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El rechazo hacia personas LGBTQ+ continúa alejando a generaciones jóvenes del cristianismo tradicional
WASHINGTON, DC
Servicios Combinados
La relación entre la fe y la identidad LGBTQ+ continúa fracturándose dentro de muchas iglesias cristianas en Estados Unidos, provocando que cada vez más creyentes queer abandonen sus congregaciones o transformen completamente su manera de vivir la espiritualidad. Lo que para generaciones anteriores funcionó como refugio emocional y comunitario, hoy se ha convertido para muchas personas LGBTQ+ en un espacio de rechazo, culpa y contradicción.
Estudios recientes reflejan un cambio profundo: casi dos terceras partes de las personas LGBTQ+ criadas dentro del cristianismo han abandonado la Iglesia. La cifra expone no solo un distanciamiento religioso, sino también una crisis emocional para creyentes que crecieron intentando reconciliar su orientación sexual o identidad de género con doctrinas que continúan rechazando abiertamente sus vidas.
Aunque existen denominaciones más inclusivas —como algunas congregaciones metodistas, presbiterianas, episcopales y unitarias universalistas— la postura dominante dentro del cristianismo estadounidense continúa siendo restrictiva hacia las personas LGBTQ+, particularmente hacia quienes viven abiertamente su sexualidad.
En muchos espacios religiosos, la dinámica funciona bajo una especie de “no preguntes, no digas”. Las iglesias toleran silenciosamente la presencia de creyentes queer mientras mantienen discursos oficiales que condenan las relaciones entre personas del mismo sexo o promueven el celibato obligatorio para personas LGBTQ+.
Para muchas personas, esa contradicción termina siendo insostenible.
Ese fue el caso de Monty Bennett, quien relató en The Atlantic cómo comenzó a cuestionar profundamente su fe mientras estudiaba en una universidad bautista del sur de Estados Unidos. Durante una clase, un estudiante preguntó si el hecho de que algunas personas pudieran nacer gay debía provocar una respuesta más compasiva por parte de la Iglesia.
La respuesta del profesor marcó a Bennett profundamente.
“Aunque exista un componente biológico, eso no cambia mi postura”, respondió el profesor, comparando la homosexualidad con un “cáncer del alma”.
Bennett explicó posteriormente que dentro de su entorno religioso nunca existió espacio para abrazar simultáneamente la fe y la sexualidad. Eventualmente abandonó esas comunidades religiosas y encontró aceptación en una congregación presbiteriana afirmativa LGBTQ+.
“Las iglesias que abrazan a las personas LGBTQ+ como miembros amados de la comunidad están motivadas por el amor cristiano hacia Dios y hacia el prójimo”, expresó Bennett.
Datos del Williams Institute de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) muestran que el fenómeno no es aislado. Investigadores señalan que existe un verdadero “éxodo religioso” entre personas queer, particularmente entre generaciones jóvenes.
“El problema es que las religiones hacen un pésimo trabajo afirmando a las personas LGBTQ+”, expresó Tyler Lefevor, profesor asociado de psicología en Utah State University, citado por The 19th.
El cambio también coincide con una transformación generacional más amplia dentro de Estados Unidos. Actualmente, alrededor del 63% de la población se identifica como cristiana, mientras cerca del 29% se describe como atea, agnóstica o sin afiliación religiosa específica.
Las cifras son todavía más pronunciadas entre jóvenes de 18 a 24 años, quienes muestran menos interés en identificarse con el cristianismo institucional, asistir regularmente a servicios religiosos o mantener prácticas religiosas tradicionales.
Al mismo tiempo, las generaciones más jóvenes son también las más abiertas hacia las identidades LGBTQ+, creando un choque cada vez más evidente entre diversidad sexual y estructuras religiosas conservadoras.
Para Karmen Michael Smith, un hombre negro gay criado dentro de la tradición bautista del sur, mudarse a Nueva York representó una ruptura definitiva con la visión religiosa que había conocido en Texas.
“La iglesia históricamente había sido para las personas negras el único lugar donde podíamos ser nosotros mismos”, explicó Smith a The 19th. “Pero ya no era así para mí.”
Smith eventualmente abandonó la Iglesia Bautista del Sur y se convirtió en ministro cristiano no denominacional.
“Aprendí que si Dios no hubiera querido que yo fuera así, no sería gay”, afirmó. “Tuve que salir de la Iglesia para aprender eso.”
Más allá de la pérdida de feligreses, el fenómeno revela algo más profundo: miles de personas LGBTQ+ no necesariamente están abandonando la espiritualidad, sino alejándose de espacios religiosos donde sienten que deben escoger entre su fe y su humanidad.
🌈 Fe, rechazo y éxodo religioso
• Casi dos terceras partes de personas LGBTQ+ criadas cristianas han abandonado la Iglesia
• Las generaciones jóvenes son cada vez menos religiosas y más afirmativas hacia personas queer
• Iglesias inclusivas como congregaciones presbiterianas y episcopales han visto crecimiento entre creyentes LGBTQ+
• Muchas personas LGBTQ+ afirman haber encontrado aceptación espiritual fuera de las iglesias conservadoras
• Expertos describen el fenómeno como un “éxodo religioso” impulsado por la homofobia institucional

