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La moda del reguetonero es parte de una genealogía política queer que incomoda a los de siempre
SAN JUAN, Puerto Rico
Redacción PSM | Servicios Combinados
El anuncio de Bad Bunny como artista principal del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026 desató de inmediato reacciones encontradas. Mientras millones celebraban que el intérprete más influyente del reguetón subiera al escenario más visto del mundo, sectores conservadores —en Puerto Rico y Estados Unidos— intentaron desacreditarlo, señalando que no canta en inglés y recordando sus presentaciones en drag. Pero lo que esos críticos llaman provocación, en realidad es un gesto político y cultural: un acto de resistencia que conecta con una larga tradición de performers puertorriqueños que han utilizado el cuerpo, la moda y el travestismo como protesta.
De Vega Baja al escenario global
Benito Antonio Martínez Ocasio, criado en un barrio de clase trabajadora en Vega Baja, ha construido su carrera rompiendo esquemas de género y desafiando las normas de la industria. Su estilo combina colores vibrantes, piezas de guardarropa tradicionalmente “femeninas”, accesorios llamativos y un discurso claro en defensa de la diversidad sexual y de género.
Lejos de ser caprichos estéticos, cinco de sus apariciones más comentadas se inscriben en la historia de la moda como activismo.

Moda como activismo
En febrero de 2020, en el programa The Tonight Show, Bad Bunny vistió un blazer rosa con falda negra y reveló una camiseta con el mensaje: “Mataron a Alexa, no a un hombre con falda”. El gesto, dedicado a Alexa Negrón Luciano —mujer trans sin hogar asesinada en Puerto Rico y malgenerizada por la Policía—, convirtió la música en denuncia pública.
“Yo perreo sola”: un manifiesto visual
Un mes más tarde, en el video de Yo perreo sola, apareció en minivestido rojo de cuero, peluca impecable y curvas resaltadas, encarnando a una mujer que reclama el derecho a bailar sola sin acoso. En otra escena, encarna a una figura femenina tropical, con flores y colores brillantes, ampliando el discurso visual de la autonomía corporal.

De la pasarela a la portada
En 2022, su sesión para Jacquemus en Miami lo mostró en tacones y vestido rosa junto a la piscina. Ese mismo año, en la portada de Harper’s Bazaar, posó con falda blanca y botas de trabajo, declarando: “No lo hago para llamar la atención ni para ser más famoso. Simplemente sé quién soy”. Con esa honestidad, marcó distancia del marketing y reafirmó su autenticidad.
Elegancia floral en la Met Gala
En mayo de 2023, impactó en la alfombra del Met Gala con un traje blanco abierto en la espalda, como si fuera un vestido de gala, acompañado de una estela de flores blancas de 20 pies. Una entrada teatral que lo consolidó como ícono de la moda sin género.

Una tradición de protesta queer en Puerto Rico
El gesto de Bad Bunny no ocurre en el vacío. Puerto Rico cuenta con décadas de performers que, desde los años sesenta, han usado el drag para desafiar el poder, la moral conservadora y el colonialismo cultural estadounidense. Desde figuras como Lady Cataria, que fusionó la bomba con la realeza drag, hasta íconos globales como Sylvia Rivera —pionera en Stonewall y de raíces puertorriqueñas—, la resistencia queer de la Isla ha sido inseparable de su historia política.
En tiempos recientes, artistas puertorriqueñas como Nina Flowers, Yara Sofía, Vanjie Mateo y Cynthia Lee Fontaine han llevado la representación boricua a RuPaul’s Drag Race, mientras en San Juan los clubes queer han mantenido viva la tradición escénica y política.
La teoría de lo transloca
El académico Lawrence La Fountain-Stokes acuñó el término transloca para describir la manera en que las artistas drag y trans puertorriqueñas trascienden la influencia colonial de Estados Unidos mientras construyen espacios propios. Lo transloca es simultáneamente entretenimiento, autoexpresión y resistencia.
En su libro Translocas: The Politics of Puerto Rican Drag and Trans Performance (2020), explica que el cuerpo es un terreno de lucha política, estética y cultural. Cita al crítico Gilberto Blasini: “El cuerpo se convierte en el principal terreno textual para la exploración de la política, la subjetividad, la nacionalidad y la sexualidad”.
Contra la violencia y la censura
Mientras sectores políticos en la Isla intentan censurar el drag bajo la etiqueta de “obsceno” y continúan los actos de violencia anti-LGBTQ+, Bad Bunny y sus contemporáneos desafían desde el escenario. Sus elecciones de vestuario, sus mensajes directos y su alianza con la comunidad queer convierten su fama global en un escudo y un altavoz.
Un mensaje más allá del espectáculo
El estilo de Bad Bunny no es simple espectáculo ni estrategia de mercadeo: es una intervención política. En un país donde la violencia de género y la homofobia siguen marcando titulares, un artista cisgénero, heterosexual y de alcance planetario que se atreve a vestirse en drag y a denunciar crímenes de odio envía un mensaje poderoso: la moda también es protesta, y el cuerpo, un manifiesto.

