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“Recital Realengo para Saltamontes” juega con la memoria, el humor y la fragilidad humana desde lo experimental
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Solo, iluminado en medio de la oscuridad y acompañado por un piano convertido en pieza central de la escena, Eduardo Alegría transforma el Teatro Victoria Espinosa en un espacio de memoria, humor, música y confesión personal. “Recital Realengo para Saltamontes”, presentado este fin de semana como parte del 63er Festival de Teatro Puertorriqueño del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), funciona menos como una obra tradicional y más como una experiencia escénica en la que cada imagen, sonido y silencio tiene un propósito.
Alegría, artista residente del ICP este año, presenta aquí el proyecto desarrollado durante esa residencia artística en este unipersonal dividido en siete escenas que se desarrollan de forma continua, sin intermedio y sin romper nunca la atmósfera que construye desde el inicio. La sala estuvo a casa llena durante la función de estreno y la producción utilizó únicamente un lado para el público, creando una experiencia mucho más íntima y cercana.
A lo largo de la pieza, Alegría mezcla música en vivo, composiciones grabadas por él mismo, performance, monólogo, humor y recuerdos personales en un recorrido donde también aparecen reflexiones sobre Santurce, la familia y la memoria. Hay escenas claramente teatrales y otras mucho más abstractas o simbólicas, pero todas mantienen una lógica emocional que termina conectando unas con otras. La propuesta exige atención constante del público, aunque nunca se siente distante ni fría gracias al carisma escénico del artista.
Uno de los mayores aciertos del montaje es precisamente la capacidad de Eduardo Alegría para transformarse continuamente sobre escena. Con cambios mínimos de vestuario, movimientos corporales, expresiones faciales y variaciones en energía y tono, el actor logra construir distintas presencias escénicas que pueden ir desde lo cómico y absurdo hasta momentos profundamente íntimos. Alegría domina muy bien el ritmo del público; sabe exactamente cuándo provocar la risa, cuándo guardar silencio y cuándo dejar que la emoción tome el control.




Luego de la primera escena, ciertos sonidos cotidianos probablemente no vuelvan a escucharse igual. La producción juega constantemente con esa idea de transformar lo ordinario en algo inesperado, convirtiendo objetos, sonidos y recuerdos en parte esencial de la experiencia escénica.
El público se mantuvo completamente atento durante la función, reaccionando constantemente al humor, las transformaciones escénicas y varios de los momentos más íntimos de la pieza, e incluso hubo lágrimas entre algunos asistentes. En distintos momentos, Alegría rompe la cuarta pared y conversa directamente con la audiencia, reforzando todavía más el carácter cercano e íntimo de la propuesta.
La iluminación de Juan Fernando Morales aporta muchísimo a la atmósfera del espectáculo, construyendo imágenes visualmente impactantes que en algunos momentos parecen pinturas teatrales. También merece reconocimiento el trabajo técnico de sonido de Nicolás Linares, así como la regiduría, que permitió transiciones limpias y precisas durante toda la función, sin baches ni interrupciones. La propuesta visual se completa con la escenografía y vestuario de Uziel Orlandi Alegría, quienes ayudan a reforzar el carácter ritual, experimental y emocional de la pieza.
Más allá de intentar explicar cada escena, “Recital Realengo para Saltamontes” funciona mejor cuando se vive desde la experiencia. Eduardo Alegría apuesta aquí por una creación muy personal donde música, humor, memoria y performance conviven constantemente para construir una mirada profundamente humana sobre su historia.
“Recital Realengo para Saltamontes” continúa en el Teatro Victoria Espinosa de Santurce con función hoy domingo a las 6:00 p.m. Los boletos están disponibles a través de Boletera.net.
