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“Anastasia: Edición Juvenil” es una producción sólida que evidencia crecimiento colectivo y madurez interpretativa
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
La primera planta del Teatro de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, estuvo llena en la función de estreno de Anastasia: Edición Juvenil, abierta al público general. El público, compuesto por familiares y estudiantes, confirmó el respaldo creciente al Taller de Teatro Musical de la UHS. La producción contará además con una segunda función dirigida a estudiantes de escuelas.
Desde su apertura, el montaje marcó el tono con una imagen impactante que anunciaba una apuesta más ambiciosa. El primer momento coral mostró un trabajo vocal sólido y bien balanceado. Durante los primeros quince minutos se presentaron problemas técnicos con los micrófonos —apagones
momentáneos y el sonido perceptible al activarlos— que afectaron brevemente la fluidez de algunas intervenciones. Aun así, el elenco mantuvo concentración, y el manejo técnico mejoró conforme avanzó la función.
La dirección general del Prof. David E. Ocasio Vega, junto a la dirección artística de los estudiantes Suil Martínez Valentín y Joaquín De Jesús Lladó, evidencia un crecimiento claro en el manejo del montaje. Se percibe mayor control en las transiciones y un ritmo narrativo más definido. La escenografía, apoyada en niveles y proyecciones, facilitó los cambios de ambiente con fluidez. Destacó particularmente la escena del tren, en la que la estructura móvil combinada con las proyecciones en movimiento creó una sensación dinámica de viaje sin sobrecargar la narrativa.
Merece también reconocimiento el equipo técnico que realizó los cambios escenográficos en oscuridad con precisión y rapidez. Las transiciones fueron ágiles y bien coordinadas, permitiendo que el ritmo del montaje no se detuviera y manteniendo la continuidad visual entre escenas.
No obstante, en algunas escenas se utilizó una de las puertas laterales sin integrar completamente el entorno, dejando visible un rótulo de fondo que rompía momentáneamente la ilusión escénica. Asimismo, aunque la iluminación aportó atmósferas acertadas, hubo instantes en los que los protagonistas quedaron parcialmente a oscuras, afectando la visibilidad en momentos clave.




El vestuario, diseñado por Beliza Torres Narváez, merece reconocimiento especial. La propuesta logró situar con claridad cada época y contexto social del relato. Desde la corte imperial hasta el París nocturno, hubo coherencia estética y cuidado en los detalles, reforzando la credibilidad histórica del montaje.
Con 38 intérpretes en escena, la producción apuesta por un trabajo colectivo de gran escala que exige organización, ensayo riguroso y cohesión escénica. En el plano actoral, Alexa Santiago Pérez asume el rol de Anya con una seguridad mayor a la que mostró en El Mago de Oz. Su presencia escénica es firme y su voz, potente y controlada, sostiene con autoridad los momentos musicales. Destaca el equilibrio entre canto y actuación, construyendo una protagonista con vulnerabilidad y determinación creíbles.
Diego Ocasio Rivera, como Dmitry, establece una química natural junto a Alexa, generando reacciones entusiastas del público en sus escenas compartidas. Arturo Montañez Adorno, como Vlad Popov, aporta frescura y carisma al trío protagónico, con un trabajo actoral bien medido y sólida proyección vocal. Por su parte, Joaquín De Jesús Lladó imprime tensión auténtica a Gleb, manejando el conflicto interno con seguridad y profundidad. Suil Martínez, como la Emperatriz Viuda, sostuvo con sobriedad y presencia escénica uno de los personajes de mayor peso histórico dentro del relato, equilibrando autoridad y sensibilidad. Asimismo, Sofía Mújica asumió múltiples personajes a lo largo del montaje y destacó vocalmente en su intervención como la Condesa Ipolitov, manteniéndose a la par de sus compañeros tanto en actuación como en canto.
Ya en París, Victoria Arenciba Maestre, como Lily Malevsky-Malévich, aportó elegancia y carácter al cuadro nocturno. Su interpretación vocal destacó por la claridad del timbre y la proyección segura, convirtiéndose en uno de los momentos musicales más logrados de la noche.
Los números de conjunto se distinguieron por su energía y precisión. Los coros se escucharon afinados y consistentes, mientras las coreografías, trabajadas por Daniela Dávila Rodríguez, demostraron estructura, dinamismo y buen manejo del espacio escénico. Se percibe ensayo riguroso en las transiciones y una coordinación clara entre música y movimiento.
El cuarteto de ballet —Soleil Acosta, Daniela Dávila, Sofía Guarinello y Ámbar Ortiz— merece mención especial. Hubo técnica visible, trabajo firme en puntas y limpieza en las líneas corporales. La estabilidad y la sincronía grupal elevaron visualmente uno de los segmentos más exigentes del montaje.
Si El Mago de Oz fue una celebración del entusiasmo juvenil, Anastasia representa un paso más maduro en el proceso artístico del Taller. Se percibe mayor control escénico, profundidad interpretativa y confianza colectiva.
La función culminó con una ovación de pie genuina, reflejo del crecimiento alcanzado y del compromiso evidente de estos jóvenes artistas.
