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Sexo, desinhibición y metanfetamina… una nota que puede salir demasiado cara
Hoy día las prácticas sexuales parecen venir con más accesorios que el nuevo iPhone 18. Ya no basta con que te viren como media y te tiren para donde les dé la gana; ahora también hay quienes incorporan sustancias al acto sexual que pueden convertir una noche de pasión en una situación bastante más peligrosa de lo que parecía cuando empezó.
Tan peligrosa que puedes terminar en la cama de un desconocido… o, peor aún, en casa de un conocido con otros veinte desconocidos y preguntándote al otro día: “¿Cómo yo llegué aquí?”. Y todo esto en muchas ocasiones es por culpa de tina. Pero, ¿qué demontres es tina? No, mi amor, no es una amiga nueva del grupo.
Tina es uno de los nombres utilizados para referirse a la metanfetamina cristalina, una droga estimulante sintética extremadamente potente que actúa sobre el sistema nervioso central. Tiene un alto potencial de producir dependencia y tolerancia, lo que significa que con el tiempo puedes necesitar cantidades mayores para intentar conseguir el mismo efecto.
Y ahí es que empieza el revolú.
La tina puede aumentar dramáticamente la energía y el estado de alerta y producir euforia, sensación de confianza y desinhibición. En arroz y habichuelas: te crees que te comes el mundo con la nota loca.
También puede disminuir considerablemente el apetito. Al otro día te pueden poner un pollo asado de frente y tú mirarlo como si fuera decoración. Es como sentir que tienes un Ozempic imaginario encima… pero aquí no estamos hablando de un medicamento ni de algo terapéutico, estamos hablando de una droga ilegal con riesgos serios para tu salud. Y cuando aparecen la impulsividad y la desinhibición, la cosa puede complicarse todavía más.
Bajo los efectos de una sustancia que altera tu juicio puedes terminar tomando decisiones que sobrio quizás jamás tomarías: sexo sin protección, múltiples parejas, encuentros prolongados o situaciones en las que incluso se vuelve más difícil establecer o respetar límites y consentimiento. En otras palabras, te tiras todo lo que te pase por al frente. ¡Qué fuerte!. Esa impulsividad puede llevarte desde una orgía improvisada hasta arrancar para Las Uvitas a las 2:00 de la mañana, según me informa mi agente 007.
Ahora, fuera de broma, aquí viene la parte importante.
El uso de metanfetamina durante encuentros sexuales se ha asociado con conductas que pueden aumentar el riesgo de infecciones de transmisión sexual. Y créeme, por más buena que haya estado la noche, si después aparece una úlcera sospechosa, una secreción o un ardorcito raro cuando vas a orinar, probablemente llegó el momento de visitar a tu médico y hacerte las pruebas correspondientes. Porque lo que pasa en la cama puede quedarse en la cama; una ITS, no necesariamente.
Y hay otro problema: la tina puede ser altamente adictiva. La tolerancia puede desarrollarse y comenzar ese peligroso ciclo de querer más, más y más… y no necesariamente estoy hablando solamente de tina, si saben a lo que me refiero.

Con dosis elevadas, uso repetido o intoxicación pueden aparecer ansiedad severa, agitación, paranoia, alucinaciones y psicosis. También pueden presentarse taquicardia, hipertensión, hipertermia, convulsiones y complicaciones cardiovasculares o cerebrovasculares potencialmente graves.
Imagínate estar tranquilamente en tu casa, mirar por la ventana y ver una mujer homofóbica y transfóbica con tenedores pegados en el pecho. ¡Ay, Luli! A correr todo el mundo. ¡Qué espanto!
Hablar abiertamente de sexo, drogas y salud dentro de nuestra comunidad no debe darnos vergüenza. Tampoco necesitamos moralismos. Necesitamos información. Disfrutar de nuestra sexualidad, explorar, tener fantasías y pasarla espectacular es parte de ser adultos. Pero ninguna noche tiene que costarte tu salud, tu capacidad de decidir, tu seguridad o, en casos extremos, tu vida.
¡No se metan a mono, mi gente!. Porque una noche de placer puede durar unas horas… pero las consecuencias pueden durar mucho más que la nota.
Instagram: @dr.guillermocolon | 787-639-9023

