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El izado de la bandera inclusiva marca un antes y después en Río Piedras
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
La noche del ayer marcó un momento histórico para Río Piedras. La Iglesia Evangélica Luterana de la Transfiguración —conocida cariñosamente como Nuestra Casa Para Todos— se convirtió en un verdadero santuario a la diversidad al izar la bandera inclusiva desde lo alto de su campanario. Ese templo, que por décadas ha sido punto de encuentro espiritual para la comunidad, proyectó esta vez un mensaje firme y visible: en este lugar, la fe se vive desde la inclusión, la esperanza y el amor. Desde la avenida Universidad, la bandera ondeando en la noche no solo adornaba la torre, sino que declaraba que la dignidad de todas las personas es parte esencial de la vida de la iglesia.
La actividad comenzó en el interior del templo, donde el Rev. Ignacio Estrada Cepero dirigió la invocación inicial. Junto a él estuvo el Rev. Ángel David Marrero, pastor de la Iglesia Luterana de Bayamón, acompañado por un grupo de estudiantes de décimo grado. Su presencia añadió un peso generacional importante: formar jóvenes que entienden la fe como un camino de dignidad, justicia y acompañamiento real.
Antes de salir al campanario, Estrada conversó sobre el propósito del acto y no dudó en describirlo como un testimonio necesario ante el clima social actual. En sus palabras, este gesto surge “en respuesta a todas las políticas completamente de odio de exclusión, pero principalmente al papel que muchas iglesias están jugando en estos momentos prestándose para desde el evangelio discriminar, excluir y borrar los vestigios de derechos alcanzados por nuestras comunidades”. Añadió que la bandera se colocó en lo alto “para que cualquier persona que pase a través de la avenida Universidad… pueda percatarse que en esta iglesia hay un foco, un faro de esperanza”.



Uno de los momentos más significativos fue la lectura de la Declaración de Fe desde la Diversidad, el Amor y la Esperanza. El documento proclamó con claridad una visión teológica donde Dios no teme los colores, Cristo se sienta con quienes la sociedad aparta, y el Espíritu Santo inspira comunidades que aman sin miedo. Para muchas personas LGBTTIQ+, escuchar ese mensaje desde un púlpito —sin reservas ni ambigüedades— fue profundamente restaurador.
Luego vino la bendición de la bandera. Con agua, oración y una solemnidad sencilla, ministros, estudiantes y feligreses consagraron el símbolo que representaría a la comunidad desde lo más alto del templo. El gesto reafirmó el compromiso pastoral de esta casa de fe: que nadie vuelva a sentir que no tiene un lugar en la iglesia.
Al salir, el izado oficial se convirtió en un acto de comunidad. El campanario iluminado en rojo —como un faro en la noche— recibió la bandera que se alzó ante un silencio respetuoso. No hubo espectáculo ni protocolo ostentoso; solo un acto de valentía espiritual que transformó la avenida Universidad en un recordatorio visible de que la esperanza también se practica.
Para una comunidad que tantas veces ha sido herida en nombre de la religión, este momento tuvo un peso simbólico enorme. No fue un gesto político, sino pastoral. No fue protesta, sino testimonio. Río Piedras ganó un nuevo faro, y este faro tiene todos los colores.
La iglesia reafirmó su compromiso de seguir trabajando por un espacio en donde nadie sea silenciado, en donde la dignidad no se negocie y en donde el Evangelio se viva desde el amor. Con la bandera elevada en su campanario, el templo se posiciona como un santuario visible para la diversidad en el corazón de Río Piedras. Más que un gesto simbólico, es una declaración pública de su misión pastoral. Y nosotros, desde Pride Society Magazine, estuvimos allí para documentarlo y dar fe de un acto que ya forma parte del paisaje social del barrio.
