Share This Article
Biopolímeros, silicona y el peligroso mercado negro de los inyectables…
Dentro de nuestra comunidad LGBTQ+ existe una realidad de la que tenemos que hablar más. Y no, no para señalar, juzgar ni venir con el dedito de “eso no se hace”. Aquí venimos a hablar claro, con ciencia… y con un poquito de arroz y habichuelas, porque ustedes saben que yo no sé hacerlo de otra manera.
Durante años, muchas personas de la comunidad trans han enfrentado barreras económicas, falta de acceso a servicios médicos especializados y, sobre todo, una necesidad completamente válida de sentirse cómodas y afirmadas en su propio cuerpo. El problema no es querer un cuerpo espectacular, unos glúteos de impacto o un rostro más femenino. El problema es cuando para conseguirlos ponemos la vida en juego. Y sí, en Puerto Rico existe un mercado negro de inyectables que mete miedo.
Hay sustancias que aparecen sin caja, sin etiquetas, sin número de lote, sin fabricante y sin que nadie pueda explicar exactamente qué contienen. A veces llegan transferidas a envases que jamás fueron diseñados para almacenar un producto médico.
Yo no sé ustedes… pero si yo veo que lo que me van a inyectar viene en un envase de refresco, en lo que la persona está preparando la jeringuilla, ya yo estoy chillando goma en el carro para irme.
Pero, doctor… ¿qué rayos son los biopolímeros?
La palabra biopolímero suena sofisticada, elegante y hasta bonita. Suena como si uno fuera a salir de allí biodegradable, orgánico y certificado. Pero en el mundo de las inyecciones clandestinas, muchas veces se utiliza ese término para describir materiales permanentes o sustancias cuya composición muchas veces ni el inyector conoce con certeza. Para que tengan una idea, estos biopolímeros pueden estar compuestos de: silicona líquida, aceites, diferentes materiales o hasta mezclas de composición desconocida.
“Pero a fulana y a mengana se lo pusieron hace 10 años y está divina”
Y hay gente que lleva 30 años comiendo frituras y tiene el colesterol perfecto. Eso tampoco convierte la alcapurria en un medicamento cardiovascular. Con estos materiales, una de las cosas más importantes que debemos entender es que las complicaciones pueden aparecer meses o incluso años después de la inyección. El cuerpo puede desarrollar inflamación persistente, endurecimiento, fibrosis, nódulos y granulomas por reacción a un cuerpo extraño.
El material puede desplazarse hacia otras áreas y producir asimetrías o deformidades, o como diríamos en arroz y habichuelas dejar el trasero con chichones, como “empelota’o”.
También pueden ocurrir infecciones, abscesos, celulitis y, en situaciones graves, hasta sepsis. Y entonces aquello que comenzó buscando “Doctor, yo quiero un poquito más de volumen aquí…” puede terminar convirtiéndose en múltiples visitas médicas, estudios, medicamentos y hasta cirugías reconstructivas.
¿Se pueden disolver?
Esta es probablemente una de las diferencias más importantes. Cuando hablamos de ciertos rellenos médicos reabsorbibles, existen situaciones en las que contamos con herramientas para manejar o revertir determinadas complicaciones. Pero, cuando hablamos de sustancias permanentes o desconocidas, no necesariamente existe una inyección mágica que las haga desaparecer. El material puede infiltrarse entre los tejidos, migrar y generar una respuesta inflamatoria alrededor. En algunos pacientes intentar retirarlo significa cirugía. En determinadas situaciones, eliminar absolutamente todo el material puede ser extremadamente difícil o imposible sin causar daño adicional. Pensar que esto es fácil de remover es un gran error, estas cirugías son complejas y costosas.
De repente mi marquesina se convirtió en un quirófano
Tengo pacientes que me han descrito camillas en cuartos, marquesinas o cualquier mueble como algunos de los lugares que han escogido para administrar estas inyecciones. Estos lugares pueden carecer de medidas adecuadas de asepsia y contar con productos cuya esterilidad desconocemos, poca o ninguna anestesia y personas sin el entrenamiento necesario para reconocer una emergencia.
Y de momento aparece una jeringa que parece que la pidieron prestada de Jurassic Park.
Pero ojo, no es simplemente que la aguja sea grande lo que determina el peligro. Lo importante es ¿quién te está inyectando?, ¿qué exactamente está inyectando?, ¿dónde lo está colocando?, ¿el producto está correctamente identificado?, ¿existen condiciones apropiadas de esterilidad?, ¿y qué ocurre si en los próximos 30 segundos tienes una emergencia?… porque poner una sustancia dentro del cuerpo puede tomar minutos, pero manejar una complicación puede requerir años, si es que se puede manejar.
Cuando deja de ser estética y se convierte en una emergencia Además de dolor intenso, inflamación, infección y deformidad, existen complicaciones que pueden amenazar seriamente la vida. Si determinado material entra accidentalmente en la circulación, puede producir una embolización y desencadenar una emergencia médica potencialmente mortal.
Y también existe otra consecuencia de la que hablamos poco: la psicológica. Imagínate buscar un procedimiento porque quieres finalmente sentirte más cómodo(a) con tu cuerpo y terminar con dolor crónico, cicatrices, deformidad o cambios físicos que nunca quisiste. Eso no solamente afecta un área del cuerpo, puede afectar autoestima, relaciones, sexualidad, vida social y salud emocional.
¿Por qué las personas se someten a esto?
Esta es la parte donde tenemos que guardar los chistes por un momentito. Porque es muy fácil mirar desde afuera y preguntar “¿pero cómo alguien permitió que le inyectaran eso?”. La pregunta correcta debería ser “¿qué circunstancias hicieron que esa persona sintiera que esa era su mejor alternativa?”.
Para algunas personas trans pueden existir dificultades económicas, falta de cubierta médica, discriminación, poca disponibilidad de profesionales con experiencia en atención de afirmación de género o simplemente desconocimiento de alternativas más seguras. Cuando una persona lleva años esperando poder verse en el espejo teniendo el cuerpo que siempre ha querido, se vuelve vulnerable a personas sin escrúpulos que le hacen falsas promesas y ofrecen precios demasiado accesibles, y es ahí donde la vulnerabilidad se convierte en negocio. Por eso necesitamos educación, acceso y alternativas seguras.
¿Qué preguntas debes hacer antes de inyectarte?
Pregunta qué producto van a utilizar y pide ver el empaque original. Busca el nombre del fabricante, el lote y la información del producto. Pregunta quién realizará el procedimiento y cuáles son sus credenciales.
Y si preguntas “¿qué es eso?” y la contestación es “tranquila, mami, eso es de lo bueno…” ¡Agarra la cartera y sal corriendo sin mirar atrás!.
Tu cuerpo merece una explicación mucho mejor que esa. La afirmación de género y el deseo de sentirte espectacular en tu propio cuerpo son completamente válidos. Lo que no debería ser parte del precio es arriesgar tu salud o tu vida. Así que, si algún día alguien aparece con una sustancia misteriosa, una jeringa tamaño antena de TV y un pote sin etiqueta recuerda esto: Tu cuerpo no es un experimento y si aquello vino en una botella de Coca-Cola…sal corriendo.
Dr. Guillermo Colón, MD
#ElDoctorDeLosRostrosUniversales
Instagram: @dr.guillermocolon
Teléfonos: 787.639.9023 / 787.639.9190
