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La pieza teatral mantiene su intención, aunque no siempre su fluidez
CAGUAS, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
El Centro de Bellas Artes de Caguas fue el escenario del estreno de Presas liberadas, producción de Teatro de Impacto Nefesh, escrita por Marieli Durán y dirigida por Juan Carlos Morales. Presentada en tres funciones, la última de ellas ante una asistencia significativa, la obra propone una historia que transita entre el drama carcelario y un mensaje de corte espiritual, desarrollándose dentro de una prisión en donde conviven mujeres marcadas por sus pasados y por las circunstancias que las llevaron a ese espacio.
La llegada de una nueva confinada, con una visión distinta de la vida, altera la dinámica establecida entre las internas. A partir de ese encuentro, la obra construye un recorrido en el que se exponen tensiones, enfrentamientos y procesos individuales que apuntan hacia una posible transformación. El texto se desarrolla a través de múltiples escenas que permiten conocer las historias de cada personaje y sus motivaciones. Sin embargo, mientras esta exposición inicial se trabaja con mayor detenimiento, algunas resoluciones se presentan con rapidez, lo que genera un ritmo por momentos irregular.
En el plano actoral, la producción encuentra uno de sus mayores aciertos. Marieli Durán y Sully Díaz sostienen con firmeza el peso dramático de la pieza, logrando momentos de intensidad y conexión que marcan su desarrollo. A su alrededor, el elenco, que incluye a Yasmín Mejías, Anoushka Medina y Kiara Santana, construye un conjunto que aporta variedad y dinamismo. Annie García destaca por su capacidad vocal, brindando instantes de gran sensibilidad que conectan directamente con el público. Asimismo, Lixamarí Pedraza, desde un registro más ligero, funciona como un respiro dentro de la carga emocional, equilibrando la energía en momentos clave.
Entre el resto del elenco, destacan Solimar Torregrosa, Carlos Calderón y Jaime Colón, quienes aportan solidez al desarrollo de la historia. En particular, Carlos Calderón, en su rol de guardia, construye un personaje convincente que logra provocar una reacción inmediata del público, evidenciada en la respuesta que generó al finalizar la función.

En el plano técnico, la propuesta escénica utiliza estructuras tipo andamio que aportan funcionalidad y coherencia visual al espacio. El vestuario y el maquillaje responden adecuadamente al entorno, reforzando la credibilidad de los personajes. Tanto la dirección como la regiduría enfrentan retos en la fluidez de la puesta, evidentes en transiciones que en ocasiones resultan abruptas o tajantes, afectando la continuidad entre escenas. La iluminación, por su parte, deja en varios momentos los rostros en sombra, provocando que predominen las siluetas sobre las expresiones y limitando su aporte a la atmósfera.
Presas liberadas se presenta como una propuesta de mensaje claro y directo, que no oculta su intención de impactar al espectador. Desde su inicio, la obra establece su enfoque, generando una conexión significativa con quienes se identifiquen con su contenido. La obra mantiene el interés gracias al compromiso de su elenco y a la forma en que se presentan las historias, logrando un resultado que, en conjunto, se percibe efectivo.
La pieza deja sobre escena una mirada al encierro, no solo desde lo físico, sino también desde lo emocional, apostando a la posibilidad de cambio como eje final de su propuesta.
