Share This Article
Vivimos una era en la que la palabra paz se pronuncia más de lo que se practica
“Imagine all the people living life in peace…”
— John Lennon
Por Rev. Ignacio Estrada Cepero, para Pride Society Magazine
Hay canciones que no envejecen porque nacen de la entraña del alma humana. Canciones que no pertenecen a una década ni a una nación, sino a la memoria colectiva del mundo. Imagine, de John Lennon, es una de ellas. Su melodía es una plegaria sin templo, un credo sin religión, un manifiesto sin frontera. Medio siglo después, sigue siendo una de las composiciones más revolucionarias jamás escritas, un eco que resiste al paso del tiempo y a la sordera del poder.
Cantar “imagina que no hay países” en un planeta que se desangra entre guerras y migraciones forzadas, entre muros que dividen y océanos convertidos en tumbas, parece hoy un acto de resistencia. Repetir “imagina que no hay religión” en tiempos donde la fe se utiliza para excluir, condenar y someter, es una herejía necesaria. Y tararear “imagina que toda la gente comparte el mundo” cuando millones de seres humanos siguen siendo despojados de su tierra, su hogar y su dignidad, es una profecía que todavía incomoda.
Vivimos una era en la que la palabra paz se pronuncia más de lo que se practica. Los discursos se llenan de promesas, mientras los pueblos se vacían de esperanza. Gobiernos que se jactan de libertad encarcelan a quienes piensan distinto; naciones que se declaran democráticas gobiernan con el miedo; sistemas que hablan de progreso alimentan el hambre. Y entre tanto ruido, la voz de Lennon sigue resonando como un relámpago en medio de la niebla:
“You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one…”
Quizás hoy, más que nunca, necesitamos volver a imaginar.
Imaginemos por un momento que Lennon despertara en este siglo convulso. ¿Qué escribiría al ver cómo los derechos conquistados retroceden? ¿Qué sentiría ante los discursos de odio que se disfraza de patriotismo? ¿Qué pensaría de las fronteras cerradas a quienes huyen del hambre o de la guerra, o de los mares que devuelven cuerpos sin nombre?
Tal vez no cambiaría una sola palabra de su canción. Tal vez solo subiría el volumen. Porque Imagine no es un sueño ingenuo: es una exigencia moral, una advertencia a la humanidad.
El problema no es que el mundo haya olvidado a Lennon.
El problema es que el mundo ha dejado de imaginar.
Nos hemos acostumbrado a la violencia como si fuera paisaje.
A la desigualdad como si fuera destino.
A la mentira como si fuera estrategia.
Y en ese acostumbramiento, en esa renuncia silenciosa, se esconde nuestra derrota más profunda.
Imagina que en lugar de levantar muros, levantáramos escuelas.
Imagina que en vez de crucificar la diferencia, la celebráramos.
Imagina que la economía estuviera al servicio de la vida, y no la vida al servicio de la economía.
Imagina que el poder fuera servicio, y no dominio.
Imagina que la fe fuera sinónimo de amor, y no de exclusión.
Imagina que el planeta dejara de ser un recurso y volviera a ser un hogar.
No se trata de utopías. Se trata de humanidad.
De esa humanidad que hoy sangra en Gaza, tiembla en Haití, huye en África, resiste en América Latina y llora en Ucrania. De esa humanidad que no cabe en una sola bandera ni en un solo idioma. De esa humanidad que Lennon soñó sin saber que medio siglo después seguiríamos necesitando su sueño.
“Imagine all the people sharing all the world…”
Quizás eso es lo que más teme el poder: un mundo compartido.
Un mundo donde el amor valga más que las armas, donde la justicia no dependa del color, del credo ni del dinero.
La canción de Lennon no pide revoluciones armadas ni promete paraísos.
Nos pide algo más difícil: nos pide cambiar el corazón.
Hoy, cuando el odio se propaga más rápido que la verdad, Imagine sigue siendo un faro encendido. Nos recuerda que el cambio comienza en la mente, en la palabra, en el gesto más pequeño de compasión. Nos recuerda que ningún imperio, ningún gobierno, ninguna ideología podrá sostenerse sobre el dolor de los pueblos.
Porque la paz no se decreta: se construye.
Y la esperanza no se compra: se siembra.
Quizás el milagro que Lennon imaginó no era un cielo sin infierno,
sino un mundo donde nadie tenga que morir por vivir en paz.
Porque sí, Lennon tenía razón:
“You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one.”
Y mientras haya quienes sigan soñando, el mundo todavía tendrá remedio.

