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“A Chorus Line” celebra 50 años mostrando las historias, sacrificios y temores que se esconden detrás del espectáculo
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Una línea blanca atraviesa el escenario y sobre ella 17 bailarines esperan una oportunidad. Todos saben bailar, cantar y actuar; todos han sacrificado algo para llegar hasta allí, pero solo ocho conseguirán el trabajo. Cincuenta años después de su estreno, la premisa conserva su fuerza: detrás del brillo de un espectáculo existen seres humanos que alguna vez tuvieron que demostrar que merecían ocupar un lugar en esa línea.
A Chorus Line estrenó este viernes en la Sala de Drama René Marqués del Centro de Bellas Artes de Santurce, en una producción de Casa Productora que celebra los 50 años de este clásico. Concebido por Michael Bennett, con música de Marvin Hamlisch, letras de Edward Kleban y libreto de James Kirkwood Jr. y Nicholas Dante, el musical nació de conversaciones con bailarines y convirtió sus experiencias en historias de audiciones, sacrificios y sueños. Esta versión cuenta con la adaptación del libreto y las canciones de Ismanuel Rodríguez, Pedro José y Natalia Mejía.
Todo ocurre durante un día de audición. Los aspirantes bailan y esperan mientras Zack, el director, comienza a indagar en sus vidas. Poco a poco dejan de ser cuerpos sobre una línea para convertirse en personas con miedos, recuerdos e inseguridades. Unas historias provocan carcajadas; otras, silencio y lágrimas. En el estreno, un público que prácticamente llenó la sala respondió con risas y aplausos, conectado con lo que ocurría en escena.
Ismanuel Rodríguez dirige un montaje ambicioso que conserva la esencia de la obra y consigue que sus intérpretes tengan personalidad propia sin perder el sentido de conjunto. A ello se suma un excelente trabajo coreográfico y vocal, fundamental en una producción que exige precisión tanto en el movimiento como en las voces. El elenco comenzó algo tímido, pero fue creciendo hasta alcanzar una energía formidable. Son jóvenes artistas, muchos con trayectoria establecida, que cantan, bailan y actúan con una química que evidencia el intenso trabajo realizado durante los ensayos.
El libreto concede mayor peso dramático a Cassie y Paul. Ivana Méndez Pabón aprovecha la complejidad de Cassie, una bailarina que regresa buscando un lugar en el coro. Existe además una hermosa conexión familiar: hace 20 años su madre, Marian Pabón, interpretó el mismo personaje en Puerto Rico. Al preguntarle sobre aquella experiencia, Pabón contó que todavía recuerda algunos parlamentos de Cassie. Dos décadas después, es su hija quien se para sobre esa línea.
Javier Iván, como Paul, protagoniza otro de los momentos de mayor carga emocional al revelar su historia. Ambos sobresalen por las oportunidades que el texto concede a sus personajes, dentro de un elenco en el que cada integrante encuentra su momento para brillar. Francis Rosas construye un Zack firme y creíble, mientras Tita Guerrero, como Larry, acompaña con seguridad el proceso de audición.











Completan la línea Ricardo E. Arribas (Gregg), Nydia Resto Arroyo (Bebe), Ana Trigo (Maggie), Jazael Rodríguez (Bobby), Josué Yomar Torres (Don), Vin Ramos (Richard), Héctor A. Beltrán (Mark Anthony), Cristian Medina (Al), Zuleyka Pagán (Connie), Natalia Mejía Lugo (Kristine), Allison Trinta (Judy), Amanda Rodríguez (Diana), Nicole Angelis (Val), Sonya Hernández (Sheila) e Ignacio Torres (Mike). Al comienzo participan además Mía Alicea, Xavier Rosado, Racheli Ronda, Guillermo Arce, Rafael Montalvo y Gabriela Ruiz, de Ballet Concierto, como los aspirantes que no superan el primer cedazo.
La orquesta en vivo, dirigida por Rubén Amador y ubicada en el foso, aporta otra dimensión a una partitura que medio siglo después conserva su fuerza. Hubo problemas puntuales con algunos micrófonos, pero fueron breves y los intérpretes continuaron sin afectar el desarrollo de la función.
La escenografía mantiene la austeridad característica de A Chorus Line: un escenario prácticamente desnudo, la línea y los espejos. La iluminación transforma ese espacio sin competir con los intérpretes. El vestuario mantiene la estética de una audición y desemboca en el espectacular número final, cuando los personajes aparecen convertidos en un coro uniforme con el emblemático vestuario dorado que remite al montaje original de 1975.
Raymond Gerena y Derek Díaz, productor y productor asociado de Casa Productora, han cuidado los detalles de una producción que extiende la celebración hasta el vestíbulo, en donde información histórica y vestuarios recorren parte del legado de A Chorus Line. El montaje está dedicado a Marian Pabón y Sara Jarque por sus aportaciones al teatro musical puertorriqueño.
Al final, aquellos artistas cuyas historias conocimos aparecen vestidos exactamente iguales y ejecutan juntos el gran número que el público normalmente contempla sin saber lo ocurrido antes. Ahí permanece la magia de A Chorus Line: detrás de cada artista hay una historia, sacrificios y el sueño de ser escogido. Cincuenta años después, la línea sigue ahí y todavía hay quienes están dispuestos a darlo todo por cruzarla. ¿Quieres saber quiénes consiguen finalmente uno de esos ocho lugares? Tendrás que venir al teatro para descubrirlo.
A Chorus Line continúa en la Sala de Drama René Marqués con funciones los sábados 3 y 10 de octubre a las 8:00 p. m., los domingos 4 y 11 a las 4:00 p. m., y el viernes 9 a las 8:00 p. m. Una oportunidad para celebrar 50 años de un musical que continúa hablando de quienes sueñan con vivir del escenario.

