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Cuando falló la tecnología quedaron la música, las voces, los intérpretes y un público dispuesto a acompañarlos
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
La función de Los Gavilanes presentada este sábado por Teatro Lírico en colaboración con el Conservatorio de Música de Puerto Rico comenzó con un reto que nadie había contemplado: el teatro estaba sin servicio eléctrico.
La producción operó con planta eléctrica, suficiente para mantener la iluminación general del edificio, pero no para activar el sistema teatral preparado para la función. No hubo luces escénicas ni micrófonos, y el diseño de iluminación de Lynnette Salas no pudo ejecutarse como estaba concebido. La función, sin embargo, siguió adelante.
Y qué bueno que así fue.
La zarzuela de Jacinto Guerrero, con libreto de José Ramos Martín, llegó al Teatro Bertita y Guillermo L. Martínez del Conservatorio en una versión en un acto de Carlos Carbonell, también productor del montaje. La adaptación reduce buena parte del diálogo original y utiliza a Clariván y al Sargento Triquet como comentaristas de la acción, permitiendo avanzar con agilidad hacia los grandes números musicales.
El resultado fue una versión compacta de aproximadamente una hora y veinte minutos que conservó intacto el corazón musical de la obra.
Martín Alicea asumió a Juan el Indiano con una presencia escénica firme y una voz que llenó la sala aun sin amplificación. Sara García, como Adriana, aportó madurez y sensibilidad al conflicto sentimental. Una de las gratas sorpresas de la noche estuvo en la pareja joven: Patricia Vásquez como Rosaura y Christian García como Gustavo, ambos con voces de gran belleza y potencia. García tuvo uno de sus momentos de mayor lucimiento en la romanza “Flor roja”, mientras Vásquez aportó frescura y energía a Rosaura.
Miguel Marrero como el Sargento Triquet y Jaime Figueroa como Clariván aportaron el necesario componente cómico, con una dinámica ágil y efectiva que encontró buena respuesta del público. Completaron el elenco Jo-Anne Herrero, Elizabeth Rodríguez, Kymari Fernández y Ricardo Sepúlveda.
El coro, dirigido por Jo-Anne Herrero e integrado por 15 voces, fue otro elemento destacado de la producción. Con voces sólidas y notable presencia, funcionó no solo como acompañamiento musical, sino como representación viva del pueblo. En números como “Guarda, Indiano, tu riqueza”, entre otros, su fuerza colectiva llamó particularmente la atención y reafirmó la importancia que tiene el conjunto coral dentro de la obra.










La dirección musical estuvo a cargo del maestro Pedro Juan Jiménez, quien acompañó la representación al piano. La ausencia de micrófonos terminó teniendo un efecto inesperado: permitió apreciar directamente la capacidad vocal de los intérpretes y la acústica de la sala. No hubo tecnología entre las voces y el público.
Gilberto Valenzuela, responsable de la dirección y el diseño, aprovechó con inteligencia las posibilidades del espacio y sus distintas entradas y salidas. Sin escenografía tradicional, el montaje descansó especialmente en el movimiento de los intérpretes y en el vestuario de Vilma Martínez y el maquillaje de Ivette Colón, ambos muy bien logrados.
Tras un intermedio llegó el Fin de Fiesta, concebido como celebración de la sexta colaboración entre Teatro Lírico y el Conservatorio de Música de Puerto Rico. Siete números permitieron revisitar producciones anteriores como El dúo de la Africana, El barbero de Sevilla, Los claveles, La corte de Faraón, La Revoltosa y La del manojo de rosas.
Participaron Hilda Ramos, Carlos Ortiz y varios integrantes del elenco de Los Gavilanes. La sucesión de números convirtió la segunda parte en una celebración de la trayectoria compartida por artistas, compañía y Conservatorio.
Antes del último número, la producción rindió homenaje a Hilda Ramos por su continuo trabajo con Teatro Lírico. El reconocimiento adquirió especial significado después de verla participar en varios de los números de la noche y añadió una dimensión emotiva a una celebración que ya era, esencialmente, un encuentro entre compañeros de escenario.
El cierre con “Hace tiempo que vengo al taller”, de La del manojo de rosas, reunió a buena parte de los artistas en una verdadera fiesta de voces.
Quienes quieran vivir la experiencia tienen una última oportunidad. Teatro Lírico presenta hoy domingo, a las 4:00 p. m., la segunda y última función de Los Gavilanes, seguida por el Fin de Fiesta, en el Teatro Bertita y Guillermo L. Martínez del Conservatorio de Música de Puerto Rico.
Cuando falló la tecnología quedaron la música, las voces, los intérpretes y un público dispuesto a acompañarlos.
Faltó electricidad. Energía, en cambio, hubo de sobra.
