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La compañía peruana Teatro La Plaza sorprende con una versión que combina humor, experiencias personales y una sólida interpretación colectiva
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Una experiencia teatral puede conmover sin recurrir a sentimentalismos. Así ocurrió este pasado domingo en el Teatro Francisco Arriví de Santurce con Hamlet, una versión recontra libre, de la compañía peruana Teatro La Plaza. Ocho actores con síndrome de Down protagonizaron una propuesta que entrelaza la tragedia de William Shakespeare con sus vivencias, inquietudes y aspiraciones, ante una sala completamente llena.
Presentada como parte del Festival Internacional de Teatro del Instituto de Cultura Puertorriqueña, la producción cuenta con dramaturgia y dirección de Chela De Ferrari. La producción local estuvo a cargo de Naíma Rodríguez para Pública Espacio, Inc., y Christian Ortiz y Fei Rodríguez Suárez para Re: create Group. Estrenada en Perú en 2019, ha recorrido escenarios de distintos países. Su propuesta no consiste en representar convencionalmente el clásico, sino en utilizar sus conflictos para hablar de identidad, amor, independencia y prejuicios.
El elenco está integrado por Octavio Bernaza, Jaime Cruz, Lucas Demarchi, Manuel García, Diana Gutiérrez, Cristina León Barandiarán, Ximena Rodríguez y Álvaro Toledo. Sus edades oscilan entre los 30 y 37 años. Cada intérprete aporta su personalidad y manera de expresarse. Entre escenas de Hamlet, comparten historias propias, explican aspectos de su condición y cuestionan las expectativas que otros depositan sobre ellos. Hay confesiones íntimas, música, baile y humor.
La propuesta establece un paralelo con la obra de Shakespeare. En ella, Hamlet recurre a una representación teatral para poner a prueba la culpabilidad de Claudio por el asesinato de su padre. Aquí, como los propios intérpretes señalan, el escenario también sirve para revelar verdades: las de sus vidas, sus experiencias y los prejuicios que enfrentan. El teatro se convierte en un medio para mostrar aquello que suele quedar oculto detrás de las apariencias.
La interacción con los espectadores conforma buena parte de la función. Los actores conversan con la audiencia e incorporan referencias a comidas y tradiciones de Puerto Rico. En una escena invitan a cuatro personas a subir al escenario y les enseñan qué deben hacer. Después, entre bromas, las corrigen cuando no ejecutan las acciones como esperaban. El intercambio provoca carcajadas y revela su soltura para conducir el encuentro.
La escenografía utiliza mesas, sillas y utilería que los intérpretes desplazan según cada escena. Una gran pantalla proyecta imágenes y videos, además de subtítulos de todo el libreto. Al comienzo explican que algunas intervenciones pueden resultar difíciles de comprender y que el texto escrito facilitará seguirlas. Los subtítulos aparecen de manera programada, no como transcripción de lo escuchado. Durante la función, los parlamentos coincidieron totalmente con ese texto, evidencia de preparación y memoria.








Según explicó el director después de la función, los ocho conocen también los parlamentos de sus compañeros. Si alguno olvida una frase, otro puede ayudarlo a retomar la escena. Esa complicidad se percibe sobre el escenario, en donde sostienen una representación de más de una hora con disciplina, confianza y trabajo colectivo.
Entre los asistentes había muchos jóvenes con síndrome de Down y sus familias. Según la publicidad del espectáculo, dos dólares de cada boleto vendido se destinarían a la Asociación Síndrome Down de Puerto Rico. Ambas funciones tuvieron salas llenas, un recibimiento que alegró especialmente a la compañía.
Al concluir, los intérpretes invitaron al público a subir a bailar, transformando el desenlace de una tragedia en una celebración compartida. Después conversaron y se fotografiaron con los asistentes. Les pregunté cómo había sido su primer viaje en avión. Al principio hablaron de sus numerosos vuelos, pero al aclarar que me refería a aquella primera experiencia, una de las artistas respondió: “Impresionante”. Fue un intercambio espontáneo que permitió conocerlos fuera de sus personajes.
Era su primera visita a Puerto Rico y, según compartieron, disfrutaron de la comida, las excursiones y el trato recibido. Se mostraron felices por cerrar aquí esta etapa de su gira, en un país de habla hispana que los acogió con entusiasmo.
Hamlet, una versión recontra libre invita a reconocer el talento de ocho artistas que demuestran preparación, disciplina y capacidad para conectar con el público. Cada uno, desde su individualidad, aporta a una propuesta que rompe prejuicios y amplía nuestra manera de entender el teatro. La emoción que despiertan nace de sus interpretaciones, las historias que comparten y la entrega con que defienden su lugar sobre el escenario.

