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“Made in Puerto Rico” aborda con humor y nostalgia las experiencias de una familia que intenta mantener sus tradiciones lejos de la Isla
CAGUAS, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
La identidad puertorriqueña, nuestras costumbres y el desafío de conservarlas cuando vivimos lejos de la isla son temas que encuentran expresión en el teatro. Sobre esta temática gira Made in Puerto Rico, una comedia escrita y dirigida por Abi Villarreal, que tuvo su estreno mundial bajo la producción de la compañía Telón Azul en el Teatro Luis M. Arcelay, como cierre del 47.º Festival de Teatro de Caguas Daniel Lugo.
La historia nos transporta al Orlando de los años ochenta, cuando una familia puertorriqueña intenta adaptarse a su nueva realidad. Los hijos comienzan a incorporar el inglés a su vida cotidiana, mientras los adultos procuran mantener vivas las tradiciones. La anunciada llegada de una tía desde Puerto Rico altera la dinámica familiar y da paso a una serie de situaciones humorísticas.
Villarreal, puertorriqueño radicado en Michigan, desde hace cuatro años desarrolla una propuesta que conecta especialmente con las experiencias de quienes han establecido sus hogares fuera de la Isla. Aunque el tema resulta familiar y ha sido abordado en numerosas ocasiones, la producción encuentra momentos de genuina comicidad, particularmente cuando las diferencias generacionales y culturales provocan situaciones inesperadas.
Sin embargo, el libreto presenta ciertos desniveles. Algunas escenas provocan risas espontáneas, mientras otras se extienden sin aportar significativamente al avance de la historia. Asimismo, el desenlace deja una sensación de expectativa inconclusa, especialmente porque buena parte de la trama gira alrededor de una visita que nunca llega a materializarse ante el público.
El elenco está integrado por Joel Berríos, Michelle Álvarez, Gabriel Villafañe, Paola Gabriela, Luis R. Santiago, Héctor Claudio, Alana Claudio y Adriana Oliver. Merece una mención particular Joel Berríos, quien interpreta a doña Rosa, la abuela de la familia. Su caracterización resulta convincente y consigue construir un personaje de personalidad definida, sin depender exclusivamente del recurso de que sea un hombre quien interprete a una mujer. Su desempeño figura entre los aspectos más logrados del montaje.
Aunque algunas interpretaciones recurren ocasionalmente a una expresividad exagerada, el elenco demuestra entrega y una buena conexión entre sus integrantes, logrando sostener la dinámica de la comedia.






Bajo la dirección de Abi Villarreal, el elenco mantuvo una buena coordinación en las entradas y salidas de los personajes, así como en los tiempos de las escenas. También se destacó el aprovechamiento del espacio escénico, la escenografía y la utilería, elementos que contribuyeron al desarrollo de la acción.
En el aspecto técnico, la iluminación estuvo bien trabajada y el sonido permitió escuchar con claridad los diálogos y las intervenciones musicales. La escenografía recrea un hogar de los años ochenta mediante mobiliario y elementos decorativos propios de la época. No obstante, las cortinas negras del fondo contrastan con ese propósito y restan calidez visual al espacio. El vestuario responde adecuadamente a la estética de los años ochenta, aunque la limitada variedad de cambios resulta perceptible considerando que la acción transcurre durante varias semanas.
La función reseñada fue la última de la temporada y la segunda presentada ese domingo. Ante la gran acogida del público, se añadió una función a las dos de la tarde. A pesar de esa exigente jornada, el elenco mantuvo su energía y compromiso sobre el escenario. La producción consiguió llenar todas sus funciones, una respuesta del público que confirma el interés que despiertan estas historias.

