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Las solicitudes para esta visa alcanzaron un récord en enero de 2025, según informó el Servicio de Inmigración y Naturalización de los Países Bajos (IND)
AMSTERDAM, Holanda
Servicios Combinados
Cada vez más ciudadanos LGBTQ de Estados Unidos están emigrando a Países Bajos tras la reelección de Donald Trump, en busca de seguridad, derechos y bienestar, amparados por una visa especial que les da acceso al país europeo.
En los últimos meses, la comunidad LGBTQ estadounidense ha visto incrementarse la discriminación y el temor por la pérdida de derechos bajo la administración de Trump, quien firmó una orden ejecutiva que limita el reconocimiento de género y ha impulsado políticas restrictivas. En respuesta, decenas han optado por mudarse a los Países Bajos, aprovechando el Tratado de Amistad Holandés-Estadounidense (DAFT), que permite a ciudadanos estadounidenses vivir y trabajar en los Países Bajos si abren un pequeño negocio e invierten al menos 4,500 euros.
Las solicitudes para esta visa alcanzaron un récord en enero de 2025, según informó el Servicio de Inmigración y Naturalización de los Países Bajos (IND). El aumento ha sido confirmado también por abogados de inmigración, quienes reportan una oleada de consultas, muchas provenientes de la comunidad LGBTQ tras la reelección de Trump.
Casos concretos ilustran la situación: Alex y Lucy, una pareja trans de Arizona, decidieron emigrar tras experimentar un aumento de hostilidad y discriminación en su entorno. “Pasamos de ser tolerados a ser abiertamente despreciados”, cuenta Lucy. “Para nosotros, quedarse era cuestión de vida o muerte”, agrega Alex, quien también temía perder su seguro médico federal.

El fenómeno se extiende a otras regiones de Europa y América, como Portugal, España, Costa Rica y México, pero Países Bajos destaca por su historial de inclusión y la facilidad relativa que brinda el DAFT. El permiso de residencia tiene vigencia de dos años, renovable, y no exige inversiones desproporcionadas.
Activistas y especialistas en reubicación LGBTQ corroboran la tendencia. La ONG local LGBT Asylum Support reporta decenas de consultas por parte de estadounidenses trans, y asesores como Jess Drucker mencionan un incremento “mayor” en las peticiones de asesoría para mudanza, motivadas por el temor ante la erosión de derechos civiles.
No obstante, el acceso a esta vía de migración no es universal. Muchas personas trans, especialmente racializadas o de bajos recursos, no pueden costear la mudanza ni cumplir los requisitos económicos del DAFT. Por ello, organizaciones holandesas han solicitado al gobierno que considere otras opciones, como la concesión de asilo, aunque no se prevén grandes cambios por razones diplomáticas.
Mientras tanto, quienes logran llegar a Países Bajos, como Alex, Lucy y otros casos mencionados, expresan esperanza y alivio, aunque persiste la preocupación sobre el futuro del programa migratorio, en un contexto político europeo incierto. “Ahora tengo esperanza”, afirma Lucy, pero admite su temor a que posibles cambios políticos terminen con el acuerdo DAFT al que se acogieron para comenzar una nueva vida lejos del miedo y la discriminación.

