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La obra que Jonathan Larson escribió antes de Rent convierte su propia crisis ante los 30 en una reflexión sobre crear, renunciar y seguir adelante
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
¿Qué hemos logrado con nuestra vida? La pregunta parece sencilla hasta que llega uno de esos momentos en que cambia el primer número de nuestra edad. A los 30, a los 40 o a los 50, volvemos a mirar hacia atrás y a preguntarnos si estamos donde alguna vez pensamos que estaríamos. El tiempo avanza mientras nosotros seguimos tratando de alcanzar nuestros sueños.
De esa inquietud profundamente humana nace Tick, Tick… Boom!, el musical semiautobiográfico de Jonathan Larson, creador de Rent. Jon está a punto de cumplir 30 años y persigue el sueño de convertirse en un compositor reconocido en Nueva York mientras contempla cómo quienes lo rodean parecen tomar caminos más seguros. El reloj corre y, con cada tick, aparece nuevamente la pregunta: ¿hasta cuándo perseguir un sueño?
La pieza nació en 1990 como un monólogo rock interpretado por el propio Larson y, tras su muerte, David Auburn la adaptó para tres actores, formato que estrenó Off-Broadway en 2001. Ahora Tick, Tick… Boom! estrenó en Puerto Rico con una propuesta que vuelve a expandir su formato al incorporar un ensamble de cuatro intérpretes.
La producción, bajo la dirección escénica de Miguel Rosa-López para Encanto Productions, toma ese conflicto y lo convierte en una experiencia inmersiva que comienza tan pronto entras en la sala. El público no llega simplemente a observar. Desde la entrada es invitado a formar parte de un universo que remite al Nueva York de los artistas, las audiciones y quienes siguen apostando por crear. Contar más sería adelantarte algunas de las sorpresas que mereces descubrir cuando vayas a verla.
Tuve la oportunidad de presenciar el ensayo general, realizado con público invitado. Hubiera sido imperdonable perdérmela, particularmente en un montaje donde la audiencia tiene una participación que va más allá de mirar desde la butaca.
Gustavo Rosa encabeza el elenco junto a Yarel Padilla y Melanie Marantes, quienes asumen los personajes principales de esta historia. A ellos se suma un ensamble compuesto por Alejandra Reyes, Ian Cortina, Kimberly Torres y Brian Márquez. Todo el elenco se entrega por completo a un montaje exigente tanto en lo físico como en lo vocal, con una energía que sostiene el ritmo de principio a fin. La incorporación del ensamble amplía las posibilidades del montaje y aporta movimiento, voces y presencia a un espacio que se transforma constantemente sin apartar el foco del conflicto de Jon.








Uno de los grandes aciertos está en la música. Una banda de cuatro músicos interpreta en vivo temas marcados por el rock, unas veces enérgicos y otras más íntimos, mientras las voces responden con fuerza a las exigencias del material. El trabajo vocal resulta notable, al igual que unas coreografías que aprovechan la cercanía entre intérpretes y espectadores.
Visualmente, la producción alcanza momentos extraordinarios. La escenografía es cambiante y funcional, mientras la iluminación se convierte prácticamente en otro lenguaje narrativo. Colores, sombras, haces de luz y cambios constantes modifican la atmósfera y acompañan las emociones. Lo verdaderamente importante es que el espectador no percibe la maquinaria, solo ve cómo el espacio cobra vida.
Detrás de todo permanece Larson. Saber lo que ocurriría después con Rent y conocer el destino de su creador inevitablemente añade otra dimensión a una historia sobre el miedo a que el tiempo se termine antes de alcanzar aquello que soñamos. Pero Tick, Tick… Boom! no se queda en la angustia. También habla de amistad, amor, decisiones, pérdidas y de esa necesidad casi inexplicable de continuar creando.
Quizás por eso sales del teatro pensando menos en lo que no has logrado y un poco más en todo lo que todavía se puede hacer.
Esta producción tiene cinco funciones: hoy sábado 5 de septiembre a las 8:00 p. m., mañana domingo a las 4:00 p. m., y viernes 11 y sábado 12 a las 8:00 p. m. No voy a revelar sus sorpresas. Hay momentos que funcionan precisamente porque uno no sabe qué va a ocurrir.

