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Teatro en 15 articula un mosaico escénico en el que el pasado se vuelve presente
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
En medio de la programación de marzo de Teatro en 15 —mes que reúne tanto el Mes de la Mujer como la celebración del Día Mundial del Teatro y que hoy concluye—, esta edición apuesta por un eje temático definido: mujeres que han dejado huella en la historia. Aunque estas piezas se han presentado a lo largo de varias funciones durante el mes, la función presenciada coincide precisamente con el Día Mundial del Teatro, un detalle que añade otra capa de significado a la experiencia, haciendo del teatro el verdadero protagonista del día.
Siguiendo la dinámica habitual de Teatro en 15, el recorrido se realizó sala por sala, con piezas de aproximadamente quince minutos cada una. En esta ocasión, las salas fueron asignadas en orden numérico, por lo que así mismo se presentan a continuación.
La Sala 1, De nadie, solo mía, se construye como un monólogo que integra textos de destacadas voces femeninas puertorriqueñas como Julia de Burgos, Lola Rodríguez de Tió, Clara Lair, Lolita Lebrón, Alejandrina Benítez de Gautier, Concha Meléndez, María Bibiana Benítez, Luisa Capetillo y Ana Roqué de Duprey. Escrita e interpretada en esta función por Viviana Torres Mestey y dirigida por Thais González-Peña, la propuesta apuesta por el cuerpo como eje narrativo, con una interpretación de gran entrega física que recorre el espacio escénico y mantiene una energía constante. La pieza logra articular estas múltiples voces en un mismo discurso escénico, apoyada además por la asistencia de dirección de Kiara Santana. Desde lo físico, conecta con temas como la violencia hacia la mujer y se mueve más desde la sensación que desde una estructura tradicional.
En la Sala 2, El último compás: una historia inconclusa, escrita, dirigida y con diseño de iluminación de Soraya Cabina, se presenta la figura histórica de Ana Otero Hernández, un nombre poco conocido que añade un valor particular a la propuesta. Se percibe un trabajo de investigación que se traduce en un libreto claro y bien articulado. Interpretada por Yarimar Varona junto a José Armando Santos —quien da vida a su padre, Ignacio Otero—, la pieza fluye con naturalidad y se apoya en un uso efectivo de utilería que aporta dinamismo a la escena. A nivel técnico, la escenografía de Skylar Agosto y el diseño de luces —a cargo de la propia autora— resultan claves en la construcción de la atmósfera, logrando una de laspropuestas más completas del recorrido.
La Sala 3, La maestra del pueblo, escrita y producida por Tamara Ortiz y dirigida por Edgardo Delgado, con regiduría de Christian Rodríguez y escenografía de Luis Rosario, presenta la figura de Celestina Cordero. La pieza aborda su lucha por la educación de niñas en una sociedad marcada por el machismo, el racismo y el clasismo, destacando su determinación al desafiar las estructuras establecidas desde su condición de mujer, negra y soltera. Interpretada por Antonio Collazo, Miallenys Collazo, el propio Edgardo Delgado y Tamara Ortiz, la propuesta se sostiene en un enfoque directo que expone los conflictos de su época y resalta su legado como educadora.











La Sala 4, Agujas y leyes, escrita y dirigida por Doel Ramírez y producida por Leonel Ocasio Serrano, se centra en la figura de María Luisa Arcelay, primera mujer legisladora en Puerto Rico y una figura poco conocida del área oeste de la Isla. El montaje presenta a una mujer que, desde su realidad como trabajadora y empresaria, logra abrirse paso en un espacio históricamente dominado por hombres, aportando una mirada distinta sobre el trabajo, la economía y el rol de la mujer en la sociedad. Interpretada por Vivian Casañas Cruz, la pieza asume el reto del monólogo con un texto exigente que descansa completamente en la actriz. Casañas logra sostener la atención del público con una interpretación firme y bien medida, manejando con claridad los cambios de intención y el peso del discurso. La puesta, aunque sencilla en su concepción, está bien articulada y encuentra su fuerza en la palabra y en la presencia escénica, logrando que la historia fluya con naturalidad y mantenga el interés a lo largo de la escena.
La Sala 5, Lolísima, escrita, dirigida y protagonizada por Anamín Santiago, junto a Javier Rivera Pastrana, Ettienne Hernández y María Román, presenta una versión condensada de la vida de Lola Rodríguez de Tió. La pieza resume momentos claves de su trayectoria y se apoya en el dinamismo del elenco para sostener el ritmo dentro de un espacio escénico reducido. El resultado es una propuesta fluida y bien trabajada.
Finalmente, la Sala 6, Mi cena con Luisa Capetillo, escrita y dirigida por Antonio Asencio y producida por Hania Sánchez Corujo, propone un encuentro entre figuras históricas que, aunque contemporáneas, no existe evidencia de que coincidieran en la vida real. A partir de esta premisa, la pieza construye un intercambio de ideas en las que se confrontan distintas visiones sobre el rol y el futuro de la mujer. En la función presenciada, Wilmy López interpreta a Luisa Capetillo, acompañada por Cecilia Argüelles como Mercedes Solá, Georgina Borri Díaz como Ana Roqué de Duprey, Adrianna Luvet como Isabel Andreu de Aguilar, Héctor David Ortiz como Nemesio Canales y Christopher Cedeño como Arcadio. Las actuaciones sostienen el dinamismo de una propuesta que apuesta por el diálogo y la confrontación de ideas dentro de un marco de ficción histórica, tomando como punto de partida este encuentro imaginado para poner en perspectiva sus posturas y generar reflexión.
En conjunto, esta edición de Teatro en 15 logra reunir propuestas diversas bajo un mismo eje, en el que cada sala aporta una mirada distinta desde su propio lenguaje escénico. Porque al final, más allá del formato o del tiempo, lo que queda es claro: estas no son solo figuras del pasado, son mujeres de historia que, al volver a escena, siguen presentes, siguen vigentes y, sobre todo, siguen teniendo algo que decir hoy.
