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Un repaso histórico y un llamado urgente desde Puerto Rico
SAN JUAN, Puerto Rico
Redacción PSM
Las llamadas “terapias de conversión”, prácticas destinadas a cambiar la orientación sexual o identidad de género de una persona, siguen vigentes en distintas partes del mundo a pesar de décadas de denuncias, evidencia científica y miles de sobrevivientes que han narrado sus secuelas físicas y emocionales. Aunque se presentan bajo disfraces de “consejería”, “acompañamiento espiritual” o “procesos de corrección”, todas comparten lo mismo: son abusivas, dañinas y contrarias a los derechos humanos.
En Puerto Rico, donde la comunidad LGBTQ+ continúa enfrentando discursos fundamentalistas y ataques coordinados desde sectores políticos y religiosos, el reclamo por prohibir de forma absoluta estas prácticas tiene especial resonancia. La Isla vivió debates intensos entre 2019 y 2022 sobre una posible prohibición, pero sin que la Legislatura culminara el proceso, dejando al país sin una ley clara que proteja a menores y adultos de estas intervenciones dañinas. Mientras tanto, organizaciones locales de apoyo psicosocial y sobrevivientes siguen denunciando casos que ocurren en espacios privados, religiosos o no regulados.
A escala global, la llamada terapia de conversión ha cambiado de tácticas, pero no de intención. Hoy, más que electrochoques o métodos aversivos abiertos, se practica mediante discursos disfrazados de guía moral, supuesta sanación interior o “procesos para corregir la identidad”, especialmente dirigidos a jóvenes trans.
Un recorrido histórico de violencia disfrazada de “cura”
El origen documentado de estas prácticas se remonta al siglo XIX. En Alemania, hacia 1889, el psiquiatra Albert Von Schrenck-Notzing afirmaba que podía “corregir” la homosexualidad mediante hipnosis. En Estados Unidos, médicos como Graeme Hammond y Denslow Lewis propusieron desde teorías absurdas hasta intervenciones quirúrgicas que hoy se consideran tortura.
Durante el régimen nazi, miles de hombres homosexuales fueron encarcelados y sometidos a experimentos médicos. Décadas más tarde, ya en 1962, el psicólogo británico Ian Oswald aplicó tratamientos de aversión que incluían medicamentos que inducían vómitos, privación del sueño y exposición forzada a estímulos sexuales como intento de “cambiar” la orientación de sus pacientes.
En 1973, la Asociación Psiquiátrica Estadounidense eliminó la homosexualidad de su Manual Diagnóstico, un hito que marcó un cambio cultural significativo. Aun así, la práctica continuó bajo otros nombres. En el Reino Unido, la derogación completa de la Sección 28 —que prohibía la “promoción” de la homosexualidad en escuelas— no llegó hasta 2000 y 2003. Hoy, aunque varios países han prohibido estas prácticas, siguen siendo legales en el Reino Unido y en amplias zonas de Estados Unidos.
Las formas contemporáneas de “terapia de conversión” suelen esconderse en consejerías religiosas, programas de “pureza”, círculos de oración coercitivos o espacios pseudoterapéuticos sin formación profesional. Todas tienen en común el mismo objetivo: negar la validez de las identidades LGBTQ+.
Voces de sobrevivientes: el daño que continúa
Blair Anderson, sobreviviente en Escocia, ha denunciado públicamente el silencio forzado que vivió. “La terapia de conversión te aísla, te sofoca. Te hace creer que tu historia no vale la pena ser contada”, declaró a GAY TIMES. Anderson creció en un entorno religioso donde ser gay era considerado un pecado. No entendió que había sido víctima de terapia de conversión hasta que pudo salir de su hogar.
El canadiense Luke Wilson describe su experiencia como un proceso de vigilancia constante sobre su conducta, su voz y sus gestos. Afirma que estas prácticas buscan la eliminación de la expresión queer, algo que califica como “una intención genocida”.
Sus testimonios coinciden en algo: sobrevivir es apenas el comienzo de un proceso de reconstrucción emocional que puede tardar años.

Dónde queda Puerto Rico en esta conversación
En Puerto Rico, el tema ha sido un campo de batalla legislativo y social. A pesar de intentos previos, como la Orden Ejecutiva 2019-013 que prohibía la terapia de conversión para menores en instituciones gubernamentales, la Isla no cuenta con una ley que prohíba estas prácticas de forma abarcadora y permanente.
Esto significa que:
- continúan siendo posibles en espacios privados y religiosos,
- no hay mecanismos de fiscalización reales,
- no existen rutas claras de denuncia específicas para sobrevivientes,
- y el Estado carece de estadísticas oficiales sobre su prevalencia.
Organizaciones de derechos humanos en Puerto Rico han documentado casos recientes en los que jóvenes fueron presionados a “corregir” su identidad o su orientación sexual, particularmente en contextos religiosos conservadores. Mientras tanto, grupos fundamentalistas siguen utilizando discursos que normalizan estas prácticas bajo el lenguaje de “acompañamiento espiritual”.
El llamado desde la comunidad LGBTQ+ en la Isla es claro: la prohibición absoluta es necesaria, urgente y pendiente.
Datos esenciales sobre la “terapia de conversión”
📌 El 88% del público en el Reino Unido apoya una prohibición total.
📌 Más de 698,000 personas en Estados Unidos han sido sometidas a estas prácticas.
📌 En la Encuesta Nacional LGBT 2017 del Reino Unido, 1 de cada 20 personas LGBTQ+ recibió ofertas de terapia de conversión.
📌 La terapia de conversión sigue siendo legal en el Reino Unido y gran parte de Estados Unidos.
📌 En Puerto Rico no existe una ley que la prohíba completamente.
📌 Las principales organizaciones de salud mental del mundo coinciden: no funciona y causa daño severo.
📌 Las prácticas actuales se disfrazan como consejería espiritual, procesos de “sanación” o apoyo religioso coercitivo.
