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Porque una mayoría legislativa puede cambiar en una noche. Las condiciones de vida de millones de personas requieren decisiones sostenidas, recursos y voluntad de responder a sus necesidades
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Rev. Ignacio Estrada C. Pride Society Magazine
Estados Unidos amanece este miércoles con un nuevo escenario político. Las elecciones de medio término han cambiado el equilibrio de poder en Washington. Los demócratas recuperaron el control del Senado y también la mayoría en la Cámara de Representantes. Para el presidente Donald Trump, los resultados representan un cambio significativo en las condiciones bajo las cuales deberá gobernar durante los próximos dos años.
Sin embargo, sería un error reducir lo ocurrido a una simple victoria demócrata o derrota republicana. Detrás de los resultados hay millones de ciudadanos que acudieron a votar preocupados por su economía, el costo de los alimentos, el acceso a los servicios médicos, la corrupción gubernamental y el rumbo que ha tomado el país.
Según una encuesta electoral de Associated Press, aproximadamente ocho de cada diez votantes afirmaron que la inflación había provocado dificultades económicas moderadas o graves en sus hogares. El descontento con la situación nacional también fue considerable.
Estos datos ayudan a comprender el ambiente en que se desarrollaron las elecciones. Pero hay otra realidad que merece particular atención.
¿Qué significan estos resultados para las comunidades que han experimentado mayores dificultades bajo las políticas de la actual administración?
Pensemos en las familias inmigrantes que viven pendientes de posibles operativos migratorios, en quienes temen ser separados de sus seres queridos y en las personas que sienten que su seguridad depende de decisiones tomadas a cientos de kilómetros de sus hogares.
Pensemos también en las personas trans, las comunidades racializadas, los adultos mayores, las familias de escasos recursos y quienes necesitan programas de asistencia para cubrir sus necesidades básicas. Para estos sectores, la política no termina cuando se anuncian los resultados electorales. Sus consecuencias se manifiestan en el acceso a la salud, la vivienda, el empleo y las protecciones legales.
La recuperación del Senado por los demócratas abre una nueva etapa de fiscalización y negociación política. La administración Trump tendrá que enfrentar una cámara legislativa controlada por la oposición, con capacidad para examinar nombramientos, investigar actuaciones gubernamentales y ejercer influencia sobre determinadas decisiones federales.
Pero conviene mantener las expectativas dentro de la realidad institucional. Ganar una mayoría no significa que las políticas puedan modificarse inmediatamente. Existen procedimientos legislativos, negociaciones presupuestarias, posibles vetos presidenciales y decisiones judiciales que también determinan el alcance de cualquier cambio.
Tampoco podemos interpretar que todos los electores votaron por las mismas razones. Algunos expresaron su preocupación por la economía; otros, por la inmigración, la seguridad nacional o la actuación de sus representantes. Las elecciones reúnen distintas preocupaciones y no constituyen un mandato uniforme sobre cada asunto público.
Puerto Rico merece una consideración particular. Aunque sus residentes no eligen senadores federales ni representantes con voto pleno en el Congreso, las decisiones tomadas en Washington repercuten directamente sobre nuestra economía, los servicios públicos, las políticas migratorias y los programas de asistencia. Somos parte de las consecuencias de un proceso electoral en el que nuestra participación está limitada.
Durante las campañas escuchamos constantemente hablar de encuestas, porcentajes y márgenes de error. Se calculan tendencias y se intenta anticipar el comportamiento del electorado. Pero ninguna estadística debe hacernos olvidar el valor de la participación ciudadana.
Nunca permitas que te hagan creer que tu voto está dentro del margen de error. Ninguna persona es insignificante en una democracia.
La participación electoral es una responsabilidad ciudadana que continúa después de cerrar los colegios. También implica exigir explicaciones, examinar las decisiones de quienes gobiernan y reclamar que las instituciones respondan a las necesidades de la población.
La noche del 3 de noviembre modificó la composición del poder político estadounidense. A partir de enero comenzará una nueva etapa en el Congreso, y será entonces cuando podamos evaluar el alcance práctico de estos resultados.
Porque una mayoría legislativa puede cambiar en una noche. Las condiciones de vida de millones de personas requieren decisiones sostenidas, recursos y voluntad de responder a sus necesidades.
Las urnas hablaron. Ahora corresponde observar quiénes serán escuchados.
