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Teatro de la Manga transforma los relatos tradicionales en una comedia de situaciones impredecibles y personajes disparatados
BAYAMÓN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
¿Qué sucede cuando los personajes de un cuento de hadas se rebelan contra su narrador y deciden crear su propia historia? Esa es la propuesta de Había una vez… Una historia que no se repite, presentada este pasado viernes en el Teatro Braulio Castillo de Bayamón, como parte del quinto Festival de la Comedia. La producción celebra los quince años de Teatro de la Manga, agrupación cristiana dedicada a la improvisación teatral.
La trama parte de cuatro personajes: una reina malvada, un príncipe, una elfa y un herrero, quienes deciden cambiar su destino. Aunque las situaciones se improvisan, existe una estructura de cuatro capítulos con reglas particulares. Antes de comenzar, los espectadores contestan mediante un código QR preguntas sobre lugares, ocupaciones, frases y géneros cinematográficos que inspiran las escenas.
En Cuatro Torres, los actores forman parejas que desarrollan relatos independientes. Una señal musical marca los cambios de posición y, al reencontrarse, deben continuar donde quedaron. El público elige mediante aplausos una pareja para protagonizar el resto del espectáculo.
En Punto de Partida continúa la pareja ganadora. El viernes fueron la reina y la lavandera, quienes crearon una historia sobre un bosque de plantas medicinales, mientras los demás actores aparecían para provocar conflictos que ambas debían resolver. En Los Juglares, cuando comienza la música, los intérpretes transforman sus diálogos en canciones de géneros que van de la trova al reguetón. Finalmente, en Comenzando por el Final, reconstruyen el relato en sentido inverso, partiendo de su desenlace.
Los actores demuestran experiencia y facilidad para reaccionar ante lo inesperado. Sobresalen Maurim Chiclana, como la lavandera, por su espontaneidad y capacidad para resolver conflictos, y Nathanael Méndez, como el príncipe, quien desarrolla una frase recurrente que provoca carcajadas cada vez que interviene. Sin revelar su contenido, este recurso demuestra cómo una ocurrencia se convierte en uno de los momentos más divertidos de la noche.

El viernes actuaron los cuatro integrantes de Teatro de la Manga: Roxana Miranda, Frances Sánchez, Wilfred J. Lugo y Nathanael Méndez, junto a cinco invitados. Para las tres funciones se anunciaron integrantes de la Liga Puertorriqueña de Improvisación Teatral: Janibeth Santiago, Maurim Chiclana, Leyra González, Eliezer Rivera y José “Cano” Nieves; y exintegrantes del grupo: Yamil Ortiz, Scottie Durán, Andrés López Alicea, Nelson Luquis, Mileni Reyes, Danii Marín, Natalia Calo, Thirsa Ramos, Eric Gerena, Jaime Colón, Carlos Colón, Manolo Hernández, Jonathan Santiago y Fabiola Maldonado. Los invitados se alternan entre funciones.
La escenografía recrea un colorido cuento de hadas. El vestuario de gente de pueblo, en tonos tierra, integra a los personajes en una misma comunidad imaginaria. Sin cambios de ropa ni utilería convencional, los intérpretes recurren a la mímica para diferenciar situaciones y personajes. La iluminación resulta efectiva cuando destaca a uno mientras los demás permanecen inmóviles. Una voz de narrador profunda y convincente completa el ambiente fantástico.
La primera función contó con una asistencia reducida. Al principio, las risas fueron moderadas, pero aumentaron conforme avanzaba la trama y el público comprendía la dinámica. Me imaginaba que habría mayor participación directa de los asistentes, pero aun así la propuesta desarrolló situaciones divertidas. El humor se mantuvo libre de malas palabras, insinuaciones sexuales y dobles sentidos, ofreciendo una comedia apropiada para adolescentes y adultos.
Aunque durante el espectáculo no se abordaron temas religiosos, al concluir los nueve intérpretes compartieron reflexiones personales sobre la fe y sus experiencias de vida, dejando ver la identidad cristiana de la agrupación.
La presentación del viernes demostró que improvisar exige experiencia, agilidad mental y complicidad entre compañeros. Las situaciones descritas corresponden a esa noche y no necesariamente se repetirán, pues cada función construye un relato distinto con la participación del público.
Había una vez… Una historia que no se repite continuará presentándose el sábado 17 y domingo 18 de octubre en el Teatro Braulio Castillo de Bayamón. Los boletos están disponibles a través de PieTix y en la boletería del teatro.

