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Jamás me comí un relleno de papa con tanto gusto. Tenía tanta indignación que, sin darme cuenta, lo engullí completo
A Batista y a mí, nos gusta mucho una cafetería que hay en Carolina en la que venden unos rellenos de papa que me gustan mucho; un chinchorro que ni mesas tiene. Te tienes que comer las cosas de pie, en unos topes de metal pegados a la pared. Siempre pido un relleno de papa acompañado con un café de 12 onzas y dos Splenda. Sé que es veneno para el cuerpo, pero Batista pide una empanadilla de pizza y una Coca Cola, así que no sé qué es peor. Además, más veneno que el que nos metemos al cuerpo con Obras Públicas, Hacienda, el CRIM, el Fondo del Seguro del Estado, WIPR, LUMA y el Remix de WAPA… imposible.
Sigamos con los rellenos…
Un día, estábamos en proceso de producción de una obra en Bellas Artes de Santurce y paramos en Marshalls para comprar una utilería. La pequeña cafetería está justo al lado; comprar nuestra porción de veneno era mandatorio.
Nos entregan lo que pedimos y yo, como siempre, comienzo a tirarle pedacitos de mi relleno a las palomas que están allí, que son muchas. Me da pena porque algunas están todas ejpeluzás o están medias cojas o les falta una patita y no pueden competir con las más sanas para comer algo… Na’ esa jodía empatía que tantos problemas me trae. Pues este día, no fue la excepción.
Durante el proceso había una señora dándonos la vuelta en una actitud incómoda; nos miraba, pero no decía nada. Daba la vuelta y miraba nuevamente, pero seguía en silencio. Era obvio que deseaba unos minutos de conversación. Como era de esperarse, me poseyó el espíritu de Super Empaticón Doble EE; sí, un súper héroe que habita mis adentros en silencio y que me hace luchar por las cusas perdidas. Total, ya lo tenía a flor de piel para darle la mitad de mi relleno a las palomas… así que lo dejé fluir y puse mi oído al servicio de la linda e inofensiva señora, que vestía su bonita falda de mahón hasta los tobillos, camisa over size floreada y abotonada de arriba abajo, por fuera de la falda, por supuesto; tenis blancos y su abundante cabellera, un poco más debajo de sus glúteos. Cualquier semejanza con algún estereotipo, lo están pensando ustedes… yo no he dicho nada. Solo estoy siendo un escritor responsable con su narrativa.
Señora: Ay qué muchas palomas.
Yo: Sí… es que tienen hambre.
Señora: Pero son animales malos.
Yo: No son animales malos… solo tienen hambre. (Batista en silencio)
Señora: (Comentario traído por los pelos) Yo soy cristiana, pero tengo amigos gays y lesbianas. tengo un amigo que se viste de mujer y todo… pero yo oro por ustedes.
Yo: Usted no tiene que orar por mí, yo soy un gran ser humano.
Señora: Sí… pero cómo los matan. (Mutis de Batista. No sé si por temor a mí o por pena a lo que le venía a la señora).
Yo: Sí… nos matan porque personas como usted se reúnen en sus templos a sembrar odio y desinformación. Pero no se preocupe, yo voy a orar por usted. Ah, y no le vaya a tirar de su veneno a las palomas; tampoco son malas… solo tienen hambre. Además, son primas de La Paloma de La Paz.
Jamás me comí un relleno de papa con tanto gusto. Tenía tanta indignación que, sin darme cuenta, lo engullí completo. Pero no crean que falté a mis principios. Hice la fila nuevamente, compré otro relleno y se lo dejé picadito en el suelo a las palomas. también les compré un cappuccino pero ellas prefirieron CocaCola…
Tardé como media hora en encontrar a Batista.
A Super Empaticón Doble EE, estuve más de dos semanas sin saber de él… me tiene harto.

