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Este 1 de diciembre, Puerto Rico tiene la oportunidad de mirar su realidad sin tapujos: necesitamos educación sexual integral, acceso equitativo a servicios de salud, campañas públicas consistentes y un compromiso real para detener el estigma
SAN JUAN, Puerto Rico
Redacción PSM
Cada 1 de diciembre el mundo detiene su rutina para mirar de frente una realidad que, aunque muchos crean superada, sigue entre nosotros: el VIH no es parte del pasado. En Puerto Rico, donde convivimos con profundas desigualdades sociales y un sistema de salud frágil, la lucha contra el sida requiere más atención, más educación y, sobre todo, más voluntad colectiva.
Hoy, más de cuatro décadas después del inicio de la epidemia, seguimos enfrentando los mismos obstáculos de siempre: estigma, desinformación y miedo. Mientras existen medicamentos que permiten a las personas vivir con VIH de forma plena y segura, todavía hay quienes cargan con el peso del prejuicio. Ese estigma continúa alejando a muchos jóvenes de las pruebas tempranas, frenando conversaciones necesarias dentro de las familias y bloqueando esfuerzos de prevención en las comunidades más vulnerables.
En la Isla, organizaciones de base —desde clínicas comunitarias hasta colectivos LGBTQ+— sostienen gran parte del trabajo que el Estado no termina de asumir. Son quienes orientan, acompañan, distribuyen pruebas, educan y sostienen campañas de prevención que deberían ser permanentes. Sin ellas, estaríamos peor. Pero la responsabilidad no puede seguir recayendo solo en quienes llevan décadas luchando a pulmón.
El Día Mundial de la Lucha contra el Sida no es un recordatorio de tragedias pasadas. Es un llamado urgente al presente. La ciencia ha avanzado, pero la conciencia social no al mismo ritmo. Hablar de VIH ya no debería causar incomodidad. Hacerse la prueba no debería sentirse como un acto de valentía. Y vivir con VIH no debería ser sinónimo de vergüenza.
Este 1 de diciembre, Puerto Rico tiene la oportunidad de mirar su realidad sin tapujos: necesitamos educación sexual integral, acceso equitativo a servicios de salud, campañas públicas consistentes y un compromiso real para detener el estigma. La lucha contra el sida continúa, y no se gana con silencio.
Se gana con información. Con empatía. Con acción. Con responsabilidad compartida.

