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Lo que inicia como un intercambio casual va dando paso a diálogos que revelan inquietudes personales, aspiraciones profesionales y relaciones afectivas
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Como parte de la programación del 123.º aniversario del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, el Teatro UPR ha presentado dos propuestas recientes. La pasada semana subió a escena Mi Pequeño Poni, en tres funciones, obra que ya había sido reseñada por Pride Society Magazine en su anterior puesta en el Teatro Francisco Arriví. Esta semana, el turno es de Laundromat, en dos funciones, reafirmando el espacio del teatro universitario como plataforma activa de creación.
Escrita y dirigida por el dramaturgo puertorriqueño, natural de Yauco, Luis Cervoni, Laundromat cuenta con las actuaciones de José Enrique Segarra Bravo —quien nos enamoró en Un coquí y un cucubano— y Juliana Rivera Díaz, quienes dan vida a Sergio y Andrea, respectivamente.
La pieza tiene un recorrido particular: surge en mayo de 2022 como presentación de clase, pasa en febrero de 2023 al Centro de Bellas Artes de Santurce y regresa ahora, en marzo de 2026, a su punto de origen por invitación de la institución, como parte de esta celebración.
En función a sala llena —incluso en un horario poco habitual de mediodía—, la obra confirma el interés del público por propuestas íntimas. Presentada en formato arena, la cercanía entre actores y espectadores elimina distancias y permite una experiencia directa, donde cada gesto, silencio y mirada se perciben con claridad.


La historia parte de un encuentro aparentemente cotidiano: dos jóvenes coinciden en una lavandería de un condominio y comienzan a conversar. Lo que inicia como un intercambio casual va dando paso a diálogos que revelan inquietudes personales, aspiraciones profesionales y relaciones afectivas. La pieza se construye desde esa conversación, encontrando en lo sencillo su mayor fortaleza.
Las actuaciones sostienen la propuesta con solidez. Segarra Bravo y Rivera Díaz logran una química evidente, marcada por la naturalidad y el manejo preciso de los tiempos. Los silencios, lejos de sentirse vacíos, están cargados de intención y aportan profundidad a la relación entre los personajes. La expresividad, particularmente en los momentos más sensibles, se percibe honesta y bien trabajada.
En un punto clave de la obra, una revelación transforma la dinámica entre los personajes y cambia la manera en que el público interpreta lo que ha visto hasta ese momento. A partir de ahí, la pieza adquiere un nuevo peso emocional, sin perder el equilibrio entre la comedia y los momentos más íntimos.
La dirección, a cargo del propio autor, aprovecha al máximo el espacio escénico y demuestra un conocimiento claro de la historia que quiere contar. Cada movimiento, cada pausa y cada uso del espacio responden con precisión al desarrollo de la escena. La escenografía, a cargo de Skylar Agosto, estilizada pero funcional, recrea una lavandería llena de detalles y permite múltiples niveles de acción. Cada área aporta al recorrido emocional de la pieza y refuerza las distancias —o cercanías— entre los personajes.
Desde que el público entra a sala, la experiencia comienza antes de la primera escena. Un sutil olor a suavizador de ropa ambienta el espacio y ubica de inmediato la acción. A esto se suma un diseño sonoro efectivo, que incorpora el sonido de las máquinas de lavar y secar en momentos precisos, haciendo que el ambiente se sienta completo sin distraer de la acción.
La iluminación, por su parte, cumple un rol importante al crear atmósferas dentro del formato arena. A través de luces puntuales, se logran momentos de mayor intimidad que concentran la atención en los personajes y sus emociones, cerrando el espacio cuando la escena lo requiere.
Laundromat, presentada como parte del 123.º aniversario del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, se convierte en una muestra clara del nivel de trabajo que puede surgir desde el teatro universitario cuando hay disciplina, sensibilidad y compromiso. Es una propuesta completa, cuidada en cada detalle y sostenida por un equipo que entiende lo que está contando. Una producción que me cautivó por su sencillez y por la forma en que se presenta. Es de esas experiencias que, sin hacer ruido innecesario, logra quedarse con el público mucho después de que termina la función.
