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La propuesta dirigida por Ignerick Rodríguez destaca por sus coreografías, transformaciones escénicas y atractivo visual
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
El clásico cuento de Hansel y Gretel regresó al escenario con una propuesta puertorriqueña llena de color, música y movimiento. Érase una vez… Hansel y Gretel, presentada este fin de semana en dos únicas funciones, apostó por un espectáculo dirigido al público familiar y, especialmente, a los más pequeños, sin dejar de ofrecer elementos teatrales para entretener a los adultos.
La producción, dirigida, coreografiada y producida por Ignerick Rodríguez para IGNERICK, presenta un libreto y música originales inspirados en el clásico cuento recopilado y publicado por Jacob y Wilhelm Grimm. La adaptación conserva los elementos esenciales de la conocida historia, pero simplifica algunos acontecimientos para contarla con agilidad.
Dayaneris Ortiz y Miguel Toro asumieron los papeles de Gretel y Hansel, respectivamente, logrando muy buena química como los hermanos protagonistas. Ambos destacaron por sus voces y la vitalidad con la que enfrentaron canciones, coreografías y aventuras. Modesto Lacén ofreció una interpretación convincente como el padre, mientras Camila Monclova resultó particularmente efectiva como la madrastra, aportando carácter y humor a un personaje que eventualmente termina enfrentándose también al bosque.
Ámbar Bonilla, como la bruja, juega con las expectativas del público. Esta no es la clásica bruja envejecida, grotesca o aterradora. Bonilla aparece hermosa, con un enorme cabello rizado, maquillaje teatral y un vestuario explosivo de colores. Su interpretación conserva la función del personaje sin recurrir a la imagen tradicional de la bruja fea y amenazante.
Uno de los grandes aciertos del montaje fue su propuesta visual. La escenografía creó un bosque de gran presencia que se transformó continuamente con distintos elementos que aparecían y desaparecían de escena, junto a un excelente diseño de iluminación. Verdes, azules, violetas y rojos modificaban el ambiente, permitiendo pasar de momentos alegres a otros de mayor tensión.







La aparición de la casa de dulces fue un buen ejemplo del cuidado puesto en las transiciones. Hansel y Gretel abandonaron el escenario y se desplazaron por uno de los pasillos del teatro, llevando la atención del público hacia ellos. Cuando las miradas volvieron al escenario, la casa ya estaba allí. Una efectiva distracción consiguió preservar la sorpresa y añadir un pequeño momento de magia teatral. En general, las transiciones estuvieron muy bien trabajadas, acompañadas por música alegre y cambios orgánicos.
Otro elemento destacado fue el ensamble compuesto por Allison Trinta, Jean Paul Féliz, Melody Rose Reyes, Yeranthony Martínez y Tiffany Rodríguez. Sus integrantes pasaron de formar parte del bosque a convertirse en cuervos y posteriormente acompañar el colorido mundo de la bruja. Las coreografías fueron uno de los puntos fuertes del montaje, ejecutadas con precisión, entusiasmo y coordinación.
El vestuario, junto con los tocados, maquillaje y peluquería, ayudó a diferenciar esos mundos, desde los tonos naturales del bosque y la oscuridad de los cuervos hasta la explosión de colores de la casa de dulces y sus habitantes.
Musicalmente, la producción contó con canciones agradables, letras que funcionaron bien dentro de la historia y buenas interpretaciones vocales, bajo la dirección vocal de Esthermarí Barbosa. Los arreglos musicales estuvieron a cargo de René Moya y Orlando Rivera.
Sin embargo, fue precisamente en el sonido el aspecto en el que la función presentó sus principales dificultades. Hubo micrófonos que no entraron a tiempo, problemas de realimentación y momentos en que la música estuvo por encima de las voces, provocando que algunas letras resultaran difíciles de comprender. Fueron inconvenientes notorios porque contrastaban con el cuidado presente en los demás componentes del espectáculo.
La segunda y última función contó con un teatro lleno y un público compuesto en buena medida por familias con niños pequeños, confirmando el carácter familiar de la propuesta.
Detrás de la aventura permanece el conocido mensaje de Hansel y Gretel: la importancia de la familia, la unión frente a las dificultades y la capacidad de valorar aquello que se tiene. Esta versión opta por comunicarlo desde la alegría y el color, sin convertir los aspectos más oscuros del cuento en el centro de la experiencia.

