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Detrás del caso hay historias de trauma, fe, culpa y desinformación que han marcado a generaciones de personas LGBTQ+
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Marilyn Sierra, para Pride Society Magazine
El Tribunal Supremo de Estados Unidos podría abrir la puerta para debilitar o incluso eliminar algunas de las leyes estatales que prohíben la llamada “terapia de conversión”, una práctica ampliamente denunciada por organizaciones médicas y de derechos humanos por sus efectos dañinos en personas LGBTQ+. El caso, conocido como Chiles v. Salazar, pone en cuestión si las prohibiciones a esta práctica violan el derecho a la libertad de expresión de terapeutas con licencia.
La decisión podría tener consecuencias profundas en todo el país. Actualmente, 27 estados y varios territorios cuentan con leyes que prohíben la terapia de conversión para menores de edad. Si el Supremo falla en contra de estas restricciones, el precedente podría debilitar gran parte de esa legislación.
Entre las voces que han llegado hasta el alto foro está la de Martha Conley, madre del escritor Garrard Conley, cuya historia inspiró la película Boy Erased. Conley es sobreviviente de terapia de conversión, una experiencia que su madre describe hoy como un error nacido de la desinformación y el miedo.
En un escrito presentado ante el Tribunal Supremo, Martha Conley relata que no comprendía lo que significaba que su hijo fuera gay cuando fue expuesto públicamente durante su primer semestre universitario. Buscando orientación, acudió a líderes de su iglesia, quienes le recomendaron un programa de conversión llamado Love In Action.
“En el programa vi cómo mi hijo, antes lleno de vida, se volvía cada vez más deprimido”, escribió Conley. “Pensábamos que estábamos buscando ayuda. No sabíamos que aquello se convertiría en una fuente de trauma que aún carga”, explicó recientemente.
Según su testimonio, el programa insistía en que Garrard debía reconocer que odiaba a su padre y que su orientación sexual era consecuencia de una “crianza deficiente”. Cuando intentó abandonar el programa, sus pertenencias personales fueron retenidas para impedir que pudiera comunicarse con su familia.
Paradójicamente, la ley que ahora está en discusión ante el Tribunal Supremo no habría protegido a Garrard en ese momento. Las prohibiciones estatales, como la de Colorado, solo aplican a menores de edad y a profesionales licenciados. Muchos de estos programas operan fuera de ese marco, frecuentemente como ministerios religiosos o iniciativas sin supervisión clínica.
Entonces, ¿por qué su madre decidió llevar su historia hasta el Supremo?
“Estas leyes no atacan la religión ni a los padres que aman a sus hijos. Nos protegen”, escribió. “Evitan que profesionales con licencia utilicen su autoridad para ofrecer tratamientos sin base científica que pueden destruir vidas jóvenes”.
Las principales asociaciones médicas —incluyendo la American Psychological Association y la American Academy of Pediatrics— han advertido durante años que la terapia de conversión no tiene base científica y puede provocar depresión, ansiedad, trauma e ideas suicida.
Detrás de esta práctica persisten varias ideas profundamente arraigadas: que las personas LGBTQ+ pueden cambiar su orientación sexual o identidad de género si lo intentan lo suficiente; que deberían sentir vergüenza por quienes son; o que la comunidad, las iglesias o incluso el Estado tienen la autoridad moral para “corregirlas”. La realidad, sin embargo, suele ser mucho más devastadora.

Entre los testimonios incluidos en el mismo escrito presentado ante el Tribunal Supremo aparece el de Joyce Calvo, madre de Alana Chen. Durante años, un sacerdote de su iglesia sometió a Alana a sesiones de conversión sin que su familia lo supiera. La joven comenzó a autolesionarse mientras intentaba reconciliar su fe con la presión para cambiar quién era.
“No podía dormir. No dejaba de pensar si iba a ir al infierno”, relató Alana al Denver Post tras abandonar el programa. “Mientras peor me sentía, más me aferraba a la iglesia porque creía que era lo que me estaba salvando”. El daño ya estaba hecho. Alana Chen murió por suicidio a los 24 años, poco después de esa entrevista.
El debate que hoy llega al Tribunal Supremo no ocurre en el vacío. En Puerto Rico, la terapia de conversión también ha sido objeto de controversia pública en los últimos años, especialmente en discusiones sobre derechos civiles y políticas de salud mental. Diversas organizaciones profesionales y grupos de derechos humanos han advertido que la práctica puede causar graves daños psicológicos, particularmente en jóvenes LGBTQ+ que ya enfrentan altos niveles de discriminación, rechazo familiar y estigma social.
Más allá de la decisión legal que finalmente adopte el Tribunal Supremo, el caso reabre una conversación más amplia sobre el papel de la ciencia, la religión y la política en la vida de las personas LGBTQ+.
La terapia de conversión no ocurre únicamente en consultorios o en retiros religiosos. También se manifiesta en discursos culturales, en presiones familiares y en la idea persistente de que existir como persona LGBTQ+ es algo que debe corregirse. Frente a ese mensaje, cada vez más sobrevivientes y familias cuentan sus historias para recordar lo que ellos consideran una verdad fundamental: no hay nada que curar.
🌈 Lo que debes saber sobre la terapia de conversión
⚖️ Caso ante el Supremo
El Tribunal Supremo de Estados Unidos evalúa el caso Chiles v. Salazar, que cuestiona si las leyes estatales que prohíben la terapia de conversión violan la libertad de expresión de terapeutas con licencia.
🧠 Sin base científica
Organizaciones como la American Psychological Association y la American Academy of Pediatrics advierten que la práctica no tiene respaldo científico y puede causar depresión, ansiedad, trauma y pensamientos suicidas.
📍 Dónde está prohibida
Actualmente, 27 estados y varios territorios han aprobado leyes que prohíben la terapia de conversión para menores de edad.
⚠️ Un vacío legal
Muchas de estas leyes solo aplican a terapeutas licenciados, por lo que numerosos programas de conversión operan como ministerios religiosos o iniciativas sin supervisión clínica.
💔 Consecuencias reales
Testimonios presentados ante el Supremo incluyen historias de jóvenes que desarrollaron depresión severa, autolesiones o que terminaron quitándose la vida tras someterse a estos programas.
Contexto en Puerto Rico
En la Isla, la práctica ha sido objeto de debate en los últimos años dentro de discusiones más amplias sobre derechos LGBTQ+, salud mental y el rol de la religión en políticas públicas.
