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Es una obra que combina talento, emociones intensas y crítica social en cada escena
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Ilia Ballester, para Pride Society Magazine
La Sala Experimental del Centro de Bellas Artes de Santurce se engalanó durante este fin de semana con el estreno de la comedia Dos locas de remate. Esta obra fue escrita por el dramaturgo español Ramón Pasó y producida por el productor Julián Gilormini de Nueva Escena PR. Ricardo André Lugo fue el encargado de adaptar el libreto a la realidad actual de Puerto Rico para las actrices Tita Guerrero y Marian Pabón.
El texto de la pieza explora temas relacionados con la violencia intrafamiliar, la normalización del maltrato, la negación de los diagnósticos de salud mental y la racionalización que viven las personas que constantemente se exponen a convivir en el disturbio, así como la necesidad de crear una fantasía u otro final ante la cruel realidad que, en ocasiones, nos lanza el destino. En cuanto a las adaptaciones, se desprende una crítica de un sistema de salud quebrantado, de una sociedad criminalizada y de la apatía ante las necesidades del otro, sin importar si se trata de familia o empleado.
Tita Guerrero encarna a Julia, la protagonista, una mujer que padece un trastorno obsesivo-compulsivo y condición de salud mental. Dentro de las particularidades de su personaje, sufre episodios de neurosis que camufla muy bien, pretendiendo una vida perfecta: mantiene un apartamento impecable, sus finanzas al día y tiene la extraña costumbre de tocar su violín desafinado al amanecer. Tita Guerrero tuvo una dicción impecable y buena proyección. Aceptó el reto de protagonizar un personaje de drama dentro de una comedia, algo fuera de su zona de confort y, a su vez, logrado.
Se nota la complicidad y la confianza que tiene con Marian Pabón. Se percibió el trabajo físico que tuvieron que realizar para que todo el movimiento corporal y el cuerpo experimental concordara con las exigencias de su personaje. El personaje de Julia simboliza el resultado de una crianza con apego, maltrato y toxicidad. Es la mujer que tuvo que parirse sola, aprender a subsistir dejando todo atrás y pagando porque todo se lo hicieran, y es por esto que “Otata Austmeche”, su sirvienta, es un ser tan importante para ella: dentro de todo juega un papel de madre o de ser que, aunque sea su empleada, le limita en su desarrollo e independencia. Dentro de Julia aún vive una niña que no ha sanado.
Marian Pabón caracterizó a Catalina, quien un día decide tocar la puerta de su hermana tras un desahucio sumario, un largo proceso de pérdidas y episodios injustos a lo largo de su vida. El personaje de Catalina representa a la hija abnegada, la salvadora, la que siempre estaba al frente de batalla y a quien la vida mantuvo apagando fuegos en constante estado de alerta. Ese mismo furor no le permitió sanar del todo, responsabilizarse de su bienestar ni continuar reforzando su autoconcepto y su experiencia ante el rechazo, para no tener que regresar a espacios en donde no es bien recibida o valorada.
Marian merece una ovación de pie. Tiene gran dominio de la comedia, demostrado en sus caracterizaciones, entradas, salidas, excelente dominio escénico, movimiento corporal, improvisaciones, genialidad y gestualidad. Logró cautivar a toda la audiencia y demostró control de complejidad en cuanto a parlamentos, movimientos y dramatizaciones sumamente creíbles.

La escenografía estuvo a cargo de Miguel Rosa López, quien tuvo un rol muy atinado al momento de elegir la carta de colores, ya que nos transportó a los apartamentos de Condado o Miramar, inspirando un ambiente tropical ochentoso con ciertas adaptaciones a la modernidad.
Desde el inicio de la obra se notó la calidad y el trabajo del sonidista Ronald Benítez, ya que no hubo errores en esta parte. ¡Bravo por las luces de Miguel Rosa López! El público se transportó por medio de sus melodías clásicas, tan bien sincronizadas con las emociones y la anticipación de los actos.
El maquillaje y el peinado estuvieron a cargo de Ricardo Diadoné, maquillador profesional quien, por años, ha logrado que nuestros artistas proyecten con los tonos adecuados ante la iluminación seleccionada. El peinado estuvo bien logrado y fue práctico ante todo el movimiento de los personajes.
La obra contó con efectos especiales, tales como transiciones combinadas con el sonido que indicaban la noche y el día. Las actrices marcaban la clave con aplausos para el uso de las luces dentro del departamento, creando así un ambiente más realista.
La sala estuvo llena a capacidad, como era de esperarse ante dos veteranas y querendonas del teatro puertorriqueño.
La utilería, por Génesis Ramírez, cumplió con el objetivo principal de orden, impecabilidad, practicidad y elementos que se pueden romper y componer de forma rápida según los criterios de cada personaje de la pieza. ¡Bravo por el vestuarista Kevin M. Ríos Matos, encargado de puntualizar y darle fuerza a ambos personajes con el uso de la paleta de colores rojo, gris y rosado!
Felicito al director Edgardo Soto y a su asistente El Omar por darle visión a un proyecto tan pertinente para todos: urge sensibilizar, parar y cuestionar hasta qué punto seguiremos repitiendo patrones de violencia, maltrato, desequilibrio y desconexión del control de nuestras emociones.
El próximo sábado 11 de octubre a las 8:00 p.m. y domingo 12 de octubre a las 6:00 p.m. se estará presentando en el Teatro Yagüez en Mayagüez. Boletos en Ticketera.
