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La obra teatral explora cómo las diferencias más simples pueden dinamitar una amistad
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
En función de estreno y ante un teatro casi lleno en el Teatro Luis M. Arcelay de Caguas, la producción Arte llegó al público con una propuesta íntima y precisa. La obra, escrita por la dramaturga francesa Yasmina Reza y estrenada en 1994, es uno de los textos contemporáneos más representados a nivel internacional. Presentada por Phoenix Arts & Entertainment, una compañía que se abre paso en la escena local, apuesta por una experiencia profundamente humana, sostenida por el trabajo de tres actores en escena.
La premisa parte de un elemento concreto que desata el conflicto entre tres amigos. Más allá de lo que se discute, la obra utiliza ese punto de partida como excusa para explorar temas como la amistad, el ego y las diferencias que, con el tiempo, pueden poner a prueba cualquier relación. Resulta interesante cómo la pieza aborda esta dinámica desde personajes masculinos, un enfoque menos frecuente en este tipo de conflictos, lo que añade otra capa de lectura.
Sobre el escenario, Modesto Lacén, Israel Lugo y Alfredo de Quesada construyen una relación creíble y bien medida. Los tres están magníficos dentro del contexto de sus personajes, con una química que sostiene el ritmo de la obra y permite que el texto fluya con naturalidad. Cada uno defiende su postura con firmeza, pero también escucha y reacciona, logrando un balance que mantiene al público conectado.
La dirección, a cargo de Lacén, va por una puesta limpia que confía en la palabra y en sus intérpretes. Esto se refuerza con una escenografía minimalista, diseñada por José Luis Gutiérrez, que destaca por su elegancia y precisión. El espacio, trabajado en una estética uniforme, aporta claridad visual y sugiere un posible uso de materiales reciclados, añadiendo una dimensión adicional al diseño.


Uno de los elementos más destacados es el diseño de iluminación de Pamela López. Su trabajo funciona como un recurso narrativo en momentos cuando la acción se detiene y los personajes se dirigen directamente al público. En esos instantes, el cambio en la iluminación rompe la uniformidad visual y subraya el punto de vista de cada personaje, logrando un efecto claro y efectivo.
En el aspecto técnico, el trabajo de Carlos Muñoz en cabello y maquillaje se mantiene limpio y natural, permitiendo que la caracterización fluya sin excesos. La utilería, a cargo de Cristina Sesto, se maneja con precisión, con elementos que entran y salen de escena de forma ágil, apoyando la acción sin interrumpir el ritmo.
En cuanto al diseño sonoro, la música de Humberto Ramírez aporta atmósfera; sin embargo, en algunos momentos el balance en sala no logró el nivel esperado, quedando por encima del diálogo y provocando que ciertas líneas se perdieran. En una obra en la que la palabra es esencial, este detalle cobra mayor relevancia.
El vestuario, bien logrado en su planteamiento inicial, complementa la propuesta escénica y la caracterización de los personajes. No obstante, en su tramo final, algunas piezas no parecían tener el entalle más adecuado, un detalle menor que podría afinarse.
La respuesta del público fue contundente. Risas constantes, silencios atentos y una ovación de pie al cierre confirmaron la conexión lograda. Más allá del entretenimiento, Arte deja una sensación clara: invita a la conversación, a cuestionar no solo qué entendemos por arte, sino también cómo se sostienen —o se rompen— las relaciones cuando las diferencias salen a la superficie. Es una de esas obras que no termina cuando cae el telón, sino que continúa en la conversación del público al salir de la sala.
Arte continúa su recorrido por la isla con funciones el 25 de abril en el Teatro Monrouzeau de Hatillo, el 16 de mayo en el Teatro Ideal de Yauco, del 20 al 22 de junio en el Teatro Braulio Castillo de Bayamón, y en octubre en el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré de Santurce, con funciones del 16 al 18 y del 23 al 25.
