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¿No les pasa que cuando se van de vacaciones y se acerca el momento de regresar, ya uno empieza a sentirse con ganas de llegar a casa? La cama, las mascotas, el calorcito de nuestra isla, el bullicio… En fin, todo. Y uno como que va preparando al cerebro para el inminente regreso a la realidad. Así decimos: “la realidad”.
Esta vez, por primera vez, no me siento con ganas de regresar. No me nace volver a esa realidad en Puerto Rico, que se ha convertido en algo delirante para mi mente. ¡Puerto Rico está c@brn! Pero la palabra “c@brn” puede tener dos connotaciones, dependiendo de cómo se mire. Está c@brn porque es un país isleño único. Su gente buena, trabajadora, y un clima envidiable hacen que uno se encariñe con esta perla flotando en el Caribe. Aunque otros nos hayan visto como un piece of trash floating. Inaceptable. También c@brn puede tener un tono más fuerte, irritante, pesado, lleno de furia, si lo llevamos al contexto de lo que sucede actualmente en el país.
Tan cerca como los famosos cien días de la gobernante o gobernanta
Y es que Pe Erre se ha convertido en un cine gigante de burlas de los políticos, insultos, crímenes y un modo de vivir insostenible que no es apto para menores (PR: Adults Only). Encabezado por la primera figura política
del país, al timón, Puerto Rico es ahora una balsa flotante sin dirección.
JGo no solo está mutilando el país con embustes, garatas y malas decisiones, sino que lo está desmembrando.
Su insistencia y prepotencia, paralelas a las del presidente norteamericano, han llevado al país a un punto de incredulidad: un gobierno fatídico lleno de improvisación y falta de ética que solo estimula el vandalismo social. Un país donde sus líderes apuestan a la xenofobia, la homofobia y la aniquilación mental del colectivo puertorriqueño.
Baños inclusivos que reconocen la diversidad de género son rechazados por un gobierno que insiste en imponer una visión binaria: “nenes” por un lado y “nenas” por el otro. Leyes de libertad religiosa desunificadoras, alzas en los precios, apagones a tutiplén… Ese es el gobierno actual en un país donde muchas personas prefieren vivir en su propio anonimato para no darse cuenta de lo que está pasando.
Alejados unos de los otros por miedo. ¿Apartheid boricua?
No me comparo con ningún otro país. Me comparo con la historia y los derechos humanos. Me comparo con lo que merezco porque trabajo y aporto al día a día. Me comparo con la realidad que debería existir a mi
alrededor.
Me atan muchas razones para volver físicamente: mi trabajo, que es un apostolado a la salud; parte de mi familia; mis dos perras; un pájaro; y un cariño inmenso por mi entorno y lo que hago. Pero mentalmente, esta vez, me susurran en los oídos notas de concierto plano, sin timbre ni letra. Es cansancio mental. Es también el riesgo de que, al entrar de nuevo, no pueda combatir la necedad de un gobierno con una plataforma insostenible y sin principios ni valores. Seguir viendo una película muerta.
Me cobijaré en mis poemas, letras, ideas y trabajos hasta ver venir la próxima.
Puerto Rico está c@br*n. Ya lo dijo Bad Bunny…
