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“Hedwig and the Angry Inch” ofrece una de las propuestas más audaces y memorables del True Colors Fest
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
La segunda semana del sexto True Colors Fest elevó la energía del evento con Hedwig and the Angry Inch, el primer musical presentado en la historia del festival. La producción transformó la Sala Experimental del Centro de Bellas Artes de Santurce en un íntimo club de rock en donde el público dejó de ser un simple espectador para convertirse en parte de la experiencia. Con una duración de poco más de hora y media, sin intermedio, mantiene un ritmo tan dinámico que el tiempo transcurre casi sin que el espectador lo perciba.
Escrita por John Cameron Mitchell, con música y letras de Stephen Trask, Hedwig and the Angry Inch tuvo su estreno Off-Broadway el 14 de febrero de 1998 en el Jane Street Theatre de Nueva York y, desde entonces, se ha consolidado como una de las obras más reconocidas del teatro musical contemporáneo. La historia sigue a Hedwig, una cantante de rock nacida en Berlín Oriental que comparte, con humor, dolor y absoluta honestidad, los acontecimientos que marcaron su vida. Amor, traición, identidad y la búsqueda de sentirse completo se entrelazan en una propuesta que fusiona teatro y concierto para dar vida a un relato profundamente humano y emocional.
La dirección, traducción, adaptación, diseño de iluminación y producción de Miguel Rosa López consiguen una puesta ágil, cercana y visualmente atractiva. La escenografía y ambientación de Isabella Rebollo aprovechan cada rincón del espacio, mientras el vestuario diseñado por el propio Rosa López, junto al maquillaje y peinados de Yan Carlos Díaz y Alejandra Reyes, logran definir la personalidad de cada personaje. La dirección vocal de Michelle Brava también merece reconocimiento por el sólido desempeño musical del elenco.
Yan Carlos Díaz ofrece una interpretación extraordinaria como Hedwig. No solo domina el escenario durante toda la función, sino que canta completamente en vivo, interactúa constantemente con el público y transita con naturalidad entre la comedia, el sarcasmo y los momentos de mayor vulnerabilidad. Es una actuación física y vocalmente exigente que sostiene el espectáculo de principio a fin.








Alejandra Reyes, como Yitzhak, aporta el equilibrio perfecto. Su presencia escénica, precisión interpretativa y excelente trabajo vocal complementan a Hedwig en una relación compleja que evoluciona durante toda la historia.
La música en vivo es otro de los grandes aciertos de la producción. Bajo la dirección musical y guitarra de Juan Carlos Rodríguez, la banda acompaña la acción con gran energía. Ricardo André Lugoi, en la batería, y Gustavo Rosa, en el piano, no se limitan a interpretar la música, sino que también participan dentro de la puesta en escena, enriqueciendo el espectáculo y reforzando la sensación de estar presenciando un auténtico concierto de rock.
La regiduría de Jynelly Rosario mantiene el complejo engranaje de la producción en constante movimiento, permitiendo que la función fluya con naturalidad de principio a fin. En cuanto al diseño de sonido, a cargo de Juan Carlos Rodríguez y Bryant Ramos, hubo momentos en los que la intensidad de la banda sobrepasó las voces de los intérpretes, una situación que ocasionalmente ocurre en producciones de rock en vivo, pero que con un ligero ajuste favorecería la comprensión de algunos diálogos y letras.
Si tuviera que señalar un detalle que considero innecesario, sería el breve momento en que se enciende un cigarrillo real sobre el escenario. Aunque dura apenas unos segundos, entiendo que el efecto pudo lograrse de otra manera sin necesidad de utilizar fuego real, especialmente cuando el resto de la producción demuestra tanta creatividad para resolver cada elemento escénico.
Más allá de su propuesta estética, Hedwig and the Angry Inch habla sobre identidad, aceptación y la necesidad humana de encontrar un lugar en el mundo. Lo hace sin moralizar ni ofrecer respuestas fáciles, permitiendo que cada espectador establezca su propia conexión con la historia.
Al finalizar la función, la impresión era evidente. El público abandonó la sala sonriendo, comentando escenas, canciones y momentos favoritos, una reacción que refleja la conexión lograda por la producción. Hedwig and the Angry Inch representa una apuesta diferente dentro de la programación del True Colors Fest y demuestra que el teatro musical también tiene un espacio dentro del festival. La producción continúa en cartelera con funciones hoy viernes y mañana sábado a las 8:30 p.m. y el domingo a las 4:00 p.m. en la Sala Experimental del Centro de Bellas Artes de Santurce.
