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La normalización de la pérdida de conciencia preocupa ante el uso de GHB/GBL en contextos de “chemsex” y “Party and Play”
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Víctor H. Navas, para Pride Society Magazine
Lo has visto o has escuchado que pasa: alguien consume G en medio de la fiesta, empieza a perder el equilibrio, deja de responder y termina inconsciente. Y entonces alguien dice lo de siempre: se pasó un poco, déjalo dormir, en un rato se levanta. El problema es que puede que no esté durmiendo.
Esa es la advertencia que el asistente médico Jake Collins, especializado en salud LGBTQ+, ha estado repitiendo en sus redes sociales. Collins habla del consumo de G —el nombre con el que se conoce comúnmente al GHB y sustancias relacionadas como el GBL— y apunta directo a algo que ha normalizado su propia comunidad: tratar la pérdida de conciencia como parte del plan de la noche.
El GHB es un depresor del sistema nervioso central. En dosis bajas puede generar euforia, desinhibición, relajación y sensaciones más intensas —de ahí, en parte, su presencia en contextos sexuales—. Pero el mismo efecto que busca esa euforia, en dosis más altas, empuja hacia otro lado: pérdida de conciencia, respiración que se hace lenta, convulsiones, coma. Incluso la muerte.
Y ahí está el problema real: la distancia entre “sentirse bien” y “perder el conocimiento” puede ser mínima.
“Usar G no es un juego de adivinanzas”, dice Collins en su video. Insiste en que no existe una dosis universalmente segura, y que la concentración del producto, la cantidad que se consume y si hay otras sustancias de por medio pueden cambiarlo todo de un momento a otro.
La San Francisco AIDS Foundation coincide: el margen entre la dosis que produce el efecto buscado y la que se vuelve peligrosa es particularmente estrecho. Y cuando el G se consume en forma líquida —que es como suele circular— muchas veces ni siquiera sabes cuál es la concentración real de lo que te estás tomando.
Ese riesgo se dispara si lo combinas con alcohol, benzodiacepinas u otros depresores del sistema nervioso central. Health Canada advierte que esas mezclas pueden potenciar la depresión respiratoria y elevar considerablemente el riesgo de una sobredosis mortal.
Una práctica ligada al chemsex
Esta conversación importa particularmente para las comunidades LGBTQ+ porque el GHB/GBL es una de las sustancias asociadas al chemsex o Party and Play (PnP): el consumo intencional de ciertas drogas antes o durante encuentros sexuales.
Un análisis publicado en febrero de 2026 en Harm Reduction Journal ubica al GHB/GBL, junto con la metanfetamina y las catinonas sintéticas, entre las sustancias más asociadas al chemsex entre hombres gay, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres. Los investigadores advierten algo preocupante: el riesgo de sobredosis en estos contextos sigue mal estudiado, y el estigma es parte del problema, porque dificulta conocer su verdadera magnitud.
Los números anteriores ya apuntaban en esa dirección. Un análisis de más de 30,000 hombres que tienen sexo con hombres encontró que 10.3% había usado alguna droga vinculada al chemsex en el año anterior; de ese grupo, 21.7% reportó haber consumido GHB.
Nada de esto convierte el chemsex en una conducta “propia” de los hombres gay, ni reduce el consumo de sustancias a la orientación sexual. Lo que sí exige es hablar del tema desde la realidad de las comunidades en donde estas prácticas existen —sin moralismos, pero también sin esconder los riesgos.
“Déjalo dormir” puede ser la decisión equivocada
Este es, quizás, el punto central de todo lo que dice Collins: si alguien pierde el conocimiento después de consumir G, no lo mandes a dormir a un cuarto para que “se le pase”.
Las guías de reducción de daños son claras en esto. Si tienes a alguien inconsciente que no responde, estás ante una emergencia. Esto es lo que hay que hacer: pide ayuda médica, colócalo de lado en posición de recuperación para reducir el riesgo de que aspire vómito, vigila su respiración y quédate con esa persona hasta que llegue la ayuda.
La San Francisco AIDS Foundation también lo dice sin rodeos: perder el conocimiento tras consumir G es relativamente común cuando se usa demasiado, sobre todo combinado con alcohol u otros depresores. Pero que sea común no significa que sea inofensivo. Una persona inconsciente y sin respuesta necesita atención médica. Punto.
Y ahí está la diferencia que Collins intenta poner sobre la mesa: haber visto muchas veces a alguien “irse” con G puede hacer que la escena deje de asustarte. El cuerpo, sin embargo, no comparte esa familiaridad. Que algo se vuelva rutina no hace que deje de ser una emergencia.
Collins no habla desde afuera. Es asistente médico, tiene maestría en Salud Pública y experiencia en atención primaria, prevención del VIH, salud sexual y cuidado de pacientes LGBTQ+. Actualmente ejerce en West Hollywood, en Haven Health, una práctica dirigida específicamente a esa población.
Quizás por eso su mensaje se aleja del sermón que acompañó durante décadas tantas campañas sobre drogas y sexualidad. La reducción de daños parte de una premisa distinta: hay personas que van a consumir, así se les diga que no lo hagan. La pregunta que realmente importa es otra: qué información puede evitar que una noche termine en una llamada al 911 —o en un funeral.
📌 Chemsex y Party and Play (PnP)
Chemsex: uso intencional de drogas antes o durante encuentros sexuales para intensificar o prolongar la experiencia. Se asocia particularmente con sustancias como GHB/GBL, metanfetamina y catinonas sintéticas.
Party and Play (PnP): expresión utilizada principalmente en Estados Unidos y Canadá para referirse al sexo acompañado del consumo de drogas. Aunque suele emplearse como equivalente de chemsex, los términos surgieron en contextos distintos.
(Ambos conceptos aparecen con frecuencia al hablar de hombres gay, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres, pero no describen prácticas exclusivas de estas poblaciones).
