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La realidad intersex revela una diversidad humana mucho más amplia que las dos categorías que aprendimos desde pequeños
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Marilyn Sierra, para Pride Society Magazine
Apenas llegamos al mundo y ya nos están clasificando. Niño o niña. Masculino o femenino. Una casilla o la otra. Y, al parecer, hasta nuestros genitales tienen que ajustarse a ciertas medidas y formas para que todo el mundo se quede tranquilo. El problema es que la naturaleza nunca fue tan ordenada como nuestros formularios.
Las personas intersex nacen con características sexuales —anatómicas, reproductivas, hormonales o cromosómicas— que no encajan del todo en lo que entendemos por un cuerpo “masculino” o “femenino”. No es una moda ni una identidad inventada ayer. Lo nuevo, en todo caso, es que por fin estemos hablando del tema con “algo” de sinceridad.
La escritora y activista española Mer Gómez lo lleva haciendo desde hace años. En una entrevista con El País, explica algo que parece obvio una vez lo dicen en voz alta: no existen dos cuerpos idénticos en cuanto a características sexuales. Y precisamente porque esa diversidad se nota más en algunos cuerpos intersex, la respuesta histórica —tanto social como médica— ha sido tratar de «corregirlos» para que encajen en lo que consideramos normal.
Ahí es donde empieza una conversación que debería importarnos a todos. Porque una cosa es intervenir médicamente cuando hay una necesidad real de salud de por medio, y otra muy distinta es decidir que un cuerpo necesita arreglo simplemente porque no se ve como esperábamos.
Según Gómez, durante décadas se han diagnosticado y medicalizado cuerpos cuyos genitales, hormonas, cromosomas u otras características no calzan perfectamente con los arquetipos binarios. El resultado, dice, ha sido patologizar cuerpos que probablemente estaban sanos y que simplemente formaban parte de la diversidad humana.
Y aquí el tema deja de ser “solo intersex” y empieza a tocarnos a todos.
¿Cuántas veces hemos pensado que algo en nuestro cuerpo “está mal” porque no se parece a lo que nos enseñaron que debía ser? Muy grande, muy pequeño, demasiado ancho, demasiado estrecho, mucho pelo, poco pelo, la voz muy grave, la voz muy aguda. Tenemos un catálogo casi infinito de razones para sentir que nuestro cuerpo nos está fallando. Tal vez el problema nunca fue el cuerpo.
Gómez lo dice sin darle mucha vuelta al asunto: nadie encaja del todo en esos arquetipos. Las hormonas varían de persona a persona, las fisionomías son distintas, y ni siquiera existe una homogeneidad cromosómica absoluta. Cuestionar esos moldes rígidos, sostiene, puede ayudarnos a pensar nuestros propios cuerpos con más libertad.
Para las personas intersex, sin embargo, esa presión histórica por “encajar” ha dejado marcas mucho más profundas que un simple momento de inconformidad frente al espejo.
Durante años, a la medicalización se sumó el silencio. Gómez recuerda que muchas personas intersex crecieron sin referentes, rodeadas de tabú y secretismo, hasta el punto de que ese silencio les dificultaba incluso encontrarse entre ellas mismas para compartir lo que vivían. Hoy hay más información y más organizaciones de apoyo, reconoce, pero advierte que la invisibilidad sigue siendo enorme.
Imagina crecer creyendo que lo que pasa con tu cuerpo es tan raro que nadie debería mencionarlo. Ahora imagina descubrir, años después, que nunca estuviste solo.
Dentro de nuestras propias comunidades LGBTQ+ todavía hay quien explica sin titubear qué significan la L, la G, la B y la T, pero se queda en blanco cuando llega la I.
Intersex no es lo mismo que trans. Tampoco describe una orientación sexual. Hablamos de características sexuales del cuerpo. Una persona intersex puede tener cualquier orientación sexual o identidad de género.
Entonces, ¿por qué está dentro de LGBTQ+? Gómez explica que todas esas letras comparten una historia de cuestionamiento a los cánones establecidos sobre sexo y género. Y recuerda algo importante: mientras la homosexualidad y las identidades trans fueron patologizadas durante décadas, la realidad intersex sigue fuertemente atada al ámbito médico, incluso hoy.
En España, por ejemplo, ha empezado a moverse en esa dirección. La Ley 4/2023 prohibió ciertas modificaciones genitales estéticas en menores de 12 años, convirtiendo al país —según Gómez— en uno de los seis Estados de la Unión Europea con una prohibición de este tipo. La activista celebra el avance, pero señala vacíos importantes: qué pasa después de los 12 años, y qué intervenciones todavía pueden justificarse con el argumento médico.
La discusión, entonces, no es negar la medicina. Es preguntarnos cuándo estamos tratando una condición de salud real y cuándo estamos, en realidad, tratando de ajustar un cuerpo sano a nuestras expectativas sociales sobre cómo debe verse un hombre o una mujer. Y esa pregunta incomoda…
Incomoda porque hablar de intersexualidad nos obliga a admitir que la frontera entre masculino y femenino no es tan nítida como nos gustaría. Gómez sostiene que la realidad intersex cuestiona directamente ese sistema binario, y también las expectativas que hemos construido alrededor de la heterosexualidad, la reproducción y la función que “deberían” cumplir ciertos cuerpos.
Es importante la educación, no solo para que las personas intersex tengan referentes, información y comunidad, sino para que quienes no somos intersex entendamos algo bastante simple: la diversidad humana no empieza en la orientación sexual ni termina en la identidad de género. También vive en nuestros cuerpos.
Y quizás ya es hora de dejar de preguntarnos qué está mal con los cuerpos que no caben perfectamente en nuestras dos casillas, y empezar a preguntarnos por qué seguimos tan empeñados en que todos quepan ahí.
🟣 En pocas palabras
🧬 Intersex se refiere a personas que nacen con características sexuales que no responden completamente a las nociones binarias tradicionales de masculino y femenino.
🏳️🌈 No es una orientación sexual ni equivale a ser trans.
🩺 Durante décadas, algunos cuerpos intersex han sido medicalizados o intervenidos para ajustarlos a parámetros considerados masculinos o femeninos.
👁️ Visibilidad, información y referentes siguen siendo fundamentales para combatir el tabú y el aislamiento.

