la Universidad y las dificultades de quienes se dedican al teatro aparecen integradas con naturalidad. Incluso asuntos como la falta de agua y las sequías encuentran paralelismos entre las épocas representadas y nuestra realidad. La figura del ladrón también trasciende su contexto original para adquirir una vigencia que el público reconoce. La picardía y los juegos de palabras aportan sabor local sin restarle frescura a los textos originales.
El elenco está integrado por Paola M. Tirado Cardona, Yakira Gavillán Berríos, Mariana I. Domenech Montañez, Julio A. Ferrao Coreano, Sebastián Frontera del Valle, Moraima L. Díaz Soto, Lorenzo E. Muñiz Viera, Ana C. Ferrer Almodóvar y Elena González Rodríguez. Los intérpretes demuestran versatilidad al asumir distintos personajes. Cada transformación exige cambios de vestuario, actitud, expresión corporal y manera de hablar, retos que enfrentan con seguridad y naturalidad.
Resulta difícil señalar quién sobresalió por encima de los demás. El trabajo actoral fue extraordinariamente parejo y cada integrante tuvo su momento para brillar. La química y complicidad entre ellos, fruto de su formación y experiencias compartidas, se refleja en la fluidez de las escenas y en la precisión de sus intervenciones.
En ese resultado sobresale la dirección de Franco-Müller. Su capacidad para identificar las fortalezas de cada intérprete y aprovecharlas en beneficio del conjunto se percibe de principio a fin. Consigue que cada personaje tenga identidad propia sin perder la cohesión, el ritmo ni la energía de la puesta en escena.




La música constituye otro de los elementos destacados. Elena González Rodríguez acompaña la representación con su guitarra y se integra al elenco en algunos momentos. Las canciones no son simples interrupciones: sus letras anticipan situaciones y sirven de puente entre unas historias y otras.
La cercanía entre actores y espectadores crea una experiencia participativa. Los personajes conversan con el público, reaccionan a su presencia e incorporan referencias espontáneas que aumentan la complicidad y provocan carcajadas. La disposición de los asientos sobre el escenario permite disfrutar la representación desde una proximidad poco habitual.
El vestuario, colorido y funcional, facilita los cambios de personajes. La iluminación acompaña acertadamente los distintos ambientes. La escenografía, aparentemente sencilla, reserva momentos de creatividad y sorpresa que merecen descubrirse durante la función. Estos elementos reflejan el trabajo de un equipo docente que acompaña la formación de los estudiantes.
La noche de estreno estuvo marcada por un ambiente festivo, con una sala llena de familiares, estudiantes y personas vinculadas al quehacer universitario. Las risas y respuestas del público acompañaron una función que también celebró la permanencia de esta institución.
Ochenta años después, el Teatro Rodante Universitario demuestra que su mayor riqueza sigue siendo el encuentro entre la experiencia de sus maestros y la energía de nuevas generaciones. Amores, bobos y ladrones celebra el oficio teatral, la creatividad colectiva y una juventud artística que promete dejar mucho de qué hablar.
La producción continuará en el Teatro de la UPR, Recinto de Río Piedras, el sábado 31 de octubre a las 8:00 p. m.; domingo 1 de noviembre a las 4:00 p. m.; miércoles 4 a las 11:30 a. m.; jueves 5 y sábado 7 a las 8:00 p. m.; y domingo 8 a las 4:00 p. m. Los boletos pueden adquirirse directamente en el teatro.

