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Cada edición, cada columna, cada nota cultural, cada historia de vida que se publica en Pride Society Magazine es una declaración: seguimos aquí. Seguimos vivos. Y no vamos a retroceder
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Rev. Ignacio Estrada Cepero, para Pride Society Magazine.
Hay espacios que no hacen ruido, pero estremecen. Espacios que no gritan, pero resuenan en el alma de un pueblo que ha aprendido a resistir. Pride Society Magazine es uno de ellos. No es un medio más. Es un altar donde cada palabra publicada es una vela encendida contra la oscuridad de la indiferencia.
En días donde se legisla a espaldas del pueblo, donde se fabrican proyectos como el PS-1 o el PS-350 para silenciar lo que molesta, castigar lo que no encaja y deshumanizar lo que no entienden, Pride Society Magazine no se doblega. Hace lo que pocos hacen: contar la verdad desde la dignidad.
No es un panfleto. No es un espacio para alimentar egos. No se vive del espectáculo ni se negocia la integridad. Esta revista, nacida desde y para la comunidad LGBTQ+, ha demostrado que el periodismo puede ser un acto de justicia. Que se puede informar sin manipular. Que se puede educar sin imponer. Que se puede amar desde las palabras.
Cada edición, cada columna, cada nota cultural, cada historia de vida que se publica en Pride Society Magazine es una declaración: seguimos aquí. Seguimos vivos. Y no vamos a retroceder.
Durante mi tiempo en Puerto Rico, he tenido el privilegio de unirme a esta causa que es Pride Society Magazine. Llegué con la mochila cargada de historias, sueños y cicatrices, como tantos otros que cruzamos fronteras buscando un lugar donde ser. Y fue aquí, en medio de una tierra que también lucha por su propia dignidad, donde encontré un espacio para narrar nuestra historia en primera persona. No como espectador, sino como parte viva de una comunidad que se resiste al olvido.
Pero esta columna no se trata de mí. Se trata de quienes, muchas veces en silencio y sin reconocimiento, hacen posible que esta plataforma exista. Quienes traducen el dolor en denuncia, la invisibilidad en presencia, la rabia en reflexión. Quienes escriben cuando otros callan. Quienes no buscan aplausos, pero sí justicia.

Apoyar a Pride Society Magazine no es un favor. Es un acto de conciencia. Es reconocer que la libertad de expresión no se limita al derecho de hablar, sino también al derecho de ser escuchados. Es entender que los derechos conquistados no se mantienen solos. Se defienden. Se escriben. Se sostienen con tinta, con ideas, con valentía.
Esta revista es la única de su tipo en Puerto Rico. Y en vez de preguntarnos por qué existe, deberíamos preguntarnos cómo es posible que no existan más como esta.
¿Dónde estaríamos sin ella? ¿Quién narraría la vida cultural de una comunidad constantemente censurada o caricaturizada por otros medios? ¿Quién levantaría la voz cuando los derechos de nuestras personas trans están siendo criminalizados? ¿Quién sería testigo del presente si no hay quien lo escriba?
No estamos hablando solo de un proyecto editorial. Hablamos de una misión ética, social y humana. Pride Society Magazine es un diario de lucha y de ternura. Una bitácora de comunidad. Un lugar donde lo que importa no es a quién amas, sino cómo honras tu historia.
En un país que muchas veces prefiere olvidar, esta publicación insiste en recordar. Recordar a quienes ya no están. Recordar lo que nos ha costado. Recordar que cada derecho es una herencia de resistencia colectiva.
No permitamos que nos borren. No permitamos que nos digan que exageramos. No permitamos que el miedo nos haga ceder terreno.
Y si algo puedes hacer hoy, que sea esto:
Donde veas una publicación de Pride Society Magazine, no la pases de largo. Detente. Léela.
Porque quizá en esa historia que estás a punto de leer, descubras la tuya.
Quizá en esas palabras se refleje tu vida, tu lucha, tus amores o tus heridas.
Y si no es tu historia, será la de alguien que la necesita.
Compártela. Hazla volar.
Porque al compartir una historia, estás compartiendo una voz.
Y al compartir una voz, te conviertes también en parte de la resistencia.
Porque donde no hay voz, que haya eco.
Y que ese eco no se apague.
