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Prepararse para un encuentro sexual puede hacernos sentir más seguros, pero la preparación no debe convertirse en una obsesión ni en una agresión contra nuestro propio cuerpo
Hoy día, tener un “accidente” durante un encuentro sexual se ha convertido para algunos en una verdadera crisis existencial. Pero antes de cancelar el jangueo, bloquear al muchacho, borrar Grindr y considerar mudarte de país por la vergüenza, recuerda algo importante…nos puede pasar a cualquiera.
Y precisamente para intentar evitar esos momentos llegaron ellas, sí, las gloriosas, magnificas, estupendas y para algunos indispensables, las duchas rectales.
Porque imagínate, tú estás en el momento romántico, todo va perfecto, comienza el “chaca-chaca” y de repente… ¡FUAP! Te convertiste en el nuevo Picasso del siglo XXI. Una obra de arte inesperada donde se encontraron la sexualidad y el chocolate. En algunos círculos esto tiene un nombre mucho más sencillo… “¡Salió Hershey!”
¿Qué es una ducha rectal?
Una ducha rectal es una forma de introducir una pequeña cantidad de agua en el recto para luego expulsarla, con la intención de remover materia fecal que pueda encontrarse cerca de la salida. Se utiliza con frecuencia antes del sexo anal por razones de higiene y tranquilidad personal, aunque no es un requisito obligatorio para tener sexo anal.
Más agua no significa más limpio
Uno de los errores más comunes es pensar que, si sale algo, hay que seguir echando agua hasta que aquello parezca agua de manantial. No gente. Esa obsesión con que todo salga cristalino puede terminar metiendo agua más arriba de lo necesario, estimular el colon y, paradójicamente, hacer que aparezca más contenido fecal. Por eso, si después de dos o tres rondas suaves no estas logrando lo que buscas, dale un break al ano. No estás limpiando una piscina olímpica.
¿Con que frecuencia se puede hacer?
No existe una frecuencia universal establecida, pero, lo que sí sabemos es que convertir las duchas rectales en una práctica agresiva o excesivamente frecuente puede irritar la mucosa y alterar el ambiente natural del recto. Por eso, hacerlas todos los días no es una gran idea. El recto y el colon tienen un microbioma. Esto es una comunidad de bacterias y otros microorganismos que forman parte del funcionamiento normal del intestino.
La presión también importa
Introducir el agua con demasiada presión puede irritar la pared rectal o provocar pequeñas lesiones. La idea es hacerlo despacio, con poco volumen, sin dolor y sin forzar. Si aparece dolor, sangrado, ardor importante o molestias que no desaparecen, es mejor no realizarlas por un tiempo.
El ano es parte del sistema digestivo. Sorpresa!!!! por ahí pasan heces.
El recto es parte del sistema digestivo. ¡Repito! sistema digestivo. Su trabajo no es parecer una sala de operaciones estéril 24/7. Las heces existen y, durante el sexo anal, un accidente ocasional puede ocurrir aun cuando una persona se haya preparado.
Entonces… ¿qué hago si “salió Hershey”?
Primero. No entres en pánico. Segundo. No conviertas el momento en una humillación para nadie. Se limpia la zona, se cambian las sábanas si hace falta, se lavan las manos, se revisa si hubo alguna lesión y, si ambos están cómodos, se decide si continuar o no.
Un paquete de toallitas húmedas, una toalla vieja cerca, lubricante, preservativos si los utilizan y una buena dosis de sentido del humor resuelven más crisis sexuales que cualquier tutorial de TikTok.
Debemos normalizar que nuestros cuerpos tienen funciones completamente naturales de las cuales no hay por qué sentir vergüenza. Prepararse para un encuentro sexual puede hacernos sentir más seguros, pero la preparación no debe convertirse en una obsesión ni en una agresión contra nuestro propio cuerpo.
Y si algún día, a pesar de toda la producción, “salió Hershey”… respira. Limpia. Ríete si ambos pueden. Ten siempre una toalla a mano y, si quieres, hasta un spray de olor.
Y que continue la programación.
Porque para disfrutar del sexo también hace falta educación. Y de eso si deberíamos estar todos bien limpios.
Redes: @dr.guillermocolon

