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La intérprete de “Él me mintió” regresó a la isla con una noche de nostalgia, emociones y grandes éxitos
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Después de diez años de ausencia, la cantante argentina Amanda Miguel regresó a Puerto Rico con su gira Él me mintió World Tour, celebrada este pasado sábado en el Coca-Cola Music Hall de San Juan. La artista, quien cumplió 70 años recientemente, ofreció un espectáculo cargado de nostalgia, emociones y grandes éxitos, demostrando que conserva la potencia vocal que la ha distinguido durante décadas.
Luciendo su abundante cabellera plateada y un llamativo vestuario de lentejuelas, mitad negro y mitad verde, Amanda recibió el cariño del público desde su aparición. A medida que avanzaba la noche, la cantante fortaleció su conexión con los espectadores, compartiendo anécdotas y expresando su alegría por regresar a la isla. Confesó que llevaba días contando el tiempo para llegar a Puerto Rico y comentó lo bien que la habían tratado y las delicias gastronómicas que había disfrutado durante su visita.
La artista también reveló que no se encontraba en sus mejores condiciones físicas y que había necesitado atención médica, incluyendo una inyección, para poder presentarse. Sin embargo, ofreció una actuación comprometida, conservando la fuerza de su voz, aunque en algunos pasajes recurrió a la participación del público para acompañarla en las notas más exigentes. Estos intercambios provocaron momentos de complicidad entre la cantante y sus admiradores.

Uno de los segmentos más emotivos llegó cuando Amanda se sentó al piano y dedicó varias canciones a su fallecido esposo, el cantante y compositor Diego Verdaguer. Recordó su relación y explicó que eran temas que él acostumbraba cantarle y que, en esta ocasión, ella deseaba interpretar para él. Una fotografía familiar colocada sobre el piano acompañaba discretamente aquella escena, mientras las pantallas proyectaban una imagen de la pareja, añadiendo intimidad a uno de los momentos más personales de la noche.
La escenografía fue sencilla, con dos grandes pantallas que protagonizaron la parte visual del espectáculo. Las proyecciones incluyeron paisajes, fotografías de la cantante y llamativas animaciones digitales. La iluminación complementó acertadamente las imágenes, mientras que el sonido se mantuvo claro y equilibrado durante toda la presentación, sin distorsiones que afectaran las interpretaciones.
La orquesta y las coristas que acompañan a Amanda durante su gira internacional ofrecieron un desempeño sólido, participando también en números musicales en los que la cantante no intervino directamente. Durante el cambio de vestuario, los músicos interpretaron una pieza instrumental completa, manteniendo la continuidad del espectáculo. Para su segunda aparición, Amanda lució un vistoso conjunto fucsia brillante, de pantalón ancho y una gran aplicación floral en el hombro, que contrastó con la elegancia del vestuario inicial.
Los detalles escénicos también aportaron personalidad a la presentación. Un vistoso arreglo floral adornaba el soporte del micrófono, mientras varias rosas descansaban sobre el piano, hasta que Amanda las tomó y las lanzó al público como muestra de cariño. Otro elemento llamativo fue el abanico con motivos de Puerto Rico que la cantante utilizó constantemente para refrescarse durante el espectáculo.
Durante la velada, el repertorio incluyó Duende, Las pequeñas cosas, Dudas, Ámame una vez más, A mi amiga, Pasadiscos, No sé quién de los dos será, Pídeme, Volveré, Hagamos un trato, El pecado, Como un títere, Mi buen corazón, Cosquillas en el pecho, El gato y yo, Así no te amará jamás, Castillos y el emblemático Él me mintió, tema que da nombre a la gira.
El regreso de Amanda Miguel a Puerto Rico, después de una década de ausencia, confirmó que hay voces que no pierden vigencia y canciones que, sin importar cuánto tiempo pase, permanecen vivas en la memoria y el corazón de quienes las escuchan.

