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El Museo Reina Sofía reordena su colección con lo queer, los afectos y la disidencia en el centro
MADRID, España
Servicios Combinados | Redacción PSM
El Museo Reina Sofía, en España, ha reconfigurado su colección permanente con una apuesta que trasciende lo museográfico para convertirse en una intervención política y cultural sobre el presente. Bajo el título Colección. Arte Contemporáneo: 1975–Presente, la institución despliega más de 400 obras de 224 artistas —muchas de ellas inéditas— para trazar un recorrido que va desde la salida de la dictadura franquista hasta la actualidad.
Pero no se trata solo de reorganizar piezas: el museo reescribe el canon. Y en ese nuevo relato, lo queer, los feminismos y las disidencias ocupan un lugar central.
“Es un acontecimiento cultural de primera magnitud que refuerza el arte contemporáneo, con la que se abre el foco, se recogen más voces, más miradas y especialmente más miradas femeninas”, afirmó el ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Más allá del discurso institucional, lo que se materializa en sala es una expansión real de las narrativas: cuerpos antes marginados, deseos ocultos y memorias incómodas ahora forman parte del eje principal de lectura.
El director del museo, Manuel Segade, impulsa esta reordenación con una premisa clara: el arte no es un espejo pasivo del pasado, sino una herramienta para entender el presente. “La tarea del museo no es releer el pasado buscando un espejo para la sociedad actual, sino permitir que las preocupaciones del presente encuentren en ese pasado respuestas que permitan comprender que el hoy no es algo dado, sino una construcción necesariamente colectiva”, sostuvo.
Lo queer entra al canon
El recorrido activa una genealogía queer que atraviesa décadas y lenguajes. Desde las figuras disruptivas de Ocaña hasta las prácticas feministas de Judy Chicago, pasando por el cómic abiertamente gay de Nazario o la erotización radical del cuerpo masculino en Tom of Finland, la exposición articula una historia del arte donde el deseo deja de ser subtexto para convertirse en discurso.
Esa línea se profundiza en el trabajo de David Wojnarowicz, cuyas escenas portuarias evocan el cruising como territorio de encuentro, riesgo y afirmación en los márgenes urbanos. Aquí, el deseo no es solo íntimo: es político.
Cuerpo, adicción y memoria del sida
La exposición no esquiva las zonas más duras. La crisis de la heroína aparece en la obra de Iván Zulueta —con Arrebato y el corto Hotel— y en las imágenes de Alberto García-Alix, atravesadas por la pérdida y la ausencia.
La pandemia del sida ocupa un lugar clave en esta narrativa. En Sin título (Tres jaulas), de Pepe Espaliú, el cuerpo se presenta como prisión y fragilidad. A su lado, los Ajuares de Pepe Miralles convierten objetos médicos cotidianos en archivo emocional de cuidado, enfermedad y duelo.
También resuena la obra de Barbara Hammer, recientemente incorporada a la colección, que expande la representación del cuerpo lésbico y la experiencia queer desde el lenguaje audiovisual.
Lo personal es político
Uno de los núcleos más potentes de la muestra se articula bajo esa consigna: lo personal es político. A partir de las transformaciones que siguieron a los disturbios de Disturbios de Stonewall, el arte se convierte en espacio de confrontación contra el binarismo, la norma y la homogeneidad.


Las fotografías de Robert Mapplethorpe, la Semiótica de la cocina de Martha Rosler o los trabajos de Eulàlia Grau evidencian cómo el arte amplificó las herramientas críticas para cuestionar el patriarcado, la moral dominante y las estructuras de poder.
De la dictadura a los derechos
El recorrido arranca simbólicamente en 1975, año de la muerte de Franco, con una obra de Juan Genovés que reivindica los derechos fundamentales y la defensa de los logros democráticos. Desde ahí, la exposición conecta con el proceso histórico que ha llevado a España a posicionarse como uno de los referentes globales en derechos LGBTQ+.
Ese arco no se presenta como una línea triunfal, sino como una construcción colectiva atravesada por luchas, imaginación política y resistencia cultural.
Un museo que toma postura
Lejos de la neutralidad, esta reordenación convierte al museo en un agente activo dentro del debate contemporáneo. Los afectos, el deseo, el cuerpo y la memoria dejan de ser categorías marginales para ocupar el centro del discurso artístico.
Más que una exposición, es una declaración.
El museo ya no mira hacia otro lado 🎨🔥🌈
• El Reina Sofía sacude su colección y reescribe 50 años de arte ⚡
• Más de 400 obras —muchas nunca vistas— entran en escena 🖼️✨
• Lo queer deja de ser margen y pasa al centro del relato 🌈👁️
• El deseo, el cuerpo y los afectos se convierten en discurso político 💥❤️🔥
• El sida, el cruising y la disidencia ya no se esconden: se exhiben 🧬🚧🔥
• España reafirma su narrativa LGBTQ+ desde el arte, no desde el silencio 🏳️🌈
Desde Puerto Rico, donde las luchas por la equidad aún enfrentan resistencias estructurales y vacíos legales, propuestas como esta evidencian el poder del arte para narrar lo que la política muchas veces intenta silenciar. Porque si algo deja claro esta relectura del Reina Sofía es que el futuro también se construye mirando —sin miedo— todo lo que antes se quiso esconder.
