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La combinación de Magda y Fredo, en un mismo escenario y en un mismo cuerpo, creó un espectáculo muy personal que mezcló humor, nostalgia, familia y celebración
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Magda llegó al Coca-Cola Music Hall como solo ella sabe hacerlo: desde el estacionamiento, con cámara en vivo, caminando por todo el vestíbulo hasta entrar por la parte de atrás del local, saludando, improvisando y provocando carcajadas antes de siquiera pisar la tarima. Al llegar al escenario, hizo un “cotejo” teatral de música, luces, vestuarios, bailarines y, por último, del público, que la recibió con una ovación. La artista agradeció la asistencia y, en un impulso muy de ella, bajó nuevamente a la sala para abrazar a la gente de las primeras filas, creando un ambiente cercano y festivo desde el primer minuto.
El público fue un capítulo aparte: un grupo tan diverso que incluía jóvenes hasta abuelitas con bastón, todos reunidos en un espectáculo claramente dirigido a adultos por su vocabulario y contenido sugestivo. Esa mezcla generacional añadió un encanto especial a la noche. La producción estuvo a cargo de Raymond Gerena para Casa Productora, con un diseño de escenografía, luces y regiduría de Israel Franco Müller que sostuvo bien el ritmo del espectáculo, y coreografías de Carlos Hernández, que movieron a un cuerpo de baile de diez con energía constante.
Magda comenzó hablando de sus amores y fracasos, y ahí llegaron los primeros invitados. José “Gongo” Morales entró con una serpiente que puso en el cuello de Magda, quien gritó, vaciló y terminó convirtiendo el momento en uno de los más jocosos de la noche. Luego apareció un hombre de baja estatura, que también fue presentado como un antiguo pretendiente. Entre bromas, Magda insistía en que nada de aquello había funcionado y que por eso seguía sola, siempre mezclando realidad con exageración. Toda esa risa espontánea se sostenía en parte por la honestidad del show: cualquier error técnico, entrada adelantada o detalle fuera de lugar era expuesto en voz alta, y esa transparencia se convirtió en comedia.










Uno de los segmentos más elaborados del espectáculo fue el concurso de “Miss Yunivels”. Magda confesó que siempre quiso ser Miss Puerto Rico y, como este era su show, lo iba a cumplir. Quince participantes desfilaron por países, presentaciones individuales, trajes de baño, gala y hasta ronda final de preguntas, todo animado por Danilo Beauchamp como maestro de ceremonia. Hubo quejas de una de las concursantes, acusaciones de fraude y comentarios sarcásticos que elevaron las risas del público. Finalmente, Magda ganó la corona en medio de un cierre lleno de brillo y bailes, y fue justo ahí, rodeada de todas las participantes, que ocurrió la transformación: Magda se despojó de todo y apareció Fredo, recibiendo un estallido de aplausos y vítores que sacudió la sala.
La entrada de Fredo marcó un cambio de tono. El segmento comenzó con una reflexión grabada, proyectada en pantalla, en el que hablaba de sus logros, de su familia de sangre y de su familia escogida. Luego pasó a un stand-up que recorrió las historias de su abuela —incluyendo las palabras que le prohibía decir— y las grabaciones telefónicas con su madre, para después ir tocando a otros familiares y situaciones que ha vivido como hombre gay. Entre risas también celebró que este show era un logro personal por llenar la sala a capacidad, y se mofó de otros artistas que no lo han logrado, siempre con la picardía que lo caracteriza. En uno de los momentos más comentados, aprovechó su reciente expulsión del reality culinario “Super Chef”. Al ver entre el público al presentador del programa, Luis Ponce, lo llamó al escenario y lo obligó, entre risas, a proclamarlo “ganador oficial”, desquitándose frente a miles de personas.
Para cerrar, Fredo quiso cumplir su propio sueño: ser cantante. Entró con coristas, bailarines y una producción que imitaba un mini concierto. Cantó varias canciones, algunas modificando las letras, y aunque desafinó en casi todo —algo que él mismo usó como remate cómico— el público lo acompañó, lo coreó y disfrutó cada exageración. Al final, agradeció la presencia de todos y los bailarines e invitados regresaron para despedir la noche entre aplausos.
El show fue largo, pero también cálido, cercano y lleno de ocurrencias que el público agradeció. La combinación de Magda y Fredo, en un mismo escenario y en un mismo cuerpo, creó un espectáculo muy personal que mezcló humor, nostalgia, familia y celebración con una energía que conecta con gente de todas las edades. Fue una noche especial, ruidosa y alegre, que confirma por qué este personaje —y su intérprete— ocupan un lugar tan querido en la escena local.
