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Un estudio internacional revela estrategias organizadas para difundir odio hacia la comunidad LGBTQ+, mientras Puerto Rico enfrenta su propio reflejo digital del prejuicio
MADRID, España
Servicios Combinados
La red social X (antes Twitter) se ha convertido en un estercolero digital donde florecen las campañas de odio. Según un estudio reciente de la Federación Estatal LGTBI+ (Felgtbi+), en la plataforma existen estrategias coordinadas para deshumanizar a las personas LGBTQ+ y patologizar sus identidades, valiéndose de perfiles falsos, bots y algoritmos programados para amplificar la violencia.
El análisis examinó unas 30,000 publicaciones generadas entre el 28 de mayo y el 10 de julio —en torno a las celebraciones del Orgullo 2025—, y encontró una avalancha de mensajes de desprecio dirigidos a todas las siglas del colectivo: gais, lesbianas, bisexuales, personas trans, intersex y no binarias. Cada grupo fue objeto de narrativas distintas, pero todas con un mismo fin: la deshumanización.
Musk y la “libertad” de odiar
Desde que el tecnolord Elon Musk adquirió la red, las dinámicas de interacción se han vuelto abiertamente nocivas. La eliminación de mecanismos de moderación —bajo el argumento de proteger la “libertad de expresión”— ha servido para normalizar el acoso, la desinformación y los ataques contra comunidades históricamente marginadas.
En lugar de debate, hay ruido. En lugar de diversidad, hay polarización. En X, el odio genera clics, y los clics generan dinero.
Grokipedia: la “verdad” al servicio del sesgo
Como parte de esa deriva ideológica, Musk presentó esta semana la Grokipedia, una herramienta de inteligencia artificial integrada a X que promete “decir toda la verdad”. En la práctica, ofrece definiciones sesgadas y conservadoras sobre género, feminismo, inmigración y cambio climático.
En su entrada sobre género, por ejemplo, lo reduce a “la clasificación binaria de los seres humanos según el sexo biológico”, ignorando décadas de investigación y pensamiento académico como el de Judith Butler.
El aparato no busca informar: busca moldear percepciones desde una narrativa ultraconservadora, reforzando la llamada “guerra cultural” que intenta revertir derechos civiles y sociales conquistados con décadas de lucha.
Bots y violencia automatizada
El informe de la Felgtbi+ detectó un dato revelador: el 5.7% de las cuentas que atacan a personas LGBTQ+ son bots, el triple del promedio de la red. Es decir, buena parte del odio que circula en X es artificial, fabricado para aparentar respaldo social y manipular la opinión pública.
En Puerto Rico, activistas y organizaciones han denunciado un patrón similar. Cada vez que una figura pública defiende la equidad de género o los derechos de las personas trans, se desata una avalancha de ataques coordinados en redes. Muchos provienen de cuentas anónimas o recién creadas, replicando mensajes de odio copiados de campañas internacionales.
El espejismo del basurero digital
Lo que ocurre en X no refleja la realidad. Es un trampantojo diseñado para dividir y manipular. Sin embargo, sus consecuencias son reales: el acoso digital y la desinformación alimentan el miedo, normalizan el prejuicio y erosionan la confianza en los derechos humanos.
Mientras tanto, iniciativas como el Orgullo de Taipéi, celebrado bajo el lema “Más allá de los enlaces, más que clics”, recuerdan que el antídoto contra la deshumanización virtual es volver a la vida tangible, al encuentro, al diálogo real.
Puerto Rico ante el espejo
En la Isla, donde las redes sociales se han convertido en arenas de linchamiento político y moral, el mensaje es claro: el odio no representa a la mayoría, aunque grite más fuerte. Resistir el algoritmo también es un acto de justicia.
Borrarse de esa plataforma —negarle atención y rentabilidad al odio— es, quizás, el gesto más revolucionario. Porque nadie, literalmente, quiere conversar en un basurero.

