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El avance del autoritarismo comienza siempre por atacar la diversidad
WASHINGTON, DC
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En medio de una marea humana que llenó Times Square con consignas de libertad y justicia, millones de estadounidenses se manifestaron en la llamada No Kings March, una de las protestas más multitudinarias en la historia moderna de Estados Unidos. Más de siete millones de personas en los 50 estados denunciaron lo que perciben como un acelerado giro autoritario del país bajo el mandato del presidente Donald Trump, quien ha utilizado el poder ejecutivo para desmantelar protecciones básicas para la comunidad LGBTQ+.
Los manifestantes, con pancartas que proclamaban “love reigns, not kings” y “we stand with our trans family”, advirtieron que los ataques del presidente contra los derechos queer no son incidentales: son una estrategia de poder. Para analistas y organizaciones de derechos humanos, la represión de las minorías sexuales suele ser el primer síntoma del debilitamiento de una democracia.
“El deterioro de los derechos LGBTQ+ y la erosión de las instituciones democráticas se refuerzan mutuamente”, explicó Ari Shaw, director de Programas Internacionales del Williams Institute. “El aumento de la persecución a las minorías es, en sí mismo, una señal de retroceso democrático”.
El abuso del poder presidencial
Desde su regreso al poder, Trump ha firmado cientos de órdenes ejecutivas, muchas sin pasar por el Congreso, consolidando una autoridad casi monárquica. Entre las más controversiales: el restablecimiento de la prohibición a personas trans en las fuerzas armadas, la eliminación de políticas inclusivas en el deporte escolar y la instrucción federal de reconocer únicamente dos sexos.
También ha recortado más de mil millones de dólares en fondos de investigación sobre VIH, cancelando más del 70% de las subvenciones globales. Estas decisiones, además de poner en riesgo vidas, simbolizan el desprecio institucional hacia poblaciones queer y vulnerables.
El profesor Dave Owen, de la Facultad de Derecho de la Universidad de California en San Francisco, resume el impacto: “Esta administración ha roto con las normas básicas de gobernanza. El nivel de ilegalidad y de desprecio por los límites institucionales es alarmante”.
Protesta y resistencia legal
Ante el abuso de poder, organizaciones como Lambda Legal y Human Rights Campaign han interpuesto más de 460 demandas contra las políticas del presidente. Entre ellas, impugnaciones a la prohibición del servicio militar trans y a la negación de fondos federales para proveedores de salud que atienden a menores trans.
Para jóvenes como Zoe Boik, de 17 años, la movilización también tiene un sentido generacional. “Crecí escuchando a Trump insultar a la comunidad LGBTQ+. Tengo miedo de que un día no podamos votar. Pero también sé que protestar es nuestra forma de resistir”, dijo durante la marcha.
Un patrón que se repite
La investigación citada por Shaw identifica un patrón global: la represión de las personas LGBTQ+ suele preceder al colapso de instituciones democráticas. Países como Polonia, Hungría y Brasil han seguido ese camino. En Brasil, el expresidente Jair Bolsonaro cuestionó el sistema electoral, atacó la prensa, censuró la educación y promovió el odio hacia las personas queer antes de ser condenado por intento de golpe de Estado.

En Polonia, el partido ultraconservador Ley y Justicia convirtió la homofobia en política de Estado, estableciendo “zonas libres de ideología LGBT”. En todos los casos, el discurso anti-LGBTQ+ sirvió para movilizar miedo y consolidar poder.
Trump, según los expertos, sigue la misma fórmula. Durante la campaña de 2024, gastó más de 200 millones de dólares en anuncios contra personas trans, superando con creces la inversión en temas económicos. “Es una estrategia electoral que apela al odio y al miedo”, señaló Shaw. “Convertir a las personas trans en chivos expiatorios distrae a la población de los verdaderos problemas del país”.
La religión como herramienta política
El resurgimiento del cristianismo nacionalista en la política estadounidense refuerza este panorama. Trump ha promovido biblias oficiales, creado un grupo federal para combatir la “discriminación contra cristianos” y respaldado el llamado Project 2025, que propone un gobierno basado en “principios bíblicos”.
Para líderes religiosos progresistas, esto no es fe, sino manipulación. “Usan el lenguaje del cristianismo para justificar el odio”, dijo el reverendo Chris Shelton, un pastor gay que participó en la protesta. “Nuestra fe se trata de acoger al marginado, no de negarle dignidad”.
Heidi Beirich, del Global Project Against Hate and Extremism, lo resume sin ambigüedades: “En los regímenes autoritarios modernos, la comunidad LGBTQ+ es el primer blanco. Destruir sus derechos es el primer paso para desmantelar los derechos civiles de todos”.
Un espejo para Puerto Rico
Aunque la Isla no vive bajo el mismo tipo de gobierno, las señales de alerta también son visibles. Discursos políticos y religiosos que promueven la intolerancia hacia las personas trans, intentos de censura cultural y el auge de movimientos conservadores son parte de una tendencia preocupante. Puerto Rico, como territorio estadounidense, no está exento del impacto de políticas federales que restringen fondos, educación o libertades.
Las organizaciones de base en la Isla han advertido sobre la importancia de mantener vigilancia y participación activa. La defensa de los derechos humanos —señalan— no puede darse por sentada. “Cuando se atacan los derechos de las personas LGBTQ+, se está ensayando cómo silenciar a toda la sociedad”, ha afirmado en repetidas ocasiones el Observatorio de Equidad de Género de Puerto Rico.
La lección del activismo
En tiempos de autoritarismo, la comunidad queer ha demostrado una y otra vez su capacidad de resistencia. Un estudio de 2012 reveló que las personas LGBTQ+ son veinte veces más activas en movimientos liberales y de justicia social que sus contrapartes heterosexuales.
Esa tradición de lucha es, para muchos, el antídoto frente a la desesperanza. “Hay que seguir mirando de frente lo que ocurre y actuar políticamente”, instó la profesora Jodi Short. “La única forma de frenar el autoritarismo es no mirar hacia otro lado”.
Mientras tanto, jóvenes como Zoe Boik esperan cumplir 18 años para votar por primera vez. Su mensaje es simple: “Si no votamos, no tenemos voz. Y si no defendemos nuestros derechos hoy, mañana puede ser demasiado tarde”.
CLAVES DEL AUTORITARISMO Y LOS DERECHOS LGBTQ+ 🏳️🌈⚠️
• 🌎 La protesta más grande en 50 años. Más de 7 millones de personas participaron en la No Kings March contra el autoritarismo de Donald Trump y sus políticas anti-LGBTQ+.
• 🏛️ Ataques desde el poder. Trump ha firmado cientos de órdenes ejecutivas que restringen derechos de personas trans, eliminan fondos de VIH y debilitan protecciones civiles.
• 📉 El patrón global. Estudios del Williams Institute confirman que la persecución LGBTQ+ suele preceder al colapso democrático, como ocurrió en Polonia, Hungría y Brasil.
• ✝️ Cristianismo nacionalista. La mezcla entre religión y poder político impulsa una visión autoritaria que busca imponer “principios bíblicos” sobre los derechos humanos.
• 🎯 El primer blanco. Los regímenes autoritarios atacan primero a las personas LGBTQ+ porque su exclusión debilita la defensa de todos los derechos civiles.
• 🗳️ La respuesta. Organizaciones y activistas llaman a resistir, participar y votar: la vigilancia ciudadana es el antídoto frente al autoritarismo.

