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Informe comunitario revela que la pobreza, la dependencia de importaciones y la falta de políticas públicas efectivas ponen en riesgo la alimentación de miles de familias
SAN JUAN, Puerto Rico
Redacción PSM
La inseguridad alimentaria en Puerto Rico ya no puede ser ignorada. Así lo advierte el informe Alimentación y Dignidad, elaborado por Taller Salud, que recoge datos y testimonios de residentes de Loíza, Salinas y San Germán. El estudio documenta cómo miles de familias enfrentan hambre, dietas pobres en nutrientes y enfermedades relacionadas con la mala alimentación, en medio de un sistema alimentario frágil y dependiente de importaciones.
“Sí existe el hambre en Puerto Rico. También hay personas que se cohíben de decir su necesidad”, relató un participante en una de las sesiones comunitarias.
El rostro de la inseguridad alimentaria
Los hallazgos son contundentes:
- El 63% de los encuestados depende del Programa de Asistencia Nutricional (PAN).
- El 50% de las familias consume solo dos comidas completas al día y un 15% apenas una.
- El 32% reporta falta de dinero o transporte como principales obstáculos para acceder a alimentos.
- El 47% padece dos o más condiciones de salud crónicas vinculadas a la alimentación, como hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares.
En palabras de una residente de Loíza: “Es una pena acostarse sin comer y sin desayunar. Me ha pasado a mí y le ha pasado a otras personas, pero tenemos que seguir adelante”.

Pobreza y desigualdad: una bomba de tiempo
El informe destaca que en los tres municipios evaluados, casi la mitad de la población vive bajo los niveles de pobreza:
- San Germán: 51.9% (incluyendo un 67% de la niñez).
- Salinas: 48%, con un 65% de mujeres jefas de hogar en situación de pobreza.
- Loíza: 44.8%, con 45% de adultos mayores y 57.4% de hogares dependiendo del PAN.
Esta precariedad se combina con la falta de supermercados y mercados accesibles, lo que obliga a muchas familias a viajar a otros municipios para comprar alimentos o a recurrir a colmados con productos caros y de baja calidad.
“Aquí hay gente cosechando, pero como no tienen transporte para vender sus productos, terminan regalándolos o se dañan. Eso es desigualdad”, denunció un residente de Salinas.
Emergencias, apagones y el cambio climático agravan el hambre
El cambio climático y la inestabilidad energética aumentan la vulnerabilidad de las comunidades. Solo en 2024, el paso de la tormenta Ernesto provocó pérdidas agrícolas de $23.5 millones, principalmente en plátanos, café y hortalizas.
A esto se suman los apagones recurrentes que dañan los alimentos almacenados en neveras y disparan los costos de vida. “Los apagones de luz son una emergencia. Los alimentos se dañan”, alertó una participante en Salinas.
Testimonios que estremecen
Las voces recogidas en el informe retratan la crudeza del problema:
- Madre soltera en Salinas: “Tengo tres trabajos y tengo que escoger si pagar la comida o la luz”.
- Persona no vidente en Salinas: “Necesitamos mucha ayuda y no hay”.
- Residente de San Germán: “Nuestra dieta está llena de productos procesados que nos enferman”.

Propuestas desde las comunidades
Lejos de quedarse en la denuncia, los participantes plantearon soluciones concretas:
- Establecer comedores comunitarios en escuelas e iglesias.
- Promover huertos comunitarios y caseros como vía de autosuficiencia.
- Reducir la dependencia de importaciones con inversión en agricultura local.
- Redistribuir el desperdicio de alimentos hacia comunidades vulnerables.
- Crear un plan estratégico de seguridad alimentaria con enfoque de género y justicia climática.
Un llamado a la acción
El informe subraya que la inseguridad alimentaria no es un asunto de caridad, sino de derechos humanos. Exige al Estado garantizar acceso equitativo a alimentos nutritivos mediante:
- Encuestas y datos actualizados sobre inseguridad alimentaria.
- Inversión en producción local y sostenible.
- Planes de emergencia alimentaria que contemplen a las comunidades más vulnerables.
- Control de precios para mitigar la inflación.
- Fortalecimiento de liderazgos comunitarios de mujeres.
La inseguridad alimentaria en Puerto Rico es real, estructural y creciente. Sin voluntad política, inversión en la agricultura local y políticas públicas efectivas, miles de familias seguirán atrapadas en el ciclo del hambre y la pobreza.
Como resumió un participante en Salinas: “No hay que inventarse más cosas, sino hacer que las que tenemos funcionen”.
| Indicador | Loíza | Salinas | San Germán |
| Población bajo nivel de pobreza | 44.8% | 48% | 51.9% |
| Mujeres bajo nivel de pobreza | 61.5% | 64.6% | 61.9% |
| Niñez bajo nivel de pobreza | 62.8% | 66.2% | 67% |
| Adultos mayores en pobreza | 45.4% | 42.3% | 44.8% |
| Hogares que dependen del PAN | 57.4% | 53.9% | 53.8% |
| Familias que comen solo 2 veces al día | 50.6% | – | – |
| Familias que comen solo 1 vez al día | 14.9% | – | – |
| Principales barreras | Falta de transporte y de supermercados | Precios altos, falta de distribución | Distancia a mercados, pobreza extrema |
| Condiciones de salud más reportadas | Hipertensión (48%), diabetes (24%), artritis (14%) | Igual | Igual |

