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El actor Julio Ramos retoma el unipersonal “7 Veces Siete” en un nuevo espacio teatral en Santurce
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
El actor y teatrista puertorriqueño Julio Ramos regresó a escena con el unipersonal 7 Veces Siete, una pieza significativa dentro de su trayectoria artística que vuelve a presentar como parte de la celebración de sus 40 años de carrera actoral. El montaje tuvo su función de estreno este jueves y también marcó la inauguración de un nuevo espacio escénico habilitado en el local contiguo al taller del colectivo Agua, Sol y Sereno en Santurce.
La obra, creada originalmente en 2005, reúne siete monólogos inspirados en los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. Cada uno propone una mirada distinta a estos impulsos humanos, explorados desde el humor, la crítica social y momentos de fuerte carga dramática. Luego de presentarse en múltiples escenarios y festivales, la producción cerró su primera etapa con una función en Nueva York en 2010.
En esta reposición se presenta el libreto original sin modificaciones, lo que permite al público reencontrarse con los textos tal como fueron concebidos hace dos décadas. Resulta interesante comprobar cómo, a pesar del paso del tiempo, los temas y conflictos que plantea la obra conservan una sorprendente vigencia y continúan dialogando con la realidad actual.
Los textos fueron escritos por reconocidos dramaturgos puertorriqueños de distintas generaciones: Carlos Vega, José Luis Ramos Escobar, Gerard Paul Marín, Roberto Ramos-Perea, Freddy Acevedo y Jorge González, además de un texto del propio Ramos. El conjunto crea un mosaico de estilos que permite al actor transitar por distintos registros teatrales dentro de una misma propuesta escénica.
En escena, Ramos sostiene el espectáculo prácticamente en solitario durante cerca de una hora y veinte minutos, desplegando un trabajo físico y expresivo de gran exigencia. A través de cambios de voz, transformaciones corporales, momentos de pantomima y secuencias cercanas al teatro de marioneta, el actor construye personajes muy distintos entre sí. En uno de los segmentos, por ejemplo, el cuerpo se mueve con gestos que recuerdan el trabajo de un títere, mientras que otros momentos apuestan por la gestualidad exagerada o por un tono más introspectivo.



La puesta en escena incorpora además diversos recursos sonoros y voces grabadas que ayudan a crear las atmósferas de cada historia. Hacia el final, un intenso monólogo que plantea una conversación con Dios sirve como cierre reflexivo del recorrido dramático y concentra buena parte de la carga emocional de la obra.
La dirección de Iliana Colón mantiene un ritmo ágil que permite que cada pieza conserve su identidad sin perder la unidad del conjunto. El espacio escénico, sencillo y funcional, aprovecha una estructura metálica que delimita el área de actuación y dirige la atención hacia el intérprete. La cercanía con el público, propia del formato de sala tipo caja negra, favorece la intimidad que exige este tipo de unipersonal.
La propuesta técnica acompaña el trabajo del actor con sobriedad y eficacia. El diseño de iluminación de Jorge Ramírez contribuye a marcar los distintos momentos dramáticos de la obra, mientras que el diseño sonoro de Roig Berríos apoya las transiciones y atmósferas de cada segmento. El vestuario, a cargo de Leslie Van Zandt, complementa las transformaciones del personaje dentro de la estructura minimalista de la puesta.
El estreno contó con una sala llena y con la presencia de familiares, colegas y figuras del teatro puertorriqueño. Entre las personas que este cronista pudo identificar y saludar se encontraban la actriz Marian Pabón, el productor y director Edgardo Soto, el actor y profesor Mario Roche, así como la actriz Alexandra Liz Cedeño Calero y la escritora Mayra Santos Febres, entre otras personas vinculadas al quehacer teatral.
Al finalizar la función, el público respondió con una ovación de pie. Posteriormente, Ramos compartió unas palabras de agradecimiento junto a familiares y colaboradores, tras lo cual se realizó un encuentro informal en el espacio del taller de Agua, Sol y Sereno, rodeado por las máscaras, cabezudos y otras piezas que forman parte del trabajo artístico de este colectivo cultural.
Con 7 Veces Siete, Julio Ramos no solo revisita uno de los trabajos más representativos de su trayectoria, sino que reafirma la disciplina y el rigor que han marcado sus cuarenta años sobre los escenarios. Este exigente unipersonal —que plantea una lucha existencial cargada de cuestionamientos filosóficos y cotidianos— descansa casi por completo en la presencia escénica del actor, quien además incorpora elementos creados por él mismo, como máscaras, figuras y otros recursos visuales que enriquecen la propuesta. El resultado es una celebración viva de su oficio teatral y de la madurez artística alcanzada a lo largo de su carrera.
Las funciones continúan viernes y sábado a las 8:30 p.m. y el domingo a las 4:00 p.m. en el nuevo espacio contiguo al taller de Agua, Sol y Sereno en Santurce. Por el momento, estas son las únicas presentaciones programadas.
