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Sala llena, elenco sólido y excelencia técnica sellan una producción que supera expectativas
CAGUAS, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
El musical Chicago regresó a Puerto Rico, esta vez en el Centro de Bellas Artes de Caguas, en una producción del Taller Artístico de Caguas (TAC), bajo la dirección artística y producción de Félix José Colón Rolón. A más de 23 años de su última presentación en la isla, la puesta llega en un momento donde el teatro musical en Puerto Rico está tomando un nuevo impulso.
El interés del público fue evidente desde antes del estreno. Las tres funciones del fin de semana se encontraban completamente vendidas, y la sala llena confirmó ese respaldo. La reacción del público fue eufórica. Entre los asistentes había numerosas figuras del ámbito teatral, incluyendo artistas que formaron parte de la primera versión presentada en la isla en el año 2003, lo que convirtió la función en un encuentro especial para la comunidad artística.
Desde el inicio, la producción deja ver su nivel técnico. El sonido —un área en la que muchas producciones locales suelen fallar— se maneja aquí con mucho cuidado. Todo se entiende: las líneas, las canciones, las transiciones. Cada micrófono entra cuando tiene que entrar y el balance se mantiene limpio. Tanto la actuación como el canto son completamente en vivo, acompañados por una orquesta de 13 músicos en escena bajo la dirección del maestro Ángel “Cucco” Peña, lo que eleva aún más la experiencia.
La adaptación en español respeta el estilo de la obra original, incluyendo el trabajo vocal. En conversación con la asesora vocal, Hilda Ramos, destacó el esfuerzo consciente por mantener el ritmo y la intención del montaje original aun dentro de la traducción, algo que se percibe claramente en escena.
Las protagonistas, Didi Romero como Roxie Hart y Denise Quiñones como Velma Kelly, brillan en escena, sosteniendo la obra con presencia escénica, seguridad y un sólido dominio vocal, acompañado de un trabajo físico preciso y consistente. A su lado, Víctor Santiago como Billy Flynn, Marian Pabón como Mama Morton, Luis Ponce como Amos Hart y Julián Gilormini como Mary Sunshine completan el grupo protagónico con un trabajo consistente durante toda la función. En particular, Víctor Santiago asume el reto de trabajar un registro vocal distinto al que acostumbra, alineándose con el estilo del musical y logrando un resultado sólido.
El cuerpo de baile es uno de los grandes aciertos: preciso, enérgico y bien integrado a la narrativa. Además de bailar, muchos asumen momentos actorales dentro de la historia, incluyendo intervenciones como reporteros, lo que aporta dinamismo. En varios momentos, la escena reúne a más de veinte artistas en tarima, logrando un trabajo de conjunto muy efectivo.
Dentro del ensemble, figuras como Zachely Alicea y Anaís Torres Colls asumen intervenciones adicionales que enriquecen la dinámica escénica.










Un punto importante de esta producción es la participación de Marian Pabón, quien formó parte del elenco de la versión presentada en Puerto Rico hace más de dos décadas y regresa ahora a esta nueva puesta. Su presencia conecta ambas generaciones de este musical en la Isla. La noche de estreno coincidió además con la celebración de su cumpleaños, lo que añadió un detalle especial a la función. Como parte de esa celebración, su hija Ivana llegó, desde New York City, acompañada de su esposo.
En el área técnica, la escenografía de Israel Franco-Müller funciona muy bien dentro de las exigencias del musical, permitiendo integrar la orquesta en escena y manejar distintos espacios como la cárcel y el juzgado con fluidez. La iluminación de Pamela López aporta carácter y ritmo visual en cada número, mientras que el diseño de imagen de Bryan Villarini mantiene coherencia estética en toda la propuesta, entre muchos otros profesionales que forman parte del equipo técnico.
El vestuario está muy bien logrado durante toda la obra, y los diseños finales de Lisa Thon destacan particularmente, cerrando el espectáculo con un momento visual impactante. La dirección de Félix José Colón Rolón se siente firme y bien pensada, logrando que todos los elementos trabajen en conjunto. En ese trabajo también es importante reconocer la labor de la asistente de dirección Yadilys Barbosa y de la regidora Jynelly Rosario, cuya aportación resulta clave para que el montaje mantenga su ritmo y precisión.
Decir que Chicago funciona no es suficiente. Esta es una producción perfecta. Todo está cuidado: lo técnico, lo actoral, lo musical. Más que un regreso, esta puesta confirma que el teatro musical en Puerto Rico está viviendo un momento importante y que el público está listo para respaldarlo. El resultado: una producción magistral.
En su noche de estreno, la producción contó con intérpretes de lenguaje de señas gracias a una colaboración con National Interpreters PR, permitiendo así que más público pudiera disfrutar de esta experiencia teatral.

