Share This Article
Su historia comenzó en escenarios de libertad, lejos de la censura
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Rev. Ignacio Estrada Cepero, para Pride Society Magazine
Miami guarda muchas memorias de Cuba, y cada noche, bajo sus luces, una figura se levanta para recordarlo. Marytriny, el personaje que Alexis Fernández ha construido con disciplina y pasión, no es solo un espectáculo de transformismo: es un puente entre la isla que lo vio nacer y la ciudad que lo vio florecer.
Su historia comenzó en escenarios de libertad, lejos de toda censura. En Azúcar Night Club, con la nostalgia viva y la esperanza intacta, Alexis convirtió la lentejuela en bandera. Allí nació Marytriny, la emperatriz del transformismo, y en Miami encontró en el aplauso no solo reconocimiento, sino también un acto profundo de afirmación.
El regreso a la isla se dio solo una vez, como un paréntesis en la historia. En 2014, Marytriny encarnó a Celia Cruz en el Teatro América, en un gesto que mezcló memoria y desafío. Fue un instante cargado de simbolismo: Celia, quien nunca pudo volver tras el exilio, volvió en la piel de un transformista cubano que devolvía al escenario lo que la política había borrado. Esa noche quedó marcada como una grieta en el muro del silencio.


La trayectoria de Alexis trascendió el cabaret. En televisión y cine, su talento demostró que el transformismo no es marginal, sino un lenguaje cultural capaz de atravesar pantallas y audiencias diversas. En 2024, dio un paso decisivo con su participación en Ser Trans, producción de TV Martí que retrató la transfobia en Cuba y dio voz a quienes habían sido callados durante décadas. El proyecto recibió ese mismo año un Suncoast Regional Emmy, un premio que más que trofeo fue vindicación: la confirmación de que esas voces no podían seguir siendo ignoradas.
Esa visibilidad coincidió con un momento personal difícil. El diagnóstico de cáncer de próstata obligó a Alexis a mirarse de frente en otro tipo de escenario. Su decisión de compartirlo públicamente convirtió la vulnerabilidad en fuerza comunitaria. Una rosa blanca floreciendo en su casa después de la cirugía se volvió símbolo de fe, vida y renacimiento.
Hoy, cada vez que Marytriny sube al escenario, no es solo un transformista quien aparece: es un hombre que ha hecho de su arte un canto de libertad, de resistencia y de comunidad. Sus presentaciones en Miami no son meros shows; son rituales de memoria, espacios donde la cubanidad late sin fronteras.
Porque Marytriny no se limita a brillar bajo los reflectores: ilumina a quienes aún buscan afirmarse, inspira a quienes resisten y recuerda a todos que la cultura no muere, se reinventa. Y en cada gesto, en cada carcajada y en cada lágrima que provoca, queda claro que la emperatriz del transformismo seguirá brillando más allá de las noches de Miami.
