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Es un montaje del Teatro Universitario que combina historia, estética afrocaribeña y un elenco sólido en el Festival de Teatro Puertorriqueño
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Como parte del 63er Festival de Teatro Puertorriqueño, el Teatro Universitario del Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico presenta El mapa de la libertad: La historia de la pirata María Isabel. El texto, de la escritora puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro —Escritora Residente de EDP University—, está basado en su cuento “Las aventuras de la Pirata Mota” y cuenta con la dirección de la profesora Jessica Gaspar Concepción. La pieza, inspirada en esta figura histórica, construye una experiencia escénica que integra actuación, música y danza dentro de una estética afrocaribeña bien definida.
La función se presentó a casa llena en el Teatro Francisco Arriví, con presencia tanto de público general como de familiares y amistades del elenco. La respuesta fue inmediata: aplausos prolongados y un público que no quería abandonar la sala. La experiencia continuó en las afueras del teatro, donde se dio un intercambio cercano entre espectadores y actores, generando un ambiente de camaradería que confirma el impacto del montaje.
Ese nivel de conexión responde a una propuesta coherente y bien trabajada. Wilmylied López interpreta a la pirata María Isabel de la Mota con seguridad y presencia escénica, sosteniendo el hilo narrativo de la obra. Le acompaña Amnerys Nicole Quiñones Pérez como Aurora del Norte, aportando equilibrio y fuerza en sus intervenciones.




El elenco principal se mantiene sólido a lo largo de la función. Millo Canetti como Cofresí, Lorenzo Muñiz como Saturnino y Sebastián Pérez Torres como Contramaestre construyen personajes claros y bien definidos. A ellos se suman Alice Y. Vélez Feliciano como Madre, Yadiel Vispo Soto como Cimarrón y Claudia Isabel Núñez Torres como Cimarrona, completando un conjunto bien trabajado.
Mención especial merece el grupo de ancestras —Yachira Rivera Hernández como Petronila, Joelly A. Cancel Rivera como Ramonita, Daylene Krystal como Georgina y Fabiola Hernández Ramos como Miguelina—, cuya presencia escénica aporta una dimensión simbólica y espiritual que atraviesa toda la pieza. Junto a Saturnino y el Contramaestre, estos personajes asumen también funciones narrativas, rompiendo la cuarta pared y estableciendo una relación directa con el público.
A este grupo se suman siete actores secundarios que asumen múltiples roles —entre ellos artesanos, mercaderes, piratas y la figura del pulpo—, aportando dinamismo y variedad a la propuesta escénica. En varios momentos de la obra, los diecinueve actores coinciden en escena, logrando imágenes de gran impacto visual.
La dirección de Jessica Gaspar Concepción maneja con acierto la complejidad del montaje, especialmente en el manejo del espacio escénico. A través de una escenografía móvil y el uso efectivo de la utilería, logra fluidez en las transiciones y, sobre todo, visibilidad para los múltiples personajes en escena. Aun con un elenco numeroso, la propuesta se mantiene organizada, permitiendo que cada momento tenga claridad dentro del conjunto.
Uno de los momentos más logrados es el trabajo coreográfico de Yadiel Vispo Soto y Steven Rey Rolón, particularmente en una secuencia con espadas donde el elenco logra una sincronía que evoca el movimiento del mar. La imagen construida en ese momento, donde los cuerpos simulan las olas, se convierte en uno de los puntos más memorables de la noche.
La música en vivo de Jomar Hiram Abrante Edwards, junto al diseño sonoro de L’Angie Encarnación y la agrupación Bomvibes, se integra de manera orgánica a la acción. A esto se suma el diseño de iluminación de Jorge Ramírez, que construye con efectividad los distintos ambientes —de día, noche y tormenta— y aporta dinamismo tanto en tierra como en mar.
El diseño de escenografía de Fernando A. Jiménez Hernández, junto a sus asistentes y constructores, presenta el barco en dos áreas bien definidas: a un lado, una vista frontal de la embarcación y, al otro, el espacio de las velas y el timón. Esta distribución no solo resulta visualmente atractiva, sino que permite fluidez en la acción y variedad en las composiciones escénicas. Por su parte, el vestuario de Miguel Vando, junto a sus asistentes, se posiciona como uno de los grandes aciertos de la producción. Su trabajo, de gran detalle y belleza, aporta identidad visual a los personajes y confirma su nivel dentro del diseño escénico en Puerto Rico, complementado por un maquillaje igualmente bien logrado.
Como punto a mejorar, la figura del pulpo —concebida como elemento visual importante dentro de la propuesta— no logra integrarse completamente a la dinámica escénica. Ya sea por su escala, visibilidad de los manipuladores o ejecución en escena, su presencia resulta algo confusa y no alcanza la claridad lograda por el resto de los elementos del montaje.
El mapa de la libertad es un montaje sólido, bien logrado y trabajado con cuidado en cada una de sus áreas. Es una producción que evidencia disciplina, entrega y una clara intención artística, con todos los elementos necesarios para seguir creciendo y encontrando nuevos escenarios.
Queda una última función hoy jueves a las 8:00 p.m. De haber disponibilidad, los boletos pueden adquirirse a través de boletera.net.
