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La obra demuestra una lucha interna de poderes, tres cerebros que piden a gritos un descanso y tres corazones que se ocultan dentro un enorme desconsuelo
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Ilia Ballester, para Pride Society Magazine
El pasado domingo, 7 de septiembre de 2025, la Sala de Festivales Antonio Paoli del Centro de Bellas Artes de Santurce sirvió de sede para la segunda puesta en escena del musical Casi Normales (Next to Normal). Este majestuoso proyecto es de la autoría del libretista y compositor Brian Yorkey. La obra adaptada y basada en la traducción de Pablo del Campo y bajo un equipo de producción netamente puertorriqueño.
El texto retrata la cruda realidad de una familia que hace lo posible por aparentar una normalidad, dentro de un hogar que vive desde y para el trauma: un matrimonio marcado por un duelo no trabajado, una esposa bipolar, depresiva, delirante con historial de medicación durante dieciseis años. Y más: una hija que sufre los estragos y recibe las migajas al ser totalmente invisibilizada por una madre paciente de salud mental que se debate entre el caos y el delirio. La obra demuestra una lucha interna de poderes, tres cerebros que piden a gritos un descanso y tres corazones que se ocultan dentro un enorme desconsuelo, mientras intentan continuar en una sociedad que les pide ser normales.
Sara Jarque protagonizó a Diana, una madre paciente de salud mental, que vive en un eterno duelo intentando mantener la normalidad. Por ocasiones sufre brotes psicóticos, un duelo que tiene un rostro que han de descubrir. La veterana actriz demostró disciplina y una gran sensibilidad en el manejo de su personaje. Mostró total dominio de la gestualidad en los momentos de crisis, el movimiento corporal y su proyección. Pudo entonar las líneas del texto, a pesar de lo difícil de alcanzar ciertas notas musicales. Jarque demostró lo gran actriz que es al salirse totalmente de su zona de confort y trabajar un proyecto con múltiples retos relacionados a la disciplina musical de la voz. Es aquí cuando se reconoce el gran trabajo del coach vocal, Pedro José, y el trabajo de todos los actores.
Ernesto Javier Concepción personificó a Dan, esposo de Diana la protagonista, un hombre que en ocasiones aparenta ser el proveedor de su hogar y en otras instancias es quien realmente lleva el timón de un barco a la deriva. Es el cuidador, el que nunca ha querido enfrentar su realidad, los silencios y la soledad, ya sea por machismo o por una cultura que invisibiliza la necesidad del llanto y la terapia al momento de encarar una tormentosa realidad; el llanto y la terapia como elementos necesarios para encarar los demonios y sanar el duelo. Su dramatización fue una totalmente madura y sensible. Fue el rostro de muchos puertorriqueños padres de familia, cuidadores de familias disfuncionales. Su actuación fue totalmente creíble y cautivadora. Pudo entonar y alcanzar las notas que se requirieron dando la talla de su personaje.


















El primer actor René Monclova caracterizó al Doctor Dan (psiquiatra de Diana). El teatrista demostró su histrionismo, control de sus movimiento corporal, entonaciones y gestualidad. Su capacidad de improvisar y jugar con el personaje en las tablas fue grandioso. Encarnó a un especialista en la rama de la salud mental, un tanto comercializado y no orientado a la sanación o a la terapia de familia como primera opción.
La joven actriz Yeidimar Ramos interpretó el papel de la hija totalmente rebelde, producto de muchos años de invisibilidad, de cargar la huella de su existencia como remplazo y no como ser que viene a nutrirse de sus padres para luego ser libre y feliz. Esta profesional se adueñó del escenario. Demostró talento para la disciplina del canto, llegó a sus tonos agudos y graves y se proyectó como una total artista. Se le augura mucho éxito ante proyectos venideros, por el ángel y el talento que posee. Eric Yamil como Henry, quien ya ha protagonizado varios musicales, demostró una vez más su gran talento para el teatro musical, disciplina que no todo artista domina.
Jacnier como Gabe es la voz presente en la psicosis y las alucinaciones. Es el pasado en carne viva, latente e imborrable. Este joven actor demostró que esto a penas es el inicio de muchos proyectos por venir. Transmitió control de su personaje, alcanzó sus tonos y pudo dominar un género que no necesariamente es su especialidad. Demostró humildad y agradecimiento ante el mar de gente que le fue a saludar luego de concluir su labor
La escenografía, dirección escénica y diseño de iluminación, estuvo a cargo de Miguel Rosa, quien nos plasmó toda la ambientación en un encuadre realista y funcional. Fue el guardián de simbolismos metafóricos y encasillados que hacen alegoría a la forma en la que los recuerdos se almacenan en nuestro cerebro. En cuanto a las luces, demostró versatilidad y servieron de control al momento de anticipar episodios de crisis, brotes psicóticos, letargos y de vuelta a la calma. Los colores de luces que predominaron fueron: el verde para simbolizar el agotamiento mental, el rojo como preludio de crisis, el amarillo activando el cerebro y el azul como simbolismo de depresión y al final como símbolo serenidad. Flor Marina, estuvo a cargo del diseño de utilería y fue pieza clave a la hora de buscar y rellenar los espacios con todo aquello que evoca y despierta emociones.
El diseño de vestuario estuvo a cargo de Alba Kerkadó quien nos mostró una carta de colores tales como: gris, negro, blanco, azúl bastante a la par con el mensaje que se pretende llevar. El sonido a cargo de Yenzy Escalera, estuvo bien logrado y en ningún momento se interpuso el volumen de la música con la de los artistas. El director musical fue el profesor Rubén Amador y su orquesta compuesta por: Yabey Marcano (batería), Carlos Cruz (piano), Juan Carlos Rodríguez (guitarra), Angel “Manny” Trinidad (bajo), Stephanie Berríos Adorno (violín) y Omar Nival en el (violonchello). La música estuvo a otro nivel, y deleitaron al público con gran dominio de varios géneros musicales tales como: rock y Jazz. El maquillaje fue responsabilidad de Bryan Villarini, quien logró plasmar en cada personaje la esencia de su excelente trabajo.
Los efectos visuales estuvieron geniales ya que la escenografía funcional servía de canvas para proyectar lo que fuera necesario. La grabación de la voz en psicósis protagonizada por Jacnier, fue en vivo y a todo color y en constante movimiento. El diseño gráfico a cargo de Luzmarie Santana-Ramírez fue una genialidad y evocó a los efectos visuales y especiales atemperados con la realidad en pleno siglo 21. Redondearon la puesta la producción ejecutiva del productor Tony Mojena y la actriz Sara Jarque y la producción general por Bobby Martineau.
Dentro de las figuras importantes de nuestro país se dieron cita: Yizette Cifredo, Victor Santiago, Magaly Carrasquillo, Juan Pablo Díaz, Alfonsina Molinari, Jorge Castro, Gabriela Sáker, Carmen Jovet, Silverio Pérez, miembros de Teatro Público, personal de la Escuela Especializada en Teatro José Julián Acosta y Calbo (ECET) de San Juan, entre otros tantos. La pieza contó con un público latente que se vivió cada acto a la saciedad. Se escucharon llantos catárticos, aplausos y ovaciones. Fue un público, totalmente identificado y conmovido ante un tema pertinente y que nos ocupa a todos.
En palabras de la estudiante doctoral en Neurociencias, la profesora Martha Rivera Rondón, este musical nos invita a reflexionar sobre la necesidad de que todos los miembros de la familia se involucren en un proceso de terapia de familia especializado y consecuente; de la importancia de sanar para darnos del todo en nuestros roles; la forma de entender cómo funciona el cerebro y como todo aquello que el ser humano encuentra pertinente es lo primero que recuerda; reconoce la importancia de la medicación, no obstante,habría que preguntarse sí realmente la medicación debe ser la primera opción en todos los casos
Sin lugar a dudas, este gran proyecto debería continuar exhibiéndose por el papel tan importante que juega la salud mental en los seres humanos. Enhorabuena.
